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FCOM ES VIDA

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LIZ ARMAS PEDRAZA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Motoneta, según el diccionario de la Lengua Española, la palabra no existe, pero en el argot popular villaclareño lo definen como el medio de transporte imprescindible para la provincia, con una estructura compleja; es decir, la parte delantera es como la de un bicitaxi, la parte trasera como la de un coche de caballo y anda como una moto; para mí, significa desgracia.

Era 15 de mayo. Los estudiantes de la Facultad de Comunicación (FCOM), de la capital, que estábamos visitando la Universidad de Las Villas, habíamos decidido ir a conocer ese día el centro de la ciudad. Nos dividimos y subimos a dos motonetas, porque no cabíamos en una sola.

Entre risas y fotos transcurrió la mitad del viaje. Claro, nadie pudo augurar lo que ocurriría cinco minutos después. El chofer de la motoneta en la que iban mis compañeros, parecía contagiado con nuestro entusiasmo y decidió acelerar el paso; entonces se encontró en su camino un coche de caballo que le impidió continuar…: chocaron y se escuchó un estruendo.

Todo ocurrió en segundos, segundos que viraron al revés a la motoneta, pero también el día. Yo me quedé petrificada, tratando de divisar a algunos de mis amigos. Quienes iban conmigo gritaban asustados. El profe Esteban no lo pensó y se tiró, literalmente, con la moto andando, para rescatar a los otros.

Cuando llegué al lugar del accidente, ya estaban todos fuera de la moto; sin embargo, los gritos seguían. Miré al lado, y encontré a Eduardo con la cara ensangrentada exclamando: “¡Olvídense de mí y ayuden a las niñas!”

Ania estaba en shock, no parpadeaba, no se movía. Ella tenía un golpe en la cabeza. Zulema estaba parada en el mismo lugar, repitiendo constantemente que no podía caminar. Darío, tenía el brazo derecho en carne viva, pues estaba quemado, debido a la fricción con la calle. Mientras, Armando, que también iba en la moto del accidente, se miraba asombrado, solo salió con pequeños rasguños en algunos lugares del cuerpo.

Todos nos dirigimos al Hospital Provincial de Villa Clara donde fuimos muy bien atendidos. ¿Los resultados del accidente? Eduardo tiene siete puntos en la ceja izquierda; Ania, tendrá que vivir, al menos por cinco meses, con un hematoma interno en la cabeza; Zulema no podrá caminar tramos largos como consecuencia de una contusión en  la espalda lumbar y Darío se quedará con parte de Villa Clara en su brazo, gracias a las marcas que dejará la quemadura.

El resto nos llevamos un gran susto y buenas amistades. Muchos concientizamos la importancia de estar unidos y olvidar las diferencias en momentos como esos. Algunos se dieron cuenta que tenían vocación de enfermeros, otros de psicólogos, de maestros, de excelentes dirigentes. Todos fuimos uno, y entendimos, que FCOM, más que una bonita construcción, más que un estado del alma, es vida.



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