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MÚSICO, POETA Y MANISERO

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Texto y fotos:

MARÍA LUCÍA EXPÓSITO GONZÁLEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Viajar hasta Sandino, Pinar del Río, y subir cuatro pisos en pleno abril vale la pena cuando quien abre las puertas de su casa es Heri, como le dicen a Heriberto Victorero Brito, alguien que prefiere peinarse el corazón antes que las canas y que, entre anécdotas, pregones y rimas, guarda una historia  apenas conocida.

“Soy hijo de la Revolución”, dice con orgullo. “Nací en Guane, Pinar del Río. Con 7 años mis padres me trasladaron a la capital provincial. En 1959 ingresé a la Asociación de Jóvenes Rebeldes, fui uno de los primeros artilleros de la antiaérea que tuvo Cuba y así comenzó a forjarse mi camino como revolucionario”.

De punta a punta

“En 1961 respondí al llamado de Fidel a librar a Cuba del analfabetismo. Estando en Varadero, sede de la preparación para los alfabetizadores, recibí la noticia del asesinato de Manuel Ascunce Domenech. Al día siguiente nuestro contingente, en honor a aquel joven mártir, pidió que se nos llevara al lugar más lejano que tuviese Cuba, y nos enviaron a Baracoa.

“Tuve la suerte de alfabetizar a cuatro adultos: Antonio Guedo Placitas, el más joven, con 21 años, Pablo Placitas Pérez, Orlando Rivero Laffita y Mercedes Álvarez Sosa, quienes después de aprender a leer y escribir, enviaron una carta al Comandante.

“El 22 de diciembre de 1961, en la Plaza de la Revolución, los alfabetizadores le expresamos un mensaje colectivo a Fidel: Cumplimos con usted, ahora díganos ¿qué otra cosa tenemos que hacer? Y aquel gigante nos respondió: ¡Estudiar, estudiar y estudiar!”

-¿Qué le motivó a dar el paso al frente?

“¡Imagínate!, siendo de una punta de la Isla, yendo a alfabetizar a la otra… ¡Cuba es estrecha pero larga! Me motivó el pueblo cubano, que en su inmensa mayoría era analfabeto y el ejemplo de Ascunce, que me llenó de coraje.

“La vida, como rima un poema, da muchas vueltas. Guedo, el muchacho que alfabeticé, se hizo mi hermano mayor, porque yo tenía apenas 17 años en las costillas. Aquel guajirito que me protegió 11 meses, tuvo, tiempo después, un hijo que mandaron a cumplir el Servicio Militar a la base San Julián, en Sandino.

“Un día lo conocí por casualidad allá, después lo tuve en casa durante sus pases. Guedo, según mi cuenta, debe andar por los 78 años, perdí el contacto con él cuando su hijo terminó el servicio. Ya usted ve, esta vida es buena y a través del tiempo creo que paga ciertas deudas.

“Durante el año 1962 hice tres caminatas Camilo-Che, tradición de estudiantes en todo el país, desde la Sierra Maestra al Escambray, siguiendo la hazaña revolucionaria de estas dos figuras de nuestra historia. Por ese mismo año la Revolución me dio una beca para continuar mis estudios.

“En 1964 ingresé al Servicio Militar. Los jefes eran cabos y sargentos de la columna del Che y Camilo. A mi mente vienen sus nombres: Benito García, Guillermo Plasencia, Antonio Cruz… En esos años participé en las zafras cañeras de 1964 a 1967 en San Juan de Dios, Camagüey, y Bahía Honda, cuando era parte de Pinar.

“Retorné a mi Pinar natal y matriculé en una capacitación en Geodesia y Cartografía. Se hizo un llamado a trabajar en Guane. Yo soy bajito, pero emprendedor, y enseguida grité: ¡yo! Trabajé en toda la región, casa por casa y lindero por lindero. Laboré en los cítricos y zafras tabacaleras. Esa zona era de las cinco más destacadas de Cuba en el plan citrícola y tenía la granja de tabaco rubio más grande de Latinoamérica. Ahí encontré a mi mujer y aquí me quedé.

“Fui combatiente internacionalista en Angola. Mi cumpleaños 40 lo pasé en el avión. Obtuve en Luanda el grado de teniente. Estuve, además, por las regiones de Malange y Menongue. Al finalizar la batalla se me otorgó la medalla Combatiente Internacionalista y el grado de Capitán.

“La lucha fue ardua y se fundió sangre cubana y angolana, pero era necesaria, pues las condiciones de vida del pueblo eran precarias. No olvido aquella negra angolana que vi, con su busto desnudo, un niño en su espalda y encima de su cabeza un pequeño refrigerador que equilibraba con los brazos.”

Fela 

Me enseña una foto de una mujer. “Rafaela Brito Hernández, así se llamaba mi madre”, dice llorando y mira al cielo como si la viese. “Cuando me fui a hacer tatuajes consulté con ella, me dijo: ¡El Che en el corazón, carajo!”, y me muestra en la parte izquierda de su pecho la figura del Che que imita al retrato de Korda y en la parte superior del brazo, un corazón con un nombre dentro: Fela.

“Ella cedió su parte en mi pecho para el Guerrillero Heroico, pero la puse cerca de mi hombro, dentro de un corazón que no está precisamente en el pecho, pero vibra como cuando me abrazaba o ponía su mano en ese lugar, ¡ay Fela!, por eso te llevo como el aire en mis pulmones”, expone entre sollozos.

Músico, poeta y manisero

“Yo quería ser cantante, pero mi madre nunca lo permitió ¡Ah!, lo de poeta es hereditario de mi padre. Los temas son variados, desde el amor, los mártires, Fidel, hechos relevantes. Con esos escritos he colaborado con la emisora Radio Sandino en sus revistas poéticas. En los matutinos de las escuelas voy y les recito a los muchachos, a ellos les encantan mis anécdotas y adivinanzas hechas rimas. La gente del pueblo dice  ’¡Victo, hazme algo!’ y pa´ allá voy.

“Fui el primer cuentapropista autorizado en el municipio Sandino. Me puse a vender maní en sus distintas variantes, tostado, molido, en turrones con miel, como ingrediente en panetelas. Por esto me gané el mote de El rey del maní”.

Acuerdos floridos

“Lo conocí en 1964”, dice nostálgica Daisy Peláez Valera, esposa de Victorero. “Nuestro encuentro fue una tarde en casa de su abuela. Una noche, Heri se apareció en mi casa, desde el primer momento agradó a mi familia y se hizo habitual hasta que por fin un día me confesó: Hoy he decidido preguntarte ¿sí o no? Nos hicimos novios, me enamoró su forma de ser y su ecuanimidad.

“A los seis meses nos casamos. Tuvimos dos hijos y tres nietos. Como esposo es un ejemplo ante la familia, nos ha tocado la dicha de criar una nieta, pues nuestra hija mayor emigró a los Estados Unidos y ella decidió quedarse. Heri me ayuda en los quehaceres, le encanta hacer dulces y es muy creativo con las ensaladas. Su hijo Heriberto le dice camarada.

“Heri aún me escribe décimas en los aniversarios y fechas relevantes. Con 47 años de casados se mantiene viva la llama. Existen malentendidos, como toda pareja, él dice que su signo zodiacal Acuario es la causa de sus resabios, pero, y lo cita: ’Siempre llegamos a acuerdos floridos’”.

Padre, amigo y alma de pueblo

Para María Antonia del Llano, Victorero es una de las personas más cultas de Sandino, preparado políticamente, integral en todas las  esferas, admirador de las obras de Fidel y Chávez. ”Es alegre, levanta la autoestima con sus palabras”. Participé con él en el programa radial Pregunta que te pregunta formando el equipo de los veteranos, fue un gusto compartir esta experiencia”.

“Como vecino y jefe de núcleo es muy atento, tanto en la familia como en la comunidad”, confiesa Pablo Enrique Miranda, vecino de Heriberto. “Cuando vendía el maní, ponía dentro de los cucuruchos adivinanzas para premiar a los niños con un nuevo dulce. Es fundador del espacio Disco Temba que promueve la Casa de Cultura, muy entusiasta y, sobre todo, una bella persona”.

Yaherys Borges Victorero califica a su abuelo como un baluarte: “Cada vez que lo veo declamando en  la escuela me lleno de orgullo, verlo activo, aún con su edad, es conmovedor. Su cariño incondicional y la responsabilidad de mi crianza son las razones por las que decidí quedarme en Cuba”.

“Heri es mi segundo padre”, expresa Darío Peláez Valera, cuñado. Mi madre murió joven, él y mi hermana Daisy se hicieron cargo de mi crianza. Le agradezco la educación que me dio y el guiarme por buen camino. Sus décimas nos han cautivado a todos. Es amigo y admirador de Cándido Fabré”.

“En Sandino, la gente quiere a Victorero. Él defiende los trabajadores frente a las masas. Tiene sus ’arranques y resabios’, pero es porque le gusta que las cosas salgan bien. No me agradó que hubiese abandonado su oficio de manisero, pero la  salud va delante. Creo que tiene mucho más para entregarle al pueblo”, refiriere Andrea Crespo Leal, residente del municipio.

“Su historia es amplia, y la población lo quiere, tengo la mejor opinión de Heriberto. Llega en los momentos difíciles y con su nobleza soluciona las dificultades”. Un día que fuimos a pescar, me caí en la laguna y él me salvó la vida. Me encaminó en cada momento: ¡Por eso es dos veces mi padre!”, revela Domingo Peláez Valera.

“Es un placer haber conocido al Rey del maní, aunque fue bajo un aguacero no dejó de sorprenderme su jocosidad, el dulce como regalo a mi presentación aquella madrugada en Sandino. Hemos mantenido desde entonces conversaciones telefónicas. Nuestra amistad ha crecido y se ha convertido en el anhelo mutuo de un rencuentro”, declara Cándido Fabré, músico cubano.

“Victorero es un paciente que cumple con los requerimientos de su diabetes. Una persona disciplinada e instruida en ámbitos políticos, culturales y sociales, padre ejemplar. Como ser humano es muy comunicativo, hasta con las personas que no conoce, atestigua la doctora Yordanka Pérez Rodríguez”.

“Su modestia y humildad lo hacen merecedor del cariño de la multitud. Él participó en la primera serie nacional juvenil de béisbol en los años 60 y es uno de mis alumnos más destacados”, manifiesta Jesús Bejerano Pérez, amigo y profesor de Taichí de Heriberto.

“Me pegué a la Revolución”

Al concluir, me estrechó su mano y concluyó como un buen sabio: “Yo me pegué a la Revolución y a su lado he transitado mi vida hasta hoy, mañana o hasta que muera, tal como se pega una babosa a un palo”.

Pie de fotos: 1-Heriberto Victorero, alguien que prefiere peinarse el corazón antes que las canas; 2-Son múltiples las distinciones que ha recibido Victorero durante su trayectoria, destacan, de izquierda a derecha, las medallas Combatiente Internacionalista, 55 Aniversario de las FAR, Enrique Hart y la de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.



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