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FRESA Y CHOCOLATE, UN HELADO PARA EL CINE CUBANO

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JOSE ANTONIO RIGUAL DÍAZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Uno de los mejores filmes cubanos de todos los tiempos es el drama Fresa y Chocolate, dirigido por Tomás Gutiérrez Alea (Titón) y Juan Carlos Tabío. La película, estrenada en 1993 en La Habana, desenmascara la intolerancia a la homosexualidad y la religión, existente en la Isla durante las décadas del sesenta, setenta y ochenta del pasado siglo.

A pesar que fue su primera experiencia cinematográfica a cargo de la música,  José María Vitier logró con fragmentos de "Il Trovatore", de Verdi, dirigidos por María Callas, y con composiciones para piano de Ignacio Cervantes y Ernesto Lecuona, interpretadas por el maestro Frank Fernández, crear un clima de angustia o regocijo según lo requirió cada escenas.

En el caso de la fotografía, dirigida por Mario García Joya, presenta juegos de luces anteriores, posteriores y laterales; azuladas, doradas y blancas. Prefiere los encuadres próximos, pues se acerca al objeto a fotografiar para captarlo mejor y usando planos inusuales. García ofrece tomas de La Habana, especialmente la Habana Vieja, y lleva al espectador cubano la imagen de una ciudad con la que se ve identificado.

En 108 minutos de duración, el largometraje, una adaptación del cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, del escritor cubano Senel Paz, autor también del guión cinematográfico, muestra la historia de pasiones censuradas entre Diego (Jorge Perugurría), homosexual que busca la amistad de un joven universitario llamado David (Vladimir Cruz) y Nancy (Mirta Ibarra), mejor amiga de Diego.

Este filme se convirtió en un clásico del cine cubano, no solo por las actuaciones y buenas técnicas de rodaje, sino por constituir una crítica a los prejuicios de esa Cuba que discriminaba la homosexualidad, la religión y las formas distintas de pensamiento.

En lo que podría ser la mejor actuación de su vida, Jorge Perugurría, en el papel de Diego, con voz suave y pausada, gestos al hablar y el vestuario, hace muy efectiva y creíble su interpretación artística de un gay.

Aunque la mayoría de las escenas se realizaron en espacios cerrados, la ambientación  y decoración es aceptable, solo que, en algunos momentos, requirió de mejores condiciones de iluminación. Otro punto que pudo haber sido mejor es el maquillaje, pues en el caso de Mirta se muestra demasiado retocada.

El contenido fílmico y las excelentes actuaciones del elenco, dieron reconocimiento internacional a la película, lo que  la convirtió, en 1995, en la única cubana nominada a los premios Oscar. También recibió el premio Goya a la mejor película extranjera de habla hispana ese mismo año. Ha sido mejor película en festivales de cine como el de La Habana y Brasil y obtuvo el Oso de Plata a la película del público, en el Festival de Berlín, Alemania.

El filme contó para su realización, con el apoyo de México y España y fue distribuido por la agencia Miramax. Esta película, al igual que otras de Titón como Memorias del Subdesarrollo y La muerte de un burócrata, sabe como apelar a la sensibilidad del espectador, lo convence de la problemática y lo incita a reaccionar, valiéndose de un fino humor reflexivo y que puede llegar a ser satírico en algunos momentos.

Constituye Fresa  y Chocolate, en fin, un refrescante helado para el cine cubano que rompe con esquemas tradicionales, se aventura a la crítica sapiente, enseña, entretiene y no pasa de moda; se hace digna de volverse a ver.



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