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“LA CHINA”, DEL MONTE A LA CIUDAD

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A sus casi 70 años de vida, de ellos 51 dedicados al trabajo, Yilian Berrey Pupo encuentra satisfacción al dedicarse por completo al magisterio, la comunidad y la familia.

Texto y foto:

CLAUDIA DOMÍNGUEZ VÁZQUEZ.

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

“La China” parece descendiente de asiáticos por sus ojos rasgados y cabellera intensamente negra; pero no, no hay mujer tan cubana como Yilian Berrey Pupo: fuerte de cuerpo y espíritu, dulce y jaranera a la vez; siempre dispuesta a ofrecer repasos de Matemáticas o apoyar en un trabajo voluntario.

De origen campesino, se vuelve toda ternura cuando piensa en los bohíos en las lomerías de Las Guásimas, Holguín, y en el abuelo que la enseñó a leer y escribir, a quien llamaba “papá”. Cuenta que él la sentaba en un taburete a leer el periódico: “Más que para enterarse de las noticias quería que leyera, que aprendiera”.

Se vinculó, junto al abuelo, a todas las tareas de la naciente Revolución y convirtieron parte de la casita en una escuela para los guajiros. Los primeros maestros que subieron a las lomas, le otorgaron un quinto grado por saber leer y escribir. Ella, con solo 13 años, decidió ir a alfabetizar y se convirtió en brigadista Conrado Benítez, esto determinó su vocación como maestra. Llegó a La Habana en ocasión del acto nacional para la Declaración de Cuba como el primer país libre de analfabetismo en América Latina.

Yili, como también se le conoce, estuvo becada en la capital durante seis años. Elevó su nivel cultural y se preparó como educadora hasta que logró ser profesora de Matemáticas en la educación para adultos, en la secundaria y después en la enseñanza media superior. Llevó a la par sus tareas de madre, estudiante universitaria, profesora y destacada activista en las tareas de la Revolución. Cree que lo logró porque realizó sus dos vocaciones: madre y maestra.

Comenzó a ser Delegada del Poder Popular hace unos 27 años y hasta el día de hoy es “el ombligo de la circunscripción 87”, pues no existe problema que se le escape de las manos: “Ser Delegada requiere un esfuerzo extra, pero me reporta gran satisfacción”.

Dos hijas profesionales, cuatro nietos estudiantes y la pequeña Sofía, su bisnieta, conforman la hermosa familia de “la China”, ya no escondida en las lomas de Oriente, pero sí entre montañas de personas que la admiran y necesitan de ella.

Su gran humildad no deja saber que posee varias condecoraciones, tanto en el ámbito profesional como en lo vinculado a los trabajos en el Poder Popular. Para Yilian, el mayor premio es haber ayudado a muchas personas y siempre que toquen a la puerta hace el mayor esfuerzo para resolver los problemas que le planteen: “Es muy reconfortante recibir un gracias China o gracias profe”.

A los 63 años se jubiló y se reincorporó a las aulas al mes siguiente, “resulta imposible estar lejos de los muchachos”, dice siempre entre risas. “Ni el delegado ni el profesor logran nada solos, no somos nadie si a nuestro lado no están los estudiantes y la comunidad, una golondrina no hace verano”.

Casi a sus 70 años no piensa retirarse de las aulas hasta que su salud y sus alumnos decidan. En el barrio sigue siendo “la China” la respuesta a los problemas. Después de 51 años de trabajo, siente gran satisfacción por todo lo que ha logrado y confiesa creer que ha cumplido con los sueños de “papá”.

Pie de foto: La profesora Yilian Berrey siente orgullo de haber formado tres generaciones en sus aulas.

 



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