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¿DE QUÉ ME PERDÍ?

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LÁZARO MONTANO CASTELLANO,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Los carteles del festival de música electrónica, “Proelectrónica”, pegados a los postes del tendido eléctrico llamaban la atención por lo estrafalario del diseño. Revelaban unas gafas de sol barnizadas con multitud de colores. Debajo, el ya mencionado nombre del festival, yacía escrito también… sin cordura alguna.

La difusión no fue la mejor a pesar de que la televisión transmitió entrevistas a los organizadores del evento, los periódicos digitales dedicaron un espacio en sus páginas y los folletos de carteleras y horarios eran habituales entre las manos de la población.

Aunque los videos promocionales en la TV hubieran servido para mostrar la esencia del festival a aquellas personas que no conocen de su existencia, incluso haber iniciado antes la divulgación del evento para dar más información a un pueblo no muy conocedor de la música electrónica, faltó una buena estrategia de difusión, al menos efectiva.

Sin embargo, para muchos fans de este modo de hacer música se hizo necesario ir. Era la oportunidad para conocer a  los nuevos talentos de Cuba. Además, la asistencia de artistas extranjeros significaba todo un “plus” a la hora de decidir en si arriesgarse con el transporte o no.

La actividad se dividió en tres festividades: primero sería “Isla”, con música electroacústica, básicamente para escuchar. Un buen espacio para los amantes de las cadencias experimentales: mezclas de tumbadoras y baterías con algún sonido digital.

A esta propuesta no asistí, pues las producciones nacionales no me satisfacen, quizá por la marcada tendencia al cubanismo que se le impone, la electrónica con timba no es de las combinaciones más populares a nivel mundial, aplaudo el intento por defender la cultura cubana, pero no todo se puede mezclar así. Un espacio dedicado nada más a esto, carece de público, como los tantos para los cuales el festival comienza siempre a partir del segundo evento… y no con este.

En la segunda fiesta, “Ciudad”, efectuada en el Salón Rosado de la Tropical, algunos artistas se sumergieron en una larga sesión de “Deep House” (House Profundo). Las melodías experimentales y lentas de este subgénero son agradables durante aproximadamente quince minutos y no para todos; fuera de eso, deja de serlo. El “Deep”, esa noche duró más de veinte.

El DJ (disck jockey), está para complacer al público y debe permanecer atento a cuando se necesite un cambio de ritmo que haga amena la fiesta. No importa que esté poniendo el último “hits” internacional más popular del mundo, si la gente no desea oírlo, hay que cambiarlo.

Con el último día de festival llegó la nueva propuesta hecha por la dirección del evento: el “Rave” (algo así como “delirio” en inglés). La presencia de Djs cubanos era abundante: Kike Wolf, David Casas, DJ Thellus, Dvazz Brothers, Eslan Martin, Leo Vega, Pedro Santiago y Wichy del Vedado, fueron algunos de los presentes.

Unos fueron más acertados que otros a la hora de complacer al público con sus obras. Los que estábamos allí veníamos a escuchar trabajos bien elaborados, con esfuerzo, no un mismo ritmo desgastante, repetido una y otra vez como si lo que importara fuera el tiempo que dura la canción y no lo que divierte. Por eso, los mayores aplausos fueron para los disck jockeys foráneos: los españoles Brian Van Andel y Space Elephant, quienes sí “calentaron la pista” entre animaciones y temas épicos de Música Electrónica de Baile (EDM). ¡Todo un show!

Al Proelectrónica le falta mucho para ser una experiencia inolvidable, no sólo en cuanto a difusión, infraestructura y coordinación sino también en cuanto a calidad musical. Se debiera hacer una encuesta para saber qué quiere escuchar el público, si es que aún se desconoce.

Las oportunidades de promover la electrónica debieran ser éxitos que sumen seguidores al movimiento, pero desgraciadamente no sucede así en Cuba. Confirmé mis ideas cuando en el último día no vi más de doscientas personas en aquella costa. Me dolió ver cuántas cosas se preparó y muchos se perdieron, quizá, solo quizá con el pretexto de que a las doce del día cuando comenzó el Rave, el sol era muy fuerte.      



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