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EL DRAMA DE SER NIÑO TRABAJADOR

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El término trabajo infantil suele delimitarse como el que priva a los menores de edad a su infancia, expuestos a una serie de riesgos para su integridad física y moral.

DIANA CAROLINA MORA ORTEGA,
estudiante de sexto semestre de Comunicación Social,
Universidad Cooperativa de Colombia, sede Bogotá.

Colombia es un país que no escapa a la realidad de los niños trabajadores. A diario nos acostumbramos a observarlos desarrollando actividades que los privan de tener una infancia adecuada y en la que no se  respetan sus derechos, establecidos por la ley, pero que se ven vulnerados. Derechos tan básicos como ser encaminados en una vida escolar que les permita evolucionar en sus vidas y disfrutar de la lúdica y el juego.

Según una publicación de Caracol Radio en su portal web, en abril del 2012, “uno de cada diez niños en Colombia trabaja y menos de la mitad recibe ingresos”. Datos del DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística) y de organizaciones sociales, “muestran que más de un millón 700 mil niños trabaja en Colombia y un gran porcentaje empieza desde los cinco años. Los informes muestran que casi el 60% de los niños y niñas trabajan más de 14 horas, que es el rango permitido para los menores. El 11% trabaja más que el límite establecido para los adultos”.

Una de las causas que conducen al trabajo infantil sin duda alguna son los problemas económicos, pero no es precisamente esta la razón suficiente para que no se respeten sus derechos, existen muchas posibilidades para que estudien y se superen. Un gran número  de  niños alternan sus estudios con el trabajo, pero su rendimiento académico luego de una jornada laboral como la que tienen no indica un buen desempeño en el colegio, razón por la cual muchos de estos pequeños deciden dejar de lado la escuela y dedicarse de lleno al trabajo.

La mayoría de las veces las labores que realizan son trabajos peligrosos, encontrándose en contradicción con los derechos básicos de la infancia, en el que se exponen a diferentes tipos de abusos, como lo son la falta de descanso, el tiempo para jugar, el deterioro físico, la falta de escolaridad, entre muchos otros. Trabajos que no permiten al menor el disfrute de la recreación, además, en la  edad  que tienen no se cuenta con criterios para tomar decisiones, por lo tanto, siempre se van a sentir obligados por los adultos, y en no pocas ocasiones son los mismos padres quienes exijan trabajar a los menores.     

Muchos niños y niñas se dedican a trabajar porque la educación no es percibida ni por ellos ni por sus padres como base fundamental en el desarrollo de sus vidas; a las familias les resulta inadmisible solventar los gastos que representan enviar los hijos al colegio.

Martha*, es un claro ejemplo de un trabajo obligado, porque para sus padres el estudio es una “perdedera de tiempo”. Desde sus cinco años la madre la llevaba en brazos para vender por las calles de la capital frutas, nunca ha tenido la posibilidad de asistir a un aula de clases, a diario el semáforo de la avenida Boyacá con Tercera en el que labora es el testigo de las ilusiones que lleva dentro, esas que día a día anhela poder cumplir y dejar atrás las largas y arduas tareas que viene haciendo desde hace 11 largos años. 

Un escenario deprimente, de ambiente desgarrador, de imágenes en la que solo aparecen rostros infantiles que vienen y van desde la madrugada, cuerpecitos titilando del frío, esperando  iniciar su jornada laboral. Es quizás el lugar en donde se ven más pequeños  trabajando, la plaza de mercado Corabastos, que abre sus puertas desde muy temprano, para ser exactos, a las cuatro de la mañana. Los niños ofrecen sus servicios para cargar y descargar mercancía de los camiones con los que surten los puestos de ventas, vigilan los puestos, cuidan los carros y ayudan a cargar las compras de los clientes, etc., oficios que les significa ingresos de dinero diario.

Miguel* tiene tan solo 12 años y habla con timidez, las manos le sudan, como por temor a enfrentar su propia realidad; solo deja escapar sonrisas y  pocas palabras a las preguntas que se le hacen. Desde las cinco de la mañana llega a la plaza de mercado con el ánimo de poder recolectar unas monedas para llevar a su casa y que sus dos hermanitos de 5 y 6 años puedan comer algo.

Como muchos, Miguel anhela poder volver al colegio y terminar el bachillerato, es asombroso como brillan sus ojos al preguntarle sobre sus proyectos de vida, esos que no pierde la esperanza de poder cumplir, no solo para su beneficio sino para el de sus hermanos que mantiene desde hace mucho tiempo. Al preguntar por sus padres lagrimean los ojos y sostiene con voz melancólica que nunca ha tenido padres. 

En un espacio como la plaza de mercado se vive un mundo de adultos, consecuencias como el abuso en el consumo de sustancias como el alcohol, cigarrillo, lenguaje poco apropiado, mal funcionamiento interpersonal, conductas asociales, etc. Actos que tienen consecuencias graves para esta etapa de vida donde la maduración y desarrollo mental de los niños están en adquisición de experiencias y habilidades.    

Según afirma la psicóloga Angélica Yurley Ortega, de la Universidad UNAD,  los niños que desde muy temprana edad  trabajan suelen presentar altos niveles de depresión, baja autoestima, altos problemas para socializar con los demás, sumado a esto los problemas de salud que implican desempeñarse en algunas actividades como, por ejemplo, las labores que se realizan en las minas, los  cultivos y plazas de mercado son de alto riesgo para su desarrollo físico, porque requieren de un esfuerzo grande de los pequeños.  

El trabajo infantil seguirá permaneciendo y creciendo porque no se realizan las debidas acciones por parte de padres, adultos, autoridades y el Estado. Debe lograrse erradicar. La principal falencia es que el trabajo infantil no ha sido  priorizado en la sociedad, apuntan no pocos documentos.    

El futuro del mundo está en los niños, por esta razón es que todos estamos llamados a cambiar la realidad de inequidad que vive el país hoy en día. Por tal motivo, es importante conocer la protección que tienen los pequeños y cuáles son las entidades que velan por el cumplimiento de sus derechos.

En el país existe un sinnúmero de entidades dedicadas a defender los derechos del niño, lo que  hace falta es indagar y conocer más acerca de cada una para poder  ayudar a los pequeños a cambiar el estilo de sus vidas. 

En el Barrio Patio Bonito de la ciudad se encuentra el Club Amigo, entidad que se dedica a ofrecer a los niños otras alternativas diferentes al trabajo, proponiendo cambiar las terribles jornadas laborales por tareas, libros, recreación, etc. Es una fundación muy cercana a la plaza de mercado y precisamente por estar tan cerca muchos de sus alumnos son trabajadores o fueron trabajadores de Corabastos. No todos los niños han dejado su labor, pero la alternan para de algún modo disfrutar y compartir de las actividades maravillosas que encuentran en la fundación.

Andrés*, cuando empezó a trabajar a los nueve años, lo hizo porque desde pequeño vio a su hermana vendiendo en la plaza de mercado envueltos de maíz. Como él lo dice, “era fácil y la venta le representaba platica”. Su mamá, cabeza de familia y con cuatro hijos, en las noches preparaba los envueltos para que él saliera en la madrugada a buscar un buen sitio y comenzar la venta: “A pesar de la dura tarea no dejé la escuela, estudiaba en las tardes, y en las noches hacía tareas y ayudaba a mi mamá a preparar los envueltos del otro día, el rendimiento escolar empezó a decaer, pero no me importaba.

“Cómo nada en la vida es fácil, me enfermé, problemas respiratorios, quizás por el frio que hacía en las mañanas. Mi tía Mercedes tomó la decisión de llevarnos a mis hermanos y a mí al ICBF (Instituto Colombiano del Bienestar Familiar), ella decía que mi madre no podía más con nosotros. Nos citaron y desde ese momento formo parte de los beneficios que ofrece la institución. Mi mamá se quedó con mi hermana mayor, en un principio nos visitaba, pero después se olvidó de nosotros.

“Es triste, pero cambié mi forma de ver las cosas. Sé que toda la vida no voy a estar aquí y tendré que salir y enfrentarme nuevamente al mundo. Espero que mis dos hermanos también puedan salir adelante”.

El ICBF es una identidad implicada en el desarrollo y protección integral de la primera infancia, la niñez, la adolescencia y el bienestar de las familias colombianas, la función es crear esquemas y proyectos para prevenir factores que impliquen riesgo en el desarrollo de los derechos, o la recuperación de los que han sido incumplidos o vulnerados.

Es importante citar el artículo 14 de la Constitución Colombiana, que instaura en sus líneas los derechos de los infantes: “Los niños, niñas, tienen derecho a ser protegidos contra la explotación económica y el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso para su salud física o mental o que impida el acceso a su educación. Estos menores tienen el derecho a una seguridad física y mental y no podrán ser sometidos a tratos crueles e inhumanos”.

Como este artículo existen otros que defienden la importancia de la niñez en el mundo, pero todo queda en el papel, es difícil denunciar, es difícil ayudar, pero es hora de colocarnos la mano en el corazón y respaldar a los futuros hombres y mujeres colombianos.

La educación es un proceso de formación permanente por la que debería pasar todos los niños. Por esta razón, la motivación de trabajar sobre la importancia de la escolaridad, de luchar contra el trabajo infantil, esta situación no es solo asunto del estado. En su mayoría los niños trabajadores son empleados por sus propias familias y más de la mitad no recibe remuneración alguna, por lo que se deduce que es un problema de sociedad.  

Es difícil acabar con el trabajo infantil, pero se está a tiempo de enfocar a esos pequeños en el mundo escolar para que así disminuya, mediante estrategias que permitan una participación más activa de niños dentro del proceso educativo. El hilo conductor para el desarrollo de esta labor son procesos comunicativos que les permitan a las personas que conforman el entorno social de los actores, en este caso los infantes, conocer e informarse de la importancia de una vida escolar activa.

Son muchos los testimonios, son muchas las ganas de superación, pero toca empezar a promover la asistencia de los infantes al colegio. Encaminarlos en el proceso de educación para que de esta manera tengan un cambio social en su desarrollo y el medio en que viven. Y que conozcan cuáles son sus derechos y deberes, minimizando una problemática que cada día se hace más visible en nuestra sociedad.

*Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad.



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