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LA DEPENDENCIA DEL OLVIDO

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HELDER GENARO PEÑALOZA GALVIS,
estudiante de quinto semestre de Comunicación Social,
Universidad Cooperativa de Colombia, Sede Bogotá.

Muchas veces los seres humanos se cuestionan, o alguna vez en sus vidas se han preguntado si son indispensables para otras personas, si tienen a alguien vital, imprescindible. Pero, la mayoría de los casos las respuestas, situaciones y vivencias responden a un “no” rotundo.

¿Por qué? Porque se vive una independencia muy grande, una autosuficiencia donde sólo importa el individuo, el yo, el mío. Aunque se debe reconocer que estos pensamientos varían de acuerdo a la edad, la madurez, el criterio. Si se mira cada etapa de la vida se puede analizar en qué nivel de dependencia se está de acuerdo con los diversos períodos de la existencia.

Primero: un bebé, un niño, necesitan completamente de sus padres y de su familia. Sin ellos, su proceso de crecimiento y aprendizaje sería deprimente. Además, en todos los aspectos que rodean su vida están ligados directamente con otros.
El adolescente ha adquirido algún nivel de pensamiento, necesita de sus padres, sigue conductas de sus amigos, se rodea de nuevas personas, está en desarrollo físico, mental, etc.

El joven logra adquirir cierto grado de madurez e independencia. Pero, muchas veces requiere de ayuda, ya sea de su familia, amigos, conocidos. Cualquier persona que le colabore en el desarrollo de su proyecto de vida.

Una de las etapas finales de la vida, el ser adulto. Es aquí donde supuestamente se logra libertad, autodeterminación e individualización en todos los aspectos. Pero, en cierta medida, requiriendo de alguien en su trabajo, su hogar, su entorno.

Finalmente, los años dorados, la vejez, es el último ciclo de vida. Es aquí donde en mayor proporción se necesita de otros para subsistir. Sin embargo, hay adultos mayores que son totalmente independientes. O, mejor dicho, tienen cierto grado de autosuficiencia. Por lo general, esta etapa está caracterizada por necesitar la ayuda de otro.

Es así como se puede ver reflejada la dependencia, la necesidad de relacionarse con otro, ya sea para una actividad, obligación, deseo, ayuda, en fin, innumerables funciones que son de carácter netamente humano.

Para ejemplificar lo anteriormente dicho, existe un libro que refleja todas estas etapas y la necesidad de estar en relación con otro, de depender de alguien para determinada labor o tarea, el sometimiento que indirectamente las personas tienen hacia otras, la satisfacción de convivir con un individuo. Esta obra es El Olvido que Seremos.

Contado en primera persona, el libro aborda una diversidad de temas que van desde la historia costumbrista, el desarrollo de la ciencia, la independencia femenina, el patriarcado, los modos de vida impuesto por una religión católica muy estricta, la violencia marcada, un gobierno de derecha, gran grupo de limitaciones para las personas, en un extenso listado de aspectos importantes que ha vivido la tierra y el pueblo colombiano en el desarrollo de su tradición y memoria.

Entonces, el autor, Héctor Abad Faciolince,  escribe una obra que se puede calificar como un libro de historia, un libro de vida. Un compendio de grandes anécdotas, vivencias y relatos que evocan una época. Tal vez por las características de éste, la frase “todo tiempo pasado fue mejor” no se cumple en su totalidad.

Lo que más se refleja en este original escrito es el amor, la dependencia, la idolatría y la adhesión que tenía por su padre. Por tal razón, el texto literario es un homenaje a aquel hombre de pensamiento diferente, adelantado a su época, de un liderazgo inmenso, de  un carácter fuerte, único.  Abad lo afirma en una parte de la obra:

“Creo que el único motivo por el que he sido capaz de seguir escribiendo todos estos años, y de entregar mis escritos a la imprenta, es por qué sé que mi papá hubiera gozado más que nadie al leer todas estas páginas mías que no alcanzó a leer. Que no leerá nunca. Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito lo he escrito para alguien que no puede leerme, y este mismo libro no es otra cosa que la carta a una sombra”.

En suma, El Olvido que Seremos refleja el compromiso del escritor con su pasado, con su familia, con su crecimiento personal, intelectual, profesional, con su ciudad, su entorno.

Es por eso que debido a la magnífica obra de este escritor antioqueño, se vuelve importante dar una mirada objetiva, crítica y puntual sobre cada uno de los capítulos del libro para profundizar mucho más sobre un símbolo para los colombianos, un reflejo de vida de los años 90´, una visión existencial de personajes propios de la época, un vistazo a la vida de un niño, un adolescente, un joven, un adulto, un hombre, el único hombre de los Abad Faciolince.

Cada capítulo lleva consigo un gran contenido emocional, histórico y real. En cada uno de los párrafos de este relato, más que una vivencia, lo que se quiere lograr es causar una sensación en el lector. Que éste quede atrapado totalmente por las diferentes circunstancias contadas por el escritor.

Una historia que puede significar el comienzo de otras. Una serie de relatos que generan expectativa, sentimientos, emociones, interés y, en cierta medida, logran que el espectador se identifique de una u otra forma con los personajes, las anécdotas, los sucesos, incluso, que se sienta parte de la obra.

Es un libro lleno de realismo, de verdad, de sensibilidad. Un libro que más que una vida, muestra la dependencia por aquellos seres que viven, que ya no están, que alguna vez vinieron o que nunca volverán. El Olvido que Seremos, la memoria de hoy, el abandono de mañana, el recuerdo de siempre. Una gran mirada, una gran propuesta que hace que todo el que lo lea quiera escribir, quiera contar sobre alguien, sobre nadie, o simplemente sobre una sombra.

 



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