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UN GUAJIRO DE PRIMERA

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Juan de Dios Machado Pérez, un artemiseño de 79 años, demuestra que la edad no es importante para seguir trabajando la tierra y dejar una impronta de 44 pozos marcados hasta la fecha.  

SERGIO FÉLIX GONZÁLEZ MURGUÍA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.            

No es un secreto para nadie que los perseverantes son siempre los vencedores. Por más duras que sean las circunstancias, la grandeza de estos hombres está en su forma de afrontar las situaciones para intentar resolver el complejo acertijo de la vida. Esos sí son los verdaderos ilustres que, aunque desconocidos, son esencia y ejemplo para la vida cotidiana.

Sin ir más lejos, en las rocosas elevaciones del municipio de Caimito, provincia de Artemisa, donde nadie apostaba por el ejercicio de la agricultura debido a la falta de agua y las pésimas condiciones demográficas, se levanta hace ya cuatro años la imponente Finca Marta, productora líder en el territorio municipal de una gran variedad de alimentos que son el sostén de más de 40 establecimientos particulares destinados a la gastronomía.

El genio se llama Juan de Dios Machado Pérez o “Machadito”, para los amigos. Machetero de vocación y marcador de pozos porque simplemente “nació para eso”, este guajiro de 79 años, delgado y con poco más de 1.60 metros de estatura, se encontraba un día de hace cuatro años y siete meses, en los quehaceres cotidianos con sus vacas en su humilde finquita, próxima al poblado de Banes, cuando llegó para verlo un hombre que actualmente afirma; «fui buscando un pozo y encontré un padre».

Fernando Funes, el hombre que apareció aquella tarde, dueño de Finca Marta, cuenta que Machadito fue el único que no lo miró con cara de incrédulo cuando escuchó los planes que tenía Funes en aquellas lomas y que enseguida le respondió con su característico «vamos, mi sangre», lo que significaba que había que ponerse manos a la obra desde ese mismo instante.

«Nunca había visto a un hombre trabajar tan rápido y menos de esa edad, porque no cualquier persona hace un pozo de 14 metros de profundidad en siete meses y sin ninguna máquina que le facilite su labor, más que sus dos manos y algún ayudante eventual», agrega Funes.

Dicharachero, alardoso y con un corazón que no le cabe en el pecho, Machadito no solo ha sido el artífice del pozo que dio vida a Finca Marta. Tiene el privilegio de decir que han sido 44 pozos los que ha marcado y un gran número de ellos los que ha construido, así como un centenar de fosas para casas donde no tienen sistema de drenaje para los desechos sólidos o es necesario almacenar agua.

¿Cuál es su método? Es una pregunta que se impone y a la cual Juan de Dios responde orgulloso: «Me ubico en un lugar donde indico los puntos cardinales, cojo un gajo de guayaba de más de un metro de largo, me amarro una parte a los antebrazos y voy caminando para buscar la dirección que me indica la rama como si fuera una brújula, hasta que llego a un sitio donde creo que hay agua, entierro el resto del gajo y si me aprieta las extremidades amarradas es que hay agua. Hasta la fecha no me he equivocado ni una sola vez».

Relata que fue algo que aprendió a los 14 años con un viejito que pescaba con él, al cual todos llamaban Don Felipe. Este le dijo que si tenía la «corriente» en el cuerpo le enseñaría el arte de marcar pozos, si no, que se olvidara del asunto. Para eso buscó dos percheros, los cuales Machadito debía unir. Si lograba que estos, al acercarse, provocaran una especie de vibración, entonces tenía la «corriente». Y así fue. Un fenómeno inexplicable, pero frente a los incrédulos, la leyenda cobra vida y se ha materializado y hecho presente en 44 exitosos pozos de distintas profundidades, gracias a los cuales se mantienen muchas fincas de la zona artemiseña.

Así lo piensa Junior Rodríguez González, quien afirma que después que se instaló el pozo de su casa nunca más volvió a faltar el agua y que ha servido para darle de beber a tres familias.

«Antes teníamos que recorrer siete kilómetros diarios hasta el pueblo de Banes para buscar agua, pero hablamos con Machadito cuando reunimos algo de dinero y en 18 días teníamos un pozo de seis metros que da un agua fresquita de manantial”, comenta Junior.

También Yuniel Rodríguez Castro, habitante del poblado en el central Habana Libre, se siente agradecido con Machadito luego de una fosa que le fabricó en el patio de su casa, la cual le ha resuelto un problema de higiene con el que debía lidiar constantemente, pues además de su hogar posee un criadero de puercos contiguo a la casa y este mecanismo higiénico-sanitario le era de vital importancia.

De esa forma, Juan de Dios ha pasado a la historia de Caimito como “el pocero”, y todos pueden hablar de él, y muy bien. Caminamos juntos por el pueblo y no había persona que pasase por su lado y no le dijera algo o simplemente lo saludara. Me explica que estos últimos años, no solo se ocupa de sus tierras o le marca algún pozo a alguien cuando hace falta, también trabaja permanentemente en finca Marta haciendo lo que se necesite y con un colectivo que, aseguró, «son mi segunda familia».

Ileana Estévez, una de las agricultoras en la Marta, valida esta afirmación y dice que Machadito «ha sido un padre para mí y gracias a él estoy trabajando hoy aquí, porque antes laboraba como bibliotecaria en el pueblo de Caimito y él propuso mi nombre a Funes y fui contratada con mejores condiciones y un salario apropiado».

Por su parte, Alexei Fernández Fernández, quien es el albañil de la finca de Funes, comenta que la relación con Machado es muy buena y que «todo el día estamos bromeando y cuando no viene se le extraña, aunque falta poco».

De igual forma opina Michael Márquez Serrano, segundo administrador de Finca Marta, cuando afirma que Machadito es un personaje: «Lo conozco hace cuatro años y siento como si lo conociera de toda la vida; además, él tiene un espíritu que nos da una fuerza tremenda porque cuando estamos cansados y parece que no podemos más, él se levanta, con 79 años, y sigue con las labores para motivarnos y continuar el trabajo».

Muchas personas se preguntarán cómo es posible que alguien que pasa de los 70 años mantenga esa vitalidad y esas ganas de vivir para continuar trabajando. A ellos “el pocero” les responde: «Me gusta luchar y que digan que Machadito es bravo».

Ni siquiera un accidente que tuvo hace unos años lo ha frenado en sus actividades. Cuenta que durante la fabricación de un pozo en Banes, por un descuido de sus compañeros, cayeron unas piedras de gran volumen mientras él se encontraban en el fondo de la construcción. Por suerte, Machadito pudo verlas a tiempo, aunque casi pierde una pierna. Gracias a sus conocimientos de botánica pudo aplicarse correctamente algunas hierbas para aliviar el dolor y que la piel pudiera regenerarse paulatinamente, lo que posibilitó que en 15 días volviera a estar bien y continuar trabajando como si no hubiera pasado nada.

Silvina Alonso Díaz, esposa de Juan de Dios desde hace 57 años, se queja de que él nunca está en casa y se preocupa demasiado por la salud de su marido, porque «cuando no está en el campo con las vacas, lo ves trabajando en la finca, si no haciendo algún pozo, pero nunca tiene tiempo para descansar, aunque ha sido un excelente padre y un magnífico esposo; sin embargo, muy descuidado con él mismo».

Machado posee una familia a la cual adora, con cuatro hijos de los cuales se siente muy orgulloso y presume en exceso. Sus tres nietos y cinco biznietos lo llenan de alegría, aunque recuerda con tristeza la muerte de uno de sus nietos, producto de un rayo que le provocó el fallecimiento al instante.

Pero la familia de este guajiro es aún más grande y está repartida en todo un pueblo que lo quiere y lo aprecia como un auténtico héroe; y es que Machadito tiene un historial como machetero extraordinario. Han sido, también 44, las zafras donde este hombre ha lucido su machete para lograr el corte de un total de 3 800 000 arrobas de caña, y más de una vez obtuvo el primer lugar en la emulación por sus méritos. Además, me dice que hasta el Comandante en Jefe Fidel Castro le otorgó, en tres ocasiones, reconocimientos por su asombroso desempeño en la gesta machetera.

Recuerda con satisfacción la zafra del 1973 en la que obtuvo la condición de vanguardia tras haber cortado 996 arrobas. Dichos logros le dieron la posibilidad de ir a Brasil a importar caña brasileña y a la Unión Soviética como premio por su trabajo, así como una casa en el poblado del central Habana Libre que él donó a su cuñada, quien tenía problemas de vivienda.

Susana Alonso Díaz, cuñada de Machadito, relata: «Yo vivía en un rancho en el que no había posibilidades de tener una vida decente y la casa era de madera y estaba en peligro de derrumbe. Entonces Machadito me propuso permutar, con lo cual yo vine a vivir en esta casa del pueblo y él con mi hermana fueron a la vivienda del campo, la remodelaron y se quedaron allí, donde podían criar los animales y sembrar como querían».

Machado constituye un símbolo para los cubanos que buscan una vida digna en el campo. Un ejemplo de que con esfuerzo y dedicación todo es posible y que la edad no importa si se trata de sacar una familia adelante. Solo cursó estudios regulares hasta el noveno grado, pero posee saberes de la vida y valores que lo convierten en un maestro.

Al menos su impronta queda entre nosotros de por vida porque el 30 de octubre de 2014 fue inaugurado en finca Marta el Pozo “Juan Machado” y en la biografía que se observa allí se puede apreciar claramente una frase que dice: «Machado es inspiración constante y sus valores humanos, su honradez y dedicación al trabajo creador son un ejemplo hoy y lo seguirá siendo en los años por venir».

Ojalá los pozos se multipliquen y el agua llegue a cada rincón de la tierra artemiseña y que esa luz que irradia Juan de Dios Machado Pérez nunca se apague, aunque solo sea para convocar a los agricultores a la faena con su frase «vamos, mi sangre».

Pie de fotos: 1-La relación entre Machadito y Fernando Funes es como de padre e hijo desde el instante en que se conocieron; 2-Machadito muestra orgulloso la medalla XXX Aniversario del Mérito Millonario, una de sus tantas condecoraciones por los logros durante sus años como machetero; 3-Machadito es fundador de la Finca Marta, en la que confeccionó el pozo que le dio vida. 



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