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UNA VIDA DESDE IMÁGENES GRÁFICAS

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Paula Estrella Vizcaíno, con 71 años de edad, cuenta su pasado al hojear un álbum que considera su “cuaderno de los recuerdos”.

Texto y foto:
DARIANNA REINOSO RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Suena el teléfono de la recepción de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

-¿Sí? ¡Buenos días! –, contesta Paula, cumpliendo con su deber.

-Un momento, por favor–, dice luego y marca la extensión para comunicar con Secretaría Docente.

Se acercan unos estudiantes preguntando por la compañera del almacén, mientras yo esperaba para saber del horario de la biblioteca. Interrumpe, otra vez, el timbre del teléfono, pide permiso en la conversación y lo atiende.

Me percato, entonces, de unas fotografías que, colocadas muy discretas, se encontraban encima del buró. Descubro, en una de ellas, a Paula, más joven y con uniforme militar, al lado de Nicolás Guillén, y en otra vestida de novia junto a un mulato, en la que se evidencia la alegría de dos personas enamoradas.

“Para mostrarle a un compañero de trabajo mi trayectoria a lo largo de siete décadas, traje estas imágenes que conservo con cariño”, explica porque no le gusta hablar de sí misma y pocas personas en la Facultad conocen sobre su pasado.

La cita para conocer de su vida fue en su casa, ubicada en el municipio Centro Habana y con el pasillo interior ornamentado de plantas. Allí, tuve el privilegio de hojear su historia, detenida en un álbum.

En el cuartico de estudio, inundado también de fotografías de la familia, cerca del piano y con un vaso lleno de agua, “para refrescar la voz afectada por los años de magisterio”, nos sentamos a conversar.

“Nací en Placetas, antiguamente perteneciente a la provincia de Las Villas, en el año 1940, en una casa grande, pero humilde. Mi mamá, Zoila, era despalilladora en una tabaquería y mi papá, Maximino, tenía una fábrica de zapatos”.

Cuenta que su padre compartía las ideas comunistas de la época, por lo que su hogar fue escenario de reuniones a las que asistieron Lázaro Peña, Jesús Menéndez y Blas Roca Calderío.

“Mi mamá siempre quiso que me preparara para la vida y me apoyó en los estudios. Concluí la secundaria básica y aprendí a tocar el piano en ese poblado”.

Cuando Pabi, como cariñosamente la nombraba su papá, cumplió 17 primaveras, la familia se trasladó hacia La Habana y ocupó la casa actual que, al principio, fue alquilada en nombre de una amiga de su madre porque los negros no tenían ese derecho.

Una vez en la capital, motivada por su dominio de los acordes musicales, pretendió matricular en la escuela Kindergarten, pero la directora del centro dijo que “era muy oscura para estar allí”. Paula tampoco olvidó las palabras de su madre: “Mejor que tú, nadie; igual a ti, todos”.

Entonces ingresó en la Escuela Normal para Maestros José Martí, que estaba en Marianao: “Tuve el privilegio de ser alumna de Juan Marinello. Él nos daba clases de Español. No llevaba libros ni folletos, se sentaba en un butacón con un tabaco en la mano y  nos hablaba tanto de Platero y yo, como de los procesos revolucionarios”.

“Después del triunfo de la Revolución, pude estudiar en el conservatorio municipal de música Amadeo Roldán, por las tardes, desde las 6:00 p.m. hasta las 10:00 p.m., y por la mañana continuaba en la escuela.”

-¿Y qué sucede con sus estudios musicales?

¿No es el uniforme de las FAR el que

lleva puesto en muchas de las fotografías?

Era miembro de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) y fundadora de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), y tenía la tarea de alfabetizar e impartir clases políticas a los soldados que cumplían el Servicio Militar Activo en la Base Aérea de San Antonio de los Baños. Allí se me planteó la incorporación a las FAR como maestra militar y acepté. Eso ocurrió en julio de 1961. Estuve diez años ejerciendo el magisterio. Luego pasé a los talleres centrales de comunicación de la Defensa Aérea y Antiaérea de las FAR (DAAFAR) como oficial responsable de la sección de planificación. A los talleres llegué también como militante del Partido y durante ocho años fui la secretaria general de su núcleo central.

La música, simplemente es parte de mi alma. Al vincularme a las FAR no pude hacer de ella algo más profesional, pero ha estado presente, sobre todo con boleros, en las celebraciones familiares y del trabajo.

-¿Y  por qué acompaña a

Guillén en la instantánea?

Era su cumpleaños 85 y fui seleccionada para homenajearlo. En ese momento de la foto, estaba recitando el poema Tengo,  es mi preferido y aproveché la ocasión para escucharlo en su voz. Fue emocionante.

-Y el mulato de esta imagen,

¿cuándo aparece en su vida?

Martín y yo nos conocimos en el círculo de amigos integrado por estudiantes de la Normal y de Arte y Oficios. Tenía unos ojos negros muy bonitos y expresivos. Tuvimos una relación de cuatro años. Le compuse una canción en el piano que titulé Te vi. Decidimos contraer matrimonio y en diciembre de 1961 nos casamos.

Paula ostenta varias medallas: Servicio Distinguido y Servicio Activo en las FAR, así como la de los aniversarios 20, 30 y 40 que otorgó la institución. Pero asegura llevar en el pecho el mayor de los reconocimientos que le ha otorgado la vida: su familia.

Su hija nació en 1963 y más tarde el varón, entonces el cuidado de los pequeños y las responsabilidades en el hogar con las del trabajo, confiesa haberlas podido llevar gracias al apoyo del esposo y la familia.

En 1988 su padre estaba muy enfermo, faltaban dos meses para el  nacimiento de su nieta y Paula, con 28 años de servicio, decidió jubilarse. Entonces se dedicó a cuidar de su “viejo” y pudo sentirse realizada como madre, abuela y esposa. Y lo demuestran las páginas que completan su “cuaderno de los recuerdos” en las que no se olvidan muchos de los momentos especiales de la familia.

Paula hizo florecer la música, pero esta vez, en su nieta. Se convirtió en su instructora principal y, asegura que “desde los tres años la niña ya se sentaba en el  piano”. Fue presidenta del Consejo de Padres de las escuelas Adolfo Guzmán, Manuel Saumell y Amadeo Roldán cuando la joven transitó los niveles primario, medio y medio superior. De la pequeña, actual profesora de la ENA, dice sentirse orgullosa.

-¿Qué es para usted la vida?

Confraternidad, solidaridad.

-¿De qué color la ve?

Azul, porque es muy alegre y representa al amor, y a la vida hay que mirarla de ese modo.

Paula no reconoce la edad que tiene. “Son 71 solo por el carné de identidad”, aclara. Cada día viste sencilla, pero clásica y elegante para mantener la juventud y la alegría. “Me gusta arreglarme, tener el pelo bonito. Mi nieta me examina antes de salir”, dice porque quiere verse siempre reluciente y viva como las plantas que ella cuida.

-Si volviera a nacer…

El silencio profundo fue breve. Quitó los espejuelos ante el desbordamiento en sus ojos. La voz se  volvió tenue, pero entera.

“Llevo tres años trabajando en la Facultad de Comunicación y me siento más feliz que en toda mi vida laboral. Esta ha sido una oportunidad para hacer realidad, todavía, uno de mis sueños… Quise ser periodista… Puedo ver cómo es que llegan, con timidez, y cómo se desarrollan; me veo reflejada, me siento una más entre ustedes.”

Pie de foto: Paula Estrella Vizcaíno asegura que “son 71 solo por el carné de identidad”.

Ficha técnica:

Objetivo central: Dar a conocer la trayectoria de vida de la entrevistada.
Objetivos colaterales: Reflejar sus vivencias.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De retrato, de personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: De peripecia.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de conclusión: De resumen.
Tipo de fuentes: No documentales, directas.

31/01/2013 21:17 islalsur #. Entre colegas


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