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SUEÑO CON DORMIR

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ALLISON MORENO PABÓN,
estudiante de quinto semestre de Comunicación Social,
Universidad Cooperativa de Colombia, Sede Bogotá.

Hace varias noches no logro conciliar el sueño, trato de no pensar lo que retumba en mi mente una y otra vez. En días anteriores, los especialistas me entregaron unas hojas que decían: “El acudiente sabe todas las complicaciones que pueden pasar en la intervención y  libra al hospital de cualquier responsabilidad”.

¿Acaso es fácil que una madre firme este documento? Sencillo o no,  es un requisito que se debe cumplir para seguir con los trámites de la cirugía que se le  practicará a mi hija.

Todo comenzó cuando ella nació, era una pequeña hermosa y como todas las mamás no dejaba de decir lo orgullosa y feliz que me sentía de tenerla en mi vida, y es que en nueve meses esperé que estuviera a mi lado, imaginando cómo era y amándola antes de conocerla físicamente; es increíble la conexión que se siente entre mamá e hija, que no se comprende hasta que se es madre.

Nadie se imaginaba el gran peligro al que mi pequeña  se encuentra expuesta, tiene las glándulas adenoides grandes y cada vez crecen más impidiendo así la respiración. Los médicos le realizaron varios tratamientos para evitar lo que va a pasar, como última opción estaba la cirugía ya que siempre se corre algún tipo de riesgo.

Y es que digo que a ninguna persona se le ocurría, porque ella siempre presentaba síntomas de gripa, cuando la llevaba por urgencias, los doctores solo le recetaban acetaminofén, como solución a su supuesto virus, esto fue así durante dos años, no había día que Sophia no estuviera congestionada.

Al ver el constante malestar, los médicos descubrieron el problema y tras una serie de exámenes decidieron intervenir. La cirugía consiste en extirpar las glándulas y de esta manera se curarán las molestias que aquejan a Sophia. Después de todo el procedimiento, aseguran los especialistas que el gran éxito de toda operación es la recuperación.

Espero con grandes ansias,  el primero de noviembre es el día en que está programada la cirugía de mi bebé, me siento como en un conteo regresivo cada vez que veo el calendario. Tal vez no podré dormir, hasta que esté segura que mi niña se encuentre sana y salva.

La familia solo espera y anhela que todo salga bien, se aferra a Dios y se pone en cadena de oración: “Que sea un cirugía para mejorar su salud, y no le traiga ningún tipo de complicaciones”, exclama cada miembro.

Cuando paso mis noches en vela, veo dormir a mi Sophia y contemplo lo bella que es. Le cuido el sueño, me hago preguntas que me mortifican, pero  inevitables: ¿Por qué los niños son los que tienen que sufrir, ellos sin ningún tipo de maldad son los que deben soportar tantos males, habiendo personas que hacen el mal y no se ve ningún tipo castigo para ellos? ¿Por qué a mi hija, qué tan malo he hecho, para que ella sufra?

Preguntas que quizá no tengan contestaciones, aunque quisiera que las tuvieras. Tratando de conseguir respuesta acudí a una iglesia católica. El Padre me dijo que era una enseñanza de Dios, algo provechoso le traería a mi vida. Me molesté, para mí el que un hijo esté enfermo no puede ser una enseñanza y aclaro, soy creyente, pero el serlo no quiere decir que esté de acuerdo con todo lo que se explica de la Biblia.

Solo espero porque todo pase y Sophia quede bien. Solo entonces mi sueño vendrá tranquilo.



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