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POR LA LUZ QUE DA LA VIDA

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De los 472 niños nacidos de madres seropositivas en Cuba hasta la fecha, solamente 39 han adquirido el VIH.

AMANDA RODRÍGUEZ CABRERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuba es el país de América Latina con menor índice de niños infectados con VIH/SIDA. De los 472 infantes nacidos de madres seropositivas en la Isla hasta la fecha, únicamente 39 han adquirido el virus, y de ellos, entre el 2010 y el 2011 solo tres pequeños nacieron con esa enfermedad.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), cerca de 54 000 niños menores de 15 años han nacido con VIH/SIDA en la región, fundamentalmente por el desconocimiento existente entre las mujeres sobre los procedimientos para evitar transmitir el virus a sus hijos, el alto costo de los tratamientos antirretrovirales y de las cesáreas, y la negativa de muchos embarazadas a realizarse la prueba del VIH.

“En nuestro país se da un seguimiento muy riguroso a las embarazadas, en la consulta de captación se les manda un paquete de análisis donde se incluye la prueba del VIH. Si el resultado da positivo, el médico de la familia la remite para nuestro centro o para el Hospital Gineco-Obstétrico Docente Eusebio Hernández Pérez (Maternidad Obrera), donde también se encuentra una oficina especializada para la atención de las gestantes con el virus; una vez aquí, se les da su primera consulta de consejería”, explicó Héctor Mengana, ginecobstetra del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK)

Laura* es seropositiva y madre de dos niñas, una de cuatro años y otra de cinco meses. "Cuando salí embarazada de mi primera hija no sabía que había adquirido el VIH. Gracias a las pruebas que se le realizan a las gestantes para conocer si tienen el virus o alguna infección de transmisión sexual me enteré que estaba contagiada, así pude evitar que mi bebé naciera con esta enfermedad”, comenta.

Cuando una mujer infectada decide salir embarazada se le realizan los mismos exámenes que a las gestantes que no lo poseen, y se le suman pruebas funcionales hepáticas y renales, lipidograma (conteo de proteínas), serología por citomegalovirus, conteo de CD4 (análisis de las células) y carga viral, aseguró Mengana.

El especialista explicó también la importancia de evaluar desde la primera consulta la etapa de la enfermedad,  presencia de algún virus oportunista como el catarro y la neumonía y el tratamiento antirretroviral anterior.
    
Según la doctora Ida González Núñez, especialista en Pediatría del IPK, para evitar el contagio del virus al niño, las mujeres embarazadas son sometidas a una triterapia con antirretrovirales (ARV) desde las 14 semanas de gestación; entre ellos se encuentran la lamivudina (3TC), la didanosina (DDI), la emtricitabine (FTC), la abacavir (D4T), la ritonavir (RTV), y la más importante, la zidovudina (AZT).

A las gestantes con el virus se les realiza el parto por cesárea para evitar el contagio del bebé con el canal de nacimiento. Quince días después se le efectúa al pequeño la prueba de Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) para determinar si fue contagiado o no y hacerle, en dependencia de los resultados, un rápido diagnóstico, aseguró la pediatra.

“Tengo 34 años y  mi hijo nació cuando cumplí 27, a partir de las 14 semanas de embarazo me empezaron a dar AZT para evitar que el virus alojado en mi placenta lo infectara. Cuando estaba a punto de cumplir las 40 semanas, me hicieron la cesárea. Me dieron un pomo chiquito de jarabe (zidovudina) para que mi bebé lo tomara durante 24 días cada seis horas, con el propósito de eliminar en su organismo mis anticuerpos. Ese proceso duró un año y algunos meses, y finalmente  mi pequeño fue declarado negativo al virus”, cuenta Marisol* diagnosticada de VIH y madre de un niño de 13 años.

Según el doctor Mengana, el primer paso para la prevención del VIH/SIDA en los recién nacidos lo constituyen las consultas preconcesionales a parejas seropositivas con deseo reproductivo, a quienes se les explica los factores relacionados con la transmisión materno fetal, los efectos adversos de drogas sobre la madre y el feto, la importancia de adherirse al tratamiento, la consejería sobre el  momento para el embarazo y las medidas a aplicar después de este.

Decidimos tener nuestro hijo cuando nos casamos, al principio teníamos un poco de miedo porque no sabíamos si podía nacer infectado, pero asistimos a varias conferencias y consultas en las cuales los médicos nos informaron sobre todo lo que debíamos hacer para impedirlo. Debíamos seguir con los tratamientos, evitar el parto por vía vertical, no amamantar al bebé y alimentarlo con comida rica en vitaminas, para así sustituir a la leche materna, afirmaron Yaimé* y Humberto*, pareja seropositiva con un niño de seis meses y medio.

El principal objetivo de las consultas preconcesionales es convencer a la mujer de que no prosiga con el embarazo por los riesgos que conlleva para el recién nacido, pues a pesar de las medidas profilácticas para que este no se contagie, nunca se puede evitar al ciento por ciento; no obstante, respetamos los criterios de los pacientes, nuestro deber es apoyarlos con la decisión que tomen, aseguró el ginecobstetra Héctor Mengana, del IPK.

Yamilé* tiene el VIH y es madre de una niña de tres meses y medio. A pesar de conocer las dificultades que esto podría traerle a su pequeña decidió dar ese gran paso: “Cuando asistí a las cursos, los médicos me aconsejaron que no tuviera al bebé, era arriesgado, pero como sabía que la mayor posibilidad era que naciese sano, me decidí a cumplir mi mayor sueño, ser mama".

En 1987 nació el primer niño con VIH en el país, y desde que en 1997 se aplican los tratamientos antirretrovirales, estos infantes tienen un tiempo indeterminado. Antes solo vivían de tres a cinco años, actualmente tengo una paciente que nació infectada y es una joven de  24 años, explicó la doctora Ida González.

Según la especialista, los ARV se le ofrecen a las embarazadas de forma gratuita, estos se producen en el país, a diferencia de la AZT en jarabe que se le da a los niños recién nacidos, que a pesar de no significar ningún costo para las pacientes, para el país supone mucho dinero, pues es importada.

Katherine* es seropositiva y madre de un niño de ocho meses, confiesa que "gracias a estos medicamentos disminuyó enormemente el riesgo de que mi bebé contrajera el VIH, pero lo que más agradezco es que me hayan permitido acceder a ellos de forma gratuita, de otra manera hubiera sido imposible".

“Hasta el momento, la atención del embarazo y el parto en gestantes seropositivas se encuentra centralizada por provincias, y el centro del país lo constituye el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí. Sin embargo, en el quehacer diario, los médicos generales integrales y los especialistas en ginecología y obstetricia pueden brindar atención médica a las mujeres infectadas por el VIH y sus hijos", explica Deisi Rodríguez, enfermera del área de pediatría del IPK.

Desde que nació mi hijo, ha recibido una minuciosa atención y cuidado por parte de los médicos, no solamente en el IPK sino también en Maternidad Obrera. Cada vez que tiene un síntoma de alguna  enfermedad, la doctora del consultorio me lo atiende y lo visita semanalmente. La trabajadora social de la zona también se preocupa por su cuidado y alimentación y lo va a ver todos los meses. De veras que se han portado muy bien conmigo, afirma Lili*, madre de un niño de siete meses.

"La transmisión de la infección por el VIH de madre a hijo ocurre en el 65 por ciento de los casos en el trabajo de parto, por lo que es una prioridad para el IPK seguir con los estudios para eliminar el contagio por vía vertical. Existe una colaboración conjunta con países como Estados Unidos y Japón, que cuentan con la tecnología requerida para las investigaciones. A pesar de que no se tiene la seguridad absoluta de poder en un futuro erradicar este problema, varios son los avances adquiridos por el centro en la rama", aseguró la doctora Ida González.

*Los nombres fueron cambiados respetando la privacidad de las fuentes.

 



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