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Isla al Sur

EL ORO SE VISTE DE AZUL

EL ORO SE VISTE DE AZUL

El Doctor en Ciencias Técnicas Cristóbal Díaz Morejón, especialista en Hidrografía, aboga por reconsiderar el uso y distribución del agua ante las frecuentes sequías.

Texto y foto:
ALBERTO CABRERA TOPPIN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

De bigote ceniciento, figura gruesa, hablar entre rebuscado y coloquial. Amante del café como muchos cubanos, amigable. No lo imaginé así cuando le solicité la entrevista vía teléfono. Parecía más reservado, como si no le agradara conversar.

La media hora que hablé con él hizo que vinieran abajo mis temores sobre si las preguntas serían las correctas -propio de un principiante–, pues descubrí a un Doctor en Ciencias Técnicas que solo buscaba una plática inteligente e interesante, en la que pudiese demostrar sus conocimientos. Su fluidez al hablar me transmitió la sensación de que le gustaba la entrevista.

La pregunta que dio inicio al diálogo fue la misma que le dije al solicitar el encuentro: ¿es el agua un recurso renovable? Cristóbal Díaz Morejón me respondió desde el otro lado de la línea con una evasiva, pero el especialista en Hidrografía que lleva adentro cayó en la tentación de platicar.

“El agua es un recurso renovable y finito. La que cotidianamente usamos en Cuba proviene de las precipitaciones, encargadas de alimentar las corrientes fluviales y las subterráneas. Dependemos mucho del ciclo hidrológico de la naturaleza, y cuando este se altera lo hace también el sistema de abastecimiento: menos lluvia, menor cantidad del líquido. Tal variación es uno de los problemas actuales y se pronostica que se acentúe con el cambio climático”.

-Los índices moderados y críticos de

precipitaciones promedio anuales han

aumentado su frecuencia en los últimos

100 años. ¿Es esto señal de una

próxima etapa de sequía?

No es próxima porque ya la sufrimos. Es aquella que transcurrió entre los años 2002 y 2006. Generó pérdidas millonarias y fue muy difícil para las zonas orientales. Vimos el colapso de presas pequeñas imprescindibles para el abastecimiento, como en Las Tunas. La solución fue traer agua del Cauto para satisfacer las necesidades mínimas de los habitantes y se hizo mediante tuberías y hasta por trenes. Holguín sufrió algo similar.

Para evitar estos procedimientos que generan daños económicos, el Gobierno decidió los denominados transvases: trasladar el fluido desde las zonas con más recursos hidráulicos, como Sagua de Tánamo, hacia las provincias más perjudicadas. Con ello se lograría un balance, a tiempo que impediría la afectación por otra etapa notablemente seca.

-¿Qué tan cerca está la humanidad

de iniciar guerras por agua?

Según anuncian los científicos, estas pueden suceder en las cuencas compartidas, como el Danubio. Los dirigentes políticos deberán ponerse de acuerdo, primero, en la cantidad de agua que le corresponderá a cada país; y segundo, en la distribución dentro de sus territorios.

Cierto es el carácter imprescindible de esa sustancia natural, de ahí que pudiera haber conflictos regionales, pero existen convenios para que esto no ocurra. Sin embargo, ante penurias puede suceder cualquier cosa, y estas son sufridas actualmente en África. Incluso, ya hay personas que la están llamando “el oro azul”. Se espera que un 40 por ciento de la población mundial tenga carencias en fecha no tan lejana como el año 2030.

-De seguir con las políticas actuales,

¿Cuba estaría dentro de ese porcentaje?

Considero que no, pues ya hay una conciencia de que esto puede suceder y se están tomando las medidas adecuadas. Existe una política nacional para el cambio climático que establece muy bien el problema con el acceso hídrico. Se puede ver eso a nivel de la isla con el cambio de todas las tuberías dañadas para evitar la pérdida de millones de metros cúbicos, y el Ministerio de Economía y Planificación toma en cuenta el uso de los recursos hidráulicos en el plan anual.

-¿Es la desalinización de los mares

un remedio contra la sequía?

Esa es una alternativa viable. Tampoco renunciamos a la captación del agua de lluvia en zonas residenciales, edificios. La desalinización incluso se está usando en ciertas zonas del país, sobre todo en parte de las cayerías, pero no es una tecnología barata.

–Sin embargo, ¿no generaría

grandes volúmenes de sal?

Ese es un problema a resolver, porque no puede ser vertida indiscriminadamente en el mar debido a que atentaría contra la vida en él. Por eso se buscan tecnologías más limpias.

–Una última pregunta. En su criterio, ¿cuál

sería la medida más efectiva contra la sequía?

El ahorro. La población paga hoy una miseria por el abasto, por lo que hay que crear un entendimiento sobre los serios problemas de la disponibilidad acuífera. La sequía ha sido vista en La Habana, donde las pequeñas presas se secaron. Hay que ahorrar para que no vuelva, y nadie quiere que lo haga, al menos yo no. De todos depende.

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