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CONDESA DE MERLIN: ¿OLVIDADA O INTRASCENDENTE?

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En el aniversario 225 del nacimiento de Mercedes de Santa Cruz, la obra de una de las fundadoras de la literatura cubana no es estudiada por quienes cursan la carrera de Letras.

JOSÉ MANUEL PÉREZ GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Corre el año 1814 y el Primer Imperio Francés está agonizando. Una fila interminable de hombres desmoralizados avanza por las escarpadas rocas de los Montes Pirineos. Huyen de España, pues ya no les pertenece, y van a refugiarse en el corazón de su reino a punto de desmoronarse. Marchan a París, a recibir las últimas y desesperadas órdenes del Emperador Napoleón Bonaparte.

En este cortejo destaca una figura bella y delicada, que se tambalea entre las sedas de una silla de mano cargada por los soldados del destronado Rey José. Apartando las cortinillas, se asoma por la ventana e indica a un paje que se acerque:

-Tráigame papel, por favor. No quiero perder ni un detalle.

-Como ordene, señora Condesa de Merlin.

La tierra donde nació nada de similar tenía con el paisaje árido de roca y nieve que hoy se le presentaba. Mucho había vivido María de las Mercedes Beltrán de Santa Cruz y Cárdenas Montalvo antes de llegar a este lugar y aún bastante le quedaba por vivir.

Vio la luz en La Habana, capital de la Isla de Cuba, próspera colonia ultramarina del reino español de Carlos IV, el 5 de febrero de 1789. Su padre, Joaquín de Santa Cruz, Conde de Mopox y Jaruco, y su madre, María Teresa Montalvo, eran los herederos de dos de las familias más antiguas y encumbradas del país.

Marcharon a Europa sus progenitores siendo ella una bebé y la dejaron al cuidado de su bisabuela, la viuda del Conde de Casa Montalvo, Luisa Herrera, con quien vivió hasta que, ya con ocho años, regresó el padre investido con el rimbombante título de Inspector General de las Tropas de la Isla de Cuba.

Hora de madurar

Según ella misma cuenta en el libro autobiográfico Mis doce primeros años, con la bisabuela, a quien llamaba Mamita, gozó de una libertad tal que su carácter estaba bastante deformado por lo que el padre, instigado por la abuela, decidió internarla en el convento de Santa Clara para educarla en la medida de lo posible.

En el libro Condesa de Merlin, Memorias y ficciones de una habanera, Luisa Campuzano, Profesora Titular Emérita de la Facultad de Artes y Letras, asegura que Mercedes hizo todo lo posible por no entrar al convento y que cuando estuvo dentro, decidió buscar la forma de escaparse y lo logró gracias a Sor Inés.

Hay aquí dos pautas medulares en la formación de su carácter, a decir de Carolina Poncet en el Croquis Biográfico de la Condesa de Merlin. La primera, la fuga del convento por una reja sin seguro que la llevó a la iglesia contigua y de allí a la calle, un acto pleno de romanticismo, el adelanto de una vida llena de ajetreos y vericuetos.

La segunda, su amistad con Sor Inés, la reafirmación del odio por la opresión y del amor por la libertad. Tan importante que le merece una novela, Historia de Sor Inés, en la que cuenta la desgarradora vida de esta monja sin vocación, muy similar a La Religiosa de Dennis Diderot, a juicio de Luisa Campuzano.

Después de este suceso y de una estancia en la campiña habanera, partió rumbo a España, el 25 de abril de 1802, y, una vez allá, se encontró con que su pobre educación la hacía ver como una salvaje en el ambiente de refinadísimos modales que se respiraba en la casa materna y en la corte del Rey Carlos IV.

Buscó refugio en la música, descubrió que tenía una voz de oro y poco a poco se insertó en las tertulias de su madre, donde disfrutó la compañía de personajes como el compositor Juan Crisóstomo Arriaga, el dramaturgo Leandro Fernández de Moratín, el poeta Manuel José Quintana o el gran pintor Francisco de Goya, según asegura Andrea Gallo en su trabajo Condesa de Merlin, Viaje a La Habana, de la Revista Internacional de Culturas y Literaturas.

La invasión napoleónica a España en 1808 hizo que la familia cambiara de estandarte y se pusiera al servicio del nuevo Rey José I Bonaparte, quien, obedeciendo a la estrategia de unir a las casas nobles españolas con las francesas, decidió casar a Mercedes con el  General Christophe-Antoine Merlin, Conde de Merlin.

El matrimonio se consumó el 31 de octubre de 1809 y las cartas intercambiadas por la pareja demuestran que fructificó el amor, a pesar de los terribles celos del marido, las continuas misiones fuera de Madrid y de los comentarios de quienes cantaban: La señora condesa/ tiene un tintero/ donde moja la pluma/ José primero.

Así se desarrolló su vida hasta que el fin del Imperio napoleónico fue inminente y el temor se apoderó de ella. Con su hija pequeña en brazos busca otro horizonte más allá de las montañas, en una tierra desconocida para ella, llamada Francia, con una cultura segadora.

Un nuevo comienzo

Al bajar las montañas la mirarán con recelo, ya que a las monarquías de Luis XVIII y su sucesor Carlos X les disgustará la fidelidad de los Merlin al destronado Emperador, por lo que la vida social de la Condesa se reducirá hasta que la Revolución de 1830 no renueve los poderes y lleve al trono al Rey Luis Felipe I.

En ese entonces se dirá que “todo París estaba enamorado de ella”, pues su salón será un hervidero cultural. La Condesa de Bassanville en el libro Los salones del descanso, afirma que “no venía un músico a nosotros sin que se creyera obligado a acudir, en primer lugar, a su casa, a fin de recibir un pasaporte de celebridad”.

José de la Luz y Caballero, Domingo del Monte, José Antonio Saco, tendrán cobijo en su casa, donde confluyen figuras de la talla del compositor Gioachino Rossini o los escritores Alfred de Musset y Honoré de Balzac, a los que agasajará con su voz prodigiosa, la misma que le ganará los aplausos del Rey Luis Felipe I.

En 1831 publicará Mis doce primeros años, novela que posee un marcado carácter ficcional y subjetivo, a la vez que autobiográfico, lo cual es reflejo de la añoranza por su territorio natal, y en 1832 le seguirá Historia de Sor Inés. Según Luisa Campuzano, “estos dos textos son, respectivamente, la primera autobiografía y la primera novela de tema cubano de la literatura nacional”. 

El anciano Merlin morirá en 1839 y este hecho trágico, acompañado de la ruina económica, la motivarán a cumplir su sueño de regresar a Cuba “y si regresó no fue para morir, fue para volver a partir a los muy escasos meses porque en La Habana la venció la extrañeza”, declara Julio Pino Miyar en La condesa de Merlin, Por los lindes de la nación y la Modernidad.

Regresará a Europa y viajará por Alemania donde, con su timbre de soprano, cautivará al Príncipe Augusto de Prusia, al Gran Duque Leopoldo de Baden, a la Princesa Sofía Guillermina de Suecia y Jerónimo Bonaparte, Príncipe de Montfort, a quien dejará prendado.

Como resultado de la visita a Cuba, publicará en 1844 Viaje a La Habana, libro compuesto por epístolas, algo que parece que agradaba a la Merlin y que estaba de moda en la época, donde narra diferentes aspectos políticos, económicos, sociales y culturales de la Isla.

La crítica no será benévola, aunque Gertrudis Gómez de Avellaneda en el prólogo de la primera edición diga: “Las obras de la Condesa de Merlín, si bien las vemos con disgusto destinadas a enriquecer la literatura francesa, son timbres honoríficos para el país que la vio nacer”. Y se pregunta además: “¿Qué se puede pedir al escritor que nos da un libro que después de leído veinte veces todavía se abre sin fastidio?”

Pero en la L’Illustration, de París, el 16 de marzo de 1844, un articulista que firma “Ad. J.” también se preguntará: “¿No habrá abusado de su talento epistolar? ¿Por qué escribió tantas páginas sobre motivos tan variados? ¿Por qué no se contentó con analizar, con su estilo remarcable, las diversas impresiones que recibió, en lugar de tratar tan gran número de cuestiones?”

Después de este fracaso, va a publicar con poco éxito otros textos, pero tendrá que empeñar joyas y caballos para mantenerse y, aún así, dependerá cada vez más de su yerno, Míster Gentien, que le dará cobijo en el castillo de Dissay, donde se dedicará a la lectura y a trabajar en una biografía de Santa Catalina de Siena.

El 31 de marzo del año 1852, diez días después del equinoccio de primavera, el gélido invierno de la Condesa de Merlin llegará a su fin. Después de años de aparente olvido, un soberbio cortejo acompañará su cadáver hasta el cementerio porque la ciudad a orillas del Sena se sentirá en el deber de dar el merecido adiós a “la perla que las Indias regalaron a Francia”. 

Opiniones encontradas

Hoy, igual que hace un siglo, las opiniones con respecto a la Merlin siguen estando encontradas. Posiblemente por eso, su quehacer no figure en los planes de estudio de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Claudia Pérez Martínez, estudiante de este centro, declara que “ella (la Condesa) se menciona, pero el protagonismo, cuando se trata de literatura femenina decimonónica, es de la Avellaneda”.

Para dar una explicación a esto, la Doctora Mariana Fernández Campos, Jefa del Departamento de Estudios Lingüísticos y Literarios de esa Facultad, asegura que “la obra de la Condesa no trascendió en su tiempo y no trascenderá ahora. Es imposible estudiar a todo el que escribió, por el simple hecho de haberlo hecho o de ser el primero, solo lo merecen quienes tienen una obra cuyos valores lo ameriten”.

La Condesa tiene tantos detractores como defensores. La Master Yohana Beatriz Martínez Abreu, profesora del mismo centro, afirma que “la Avellaneda fue más prolífica y se movió por diferentes géneros literarios, pero no se debe desestimar la creación de la Condesa, pues no solo tiene valor documental, sino también artístico. Merece un lugar porque, aunque siempre haya escrito en francés, es una de las fundadoras de nuestra literatura”.

Para la investigadora y Licenciada en Lengua y Literatura Hispana, María del Carmen Muzio, el olvido se debe al carácter a veces excesivamente autobiográfico de sus obras, al trato poco profundo de temas muy diversos y a la escasa incursión en géneros variados, pero asegura que los valores literarios e históricos de la obra son grandes y la convierten en una eficaz herramienta para los historiadores y estudiosos.

Aquella que salió de Cuba siendo niña y conquistó las cortes doradas de Europa, descansa hoy bajo una lápida fría del camposanto parisino de Père-Lachaise, esperando tal vez, atravesar el Atlántico y hacer un último viaje a La Habana para dormir el sueño eterno en la calidez de su tierra porque vivió francesa, pero fue siempre cubana. 

Pie de foto: “La creación de la Condesa no solo tiene valor documental, sino también artístico por lo que sí merece ser estudiada”, asegura Yohana Beatriz Martínez Abreu.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo entrada: Descriptiva.
Tipo de cuerpo: Cronológico.
Tipo de transiciones: Repetición en la oración o párrafo que sigue de una palabra o frase clave utilizada antes.
Tipo de cierre: Instancia a la acción.

Tema: La vida y obra de la Condesa de Merlin.

Situación polémica: La obra de una de las fundadoras de la literatura cubana no es estudiadas por quienes cursan la carrera de Letras.

Objetivos colaterales: Conocer la vida y obra de la Condesa de Merlin. Demostrar el por qué su obra no figura en los planes de estudio. Emitir juicios valorativos sobre su obra.

Estrategia de fuentes:

Documentales:

Merlin, Condesa de, Mis doce primeros años, Imprenta El siglo XX, La Habana, 1922.

Campuzano Sentí, Luisa, Condesa de Merlin, Memorias y ficciones de una habanera, Ediciones Boloña, La Habana, 2010.

Poncet, Carolina, Croquis biográficos de la Condesa de Merlin, Investigaciones y apuntes literarios, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1985.

Gómez de Avellaneda, Gertrudis, Prólogo en Viaje a La Habana, Condesa de Merlin, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1974.

Grau Miró, Mariano, Critica centenaria sobre una obra de la Condesa de Merlin, Revista Diplomacia, número 15, Octubre de 1947.

No documentales:

Entrevista a la Doctora Mariana Fernández Campos, jefa del Departamento de Estudios Lingüísticos y Literarios de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana (Fuente oficial-Juicio de valor).

Entrevista a la Master Yohana Beatriz Martínez Abreu, profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana (Fuente especializada-Juicio disyuntivo).

Entrevista a Claudia Pérez Martínez, estudiante de Letras de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana (Fuente testigo-Juicio analítico).

Entrevista a María del Carmen Muzio, Licenciada en Lengua y Literatura Hispana (Fuente especializada-Juicio de valor).

Soportes:

Hecho: La obra de la Condesa de Merlin, una de las fundadoras de la literatura nacional, no es estudiada por quienes cursan la carrera de Letras.

Antecedentes: Los diferentes estudios realizados sobre la obra de la Condesa y que se citan en este trabajo.

Contexto: Aniversario 225 del nacimiento de la Condesa de Merlin.



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