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EL CERVANTES DE LA PRENSA CUBANA

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Elio Enrique Constantín Alfonso, es considerado un paradigma de la eticidad en la profesión.

LUIS ALBERTO AUTIÉ CANTÓN, LUAR LÓPEZ  DE LA OSA, DANIEL CHANIVECKI KOKUIM Y SANDRA MADIEDO RUÍZ,
estudiantes de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Nacido el 4 de febrero de 1919 en Hatuey, Camagüey, no sabría que se convertiría en uno de los hitos del periodismo cubano. Con su estirpe de caballero y su estilo periodístico inconfundible, nos llega desde la historia el sabio del lenguaje: Elio Enrique Constantín Alfonso.

Su trayectoria en el gremio comenzó en 1939 como corrector de pruebas y auxiliar de deportes en el periódico El Pueblo. Laboró antes del triunfo de la Revolución en Carteles, Prensa Libre, Luz, Diario Nacional y luego del primero de enero de 1959, trabajó en el periódico Revolución.

“Se mantuvo por más de 20 años en el periódico Granma. Ahí fue articulista, reportero, jefe de la redacción deportiva y subdirector del diario. Desempeñó el cargo de vicesecretario general de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en 1980 y presidente del Círculo de Periodistas Deportivos”, destacó Octavio Lavastida Martínez, Jefe del Departamento de Corrección del periódico Juventud Rebelde.

Coto Wong, periodista de Prensa Latina, aporta: “Muchos años después de haberlo conocido es que supimos de su colaboración en tareas revolucionarias con el Movimiento 26 de Julio, durante la lucha contra la dictadura de Batista. Tanta era su modestia que evadía en todo lo posible el tema. Tuvo, por ejemplo, una colaboración muy importante en el secuestro en La Habana del automovilista argentino Juan Manuel Fangio. Su pluma reflejó el trabajo abnegado del pueblo cubano y su resistencia frente al Imperio.

Constantín escribía a diario sobre temas diversos. Redactaba con facilidad de palabras, respetaba las reglas de la Gramática y el estilo periodístico. Mencionar todos sus trabajos sería imposible, pues su obra constituye un paradigma tanto para los reporteros establecidos como para los que se encuentran en formación.

A continuación, una relación de sus momentos más destacados:

-Cuando estuvo en Portugal, en los inicios de la Revolución de Los Claveles, escribió acerca del ascenso del general Francisco da Costa Gómez  a la presidencia, luego que Antonio de Spinola renunciara a la misma. En esos tiempos, dejó sus impresiones en el periódico Granma: “Todo parece indicar que Portugal vive hoy algo más que un cambio de nombres y de hombres. Con la salida de Spinola y algunos de sus amigos, en el Consejo de Ministros culmina la política de freno a las aspiraciones populares".

-Fue corresponsal de guerra en Nicaragua, desde donde transmitió informaciones sobre los crímenes cometidos por la contra financiada por Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos en aquel entonces.

-Redactó una crónica acerca de la visita de Diego Armando Maradona a Cuba, quien es considerado como uno de los mejores futbolistas del mundo, titulada “Una estela de simpatía”.

-En el Mundial de Fútbol de Argentina de 1978, visitó la ciudad natal de Ernesto “Che” Guevara de la Serna, donde redactó un artículo  sobre la vida del guerrillero.

-En el año 1980 realizó un trabajo sobre la inauguración de los Juegos Olímpicos de Moscú.

-Entrevistó a Alicia Herrera, autora del libro Pusimos la bomba... ¿y qué?, donde la periodista venezolana pone al descubierto a los culpables de la explosión en pleno vuelo de una aeronave de Cubana de Aviación, en Barbados. Herrera estaba perseguida por la mafia anticubana de Miami en el momento del encuentro, de manera que fue efectuada de forma clandestina.

-Acompañó a Fidel Castro Ruz en uno de sus viajes a Nueva York, lo que significó, en el orden profesional y revolucionario, el mejor premio recibido en su vida. Fue en 1979, cuando Fidel habló en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como Presidente del Movimiento de Países No Alineados.

-En 1985 publicó, junto a Ernesto Vera, el libro El periodismo y la lucha ideológica, a cargo de la editorial Pablo de la Torriente. Ahí analiza la prensa cubana antes del triunfo de la Revolución, en el cual pone de relieve todos los periódicos existentes, el número de tiradas realizadas diariamente. En el 2006 se realizó una nueva edición.

Todas las reseñas anteriores constituyen una compilación entre dos artículos: Elio Constantín, uno de los grandes del periodismo cubano de Juan Marrero, y Estilo, cultura y bondad, de Luis Sexto. 

Juan Varela, periodista de Granma, comentó: “Es para mí el más completo, todo lo hacía bien en el periodismo. Dominaba los géneros periodísticos, y eso no es fácil en nuestra profesión. Si alguien tenía alguna duda siempre era un libro abierto, un manual de consultas. Su pérdida tuvo un gran impacto entre quienes trabajaron junto a él. Muchos grandes y buenos periodistas han pasado entre nosotros, pero no se recuerdan de la manera en que se hace con Elio Constantín”.

Gustavo Ulacia, periodista de Granma, recordó: “Nunca utilizaba la palabra recalca, aconsejaba siempre encontrarle un sinónimo, esa a él no le gustaba”. También evocó su paso por la docencia en la escuela Manuel Márquez Sterling y en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana.

La defensa de la lengua castellana constituyó uno de sus grandes desvelos. Decía que los periodistas estaban entre los primeros obligados a defenderla. Desde que se inició en el periodismo como corrector en la revista Carteles no descansó en luchar con denuedo para que se escribiese bien y que en los periódicos se usase siempre el vocablo o el giro apropiados. 

Magali Constantín, su hija, no recuerda ningún pasaje negativo en la vida de su padre: “Nunca escuché una discusión en la casa con mi madre, Marina, en 50 años de matrimonio. No le gustaba la bebida, ni era buen bailarín, pero tenía una voz enternecedora que enamoraba a cualquier muchacha con tan solo escucharla. Si íbamos a la playa y llegábamos al mediodía, él, por la noche, se iba para el periódico. En muy pocas ocasiones cogía sus vacaciones.

“Me acostumbré tanto a tenerlo a mi lado, que el día que me faltó no sabía a quién pedir consejos. Aún en sus últimos días de vida, hospitalizado, me dictaba su sección Del Lenguaje, la cual mantuvo en la páginas de Granma después de jubilarse en 1987, hasta el día de su fallecimiento a los 76 años de edad”.

A lo largo de su carrera, Constantín obtuvo numerosos premios, los cuales avalan su incuestionable calidad como periodista.

-La Academia de la Lengua en el año 1957 lo reconoció por su gran conocimiento de las reglas de la gramática, ortografía y la sintaxis. Varias personas que lo conocieron deducen que esa cultura tuvo su base en la juventud, en los años que ofició como monaguillo en una iglesia, pues los textos religiosos lo condujeron a leer mucho y a aprender latín.

-Por su gran abnegación al trabajo le otorgaron múltiples reconocimientos como las medallas 28 de Septiembre, Juan Manuel Márquez, Alejo Carpentier, al  Mérito Deportivo, Raúl Gómez García y la Orden Alfredo López.

-El premio más importante de su trayectoria profesional lo alcanzó en el año 1996, cuando le fue conferido el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de toda la vida, un año después de su deceso.

Roger Ricardo Luis, subdirector del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, asegura: “Es una gran injusticia el haberle otorgado el Premio un año después de su muerte porque por su talento se lo merecía en vida”.

“Amante del deporte,  era capaz  lo mismo de realizar un análisis de un partido de fútbol que hacer una noticia de diez líneas sobre cualquier otro deporte. Yo lo vi  llamar en una ocasión a una estación de policía de un pueblo de provincia, para  averiguar un resultado de fútbol”, rememora Alfonso Nacianceno.

Estar en la sala de redacción le agradaba, pero más aún en "el vórtice del huracán", es decir, en los escenarios de los acontecimientos. Fue más que un cronista deportivo. El periodismo para él no se encerraba en una cancha de fútbol o en un parque de pelota, lo era todo. Y, por eso, escribía cada día de temas disímiles, de aquello que lo hiciese vibrar o considerase de utilidad para sus lectores.

Para muchos de sus colegas, si se quería un modelo de hombre bien educado, había que conocer a Elio. Lo describen como un perfecto caballero, extremadamente delicado con sus compañeros de trabajo, incapaz de dejar de saludar con afecto a cualquier persona.  

Uno de los principales aportes de Constantín fue la leída sección Del Lenguaje en las primeras páginas del diario Granma. Este espacio, a nuestro juicio, es mantenido en la actualidad como legado de su quehacer.

Roberto Márquez Madruga, reporterote la emisora Radio Reloj, asegura: “Según Elio, el dominio de las técnicas del lenguaje constituye el abrigo de los correctores. Él insistía en que estas son las herramientas del periodista, lo demás queda por el estilo propio.

El Cervantes de la prensa cubana se le llamó por su facilidad de palabras, personalidad y original forma de redactar.

Bibliografía:

Colectivo de autores (coordinación Iraida Calzadilla Rodríguez): Libro Premios Nacionales de Periodismo “José Martí”. Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana. Curso 2008-2009.

Marrero, Juan: Elio Constantín, uno de los grandes del periodismo cubano.

Sexto, Luis: Estilo, cultura  y  bondad.

Periodistas consultados:

Octavio Lavastida Martínez, jefe del Departamento de Corrección del periódico Juventud Rebelde.

Coto Wong, periodista de Prensa Latina.

Roger Ricardo Luis, subdirector del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

Alfonso Nacianceno,  periodista de Granma.

01/03/2014 09:29 islalsur #. Entre colegas


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