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Isla al Sur

Crítica-Trabajos docentes

RETRATO FÍLMICO DE UNA REALIDAD

RETRATO FÍLMICO DE UNA REALIDAD

MARIO LUIS REYES BETANCOURT,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Con su opera prima Amores perros, el director mexicano Alejandro González Iñárritu nos sorprendió a todos ubicándose entre las más grandes estrellas del panorama cinematográfico latinoamericano.

Este filme, integrado por tres historias, no peca de comercial en ninguno de sus momentos; de principio a fin muestra una visión que es el reflejo de la realidad en muchos de los países latinoamericanos hoy: marginalidad, pobreza, desigualdad, banalidad, delincuencia y, sobre todo, violencia.

La primera historia es la de Octavio (Gael García Bernal) y Susana (Vanessa Bauche). Estos representan al proletariado, los que viven el día a día, muchas veces jugándose el pellejo para llevar comida a la mesa. Conflictos típicos de esta clase en Latinoamérica se hacen evidentes en dicha familia: delincuencia, maltratos familiares, madres muy jóvenes, entre otros.

El otro cuento lo protagonizan Daniel (Álvaro Guerrero) y Valeria (Goya Toledo), que personifican a miembros de un sector de la burguesía, lo que contrasta con los demás relatos por su ostentoso nivel de vida, no obstante lo cual estos personajes también presentan grandes conflictos. Paradójicamente, a pesar de ser para muchos el modelo del éxito, simbolizan  la soledad en que viven.

La tercera historia está a cargo de El Chivo (Emilio Echevarría), un profesor universitario de prestigio que por sus ideas comunistas abandona a su familia para unirse a la guerrilla. Debido al fracaso del llamado socialismo real  y al hecho de que los suyos nunca lo vuelven  a aceptar, termina como un mendigo y matón a sueldo, siendo uno de los personajes más interesantes del filme, porque aunque la sociedad lo haya marginado, en el fondo intenta reivindicarse en un mundo que ya no lo perdona. Es quien lo perdió todo por intentar cambiar el mundo.

Además del amor, la violencia es otro de los atributos que muestra la película donde el choque entre dos carros, brutal de por sí, es el centro del rompecabezas que van armando estas tres historias cargadas de robos, peleas, abusos y sangre. A diferencia de Tarantino -ya que es imposible no encontrar semejanzas entre este largometraje y Pulp Fiction- para quien la violencia suele ser satírica, e incluso mueve a risa, en Iñárritu más bien es horripilante ya que refleja la realidad del contexto social en que se inserta su narración.  

Precisamente el realismo es uno de los elementos mejor trabajados a lo largo de las dos horas con treinta minutos que dura Amores   perros, rodada con cámara en mano, adaptándose a una estética de documental en la que los personajes se mueven a sus anchas por las locaciones y no se convierten en esclavos de los encuadres.

La construcción del guión es sencillamente magistral, más allá del mensaje que transmite, por la perfecta construcción en la que cada pieza encaja con la siguiente, y el antes y el después quedan muy bien delimitados. Los aplausos en este apartado se los lleva el novelista Guillermo Arriaga, quien escribió la historia original que, tres años después y tras 36 tratamientos de guión, desembocó en este producto final.

La fotografía, dirigida por Rodrigo Prieto, impacta con imágenes conmovedoras por la sencillez y realidad de las mismas. La música original, de Gustavo Santaolalla, se encarga de resaltar, con acierto, momentos emotivos, acentuados por la selección de canciones hecha por el propio director.

Iñárritu, en resumen, se consagra como un gran director de actores,  especialmente en su trabajo con los más jóvenes, además, se debe reconocer que, aunque la gran mayoría de los intérpretes no eran conocidos o famosos en ese momento, la actuación resulta uno de los puntos más fuertes de este extraordinario largometraje.

EL DRAMA Y LA INTIMIDAD DE MARINA CANO

EL DRAMA Y LA INTIMIDAD DE MARINA CANO

CINTHYA GARCÍA CASAÑAS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación, 
Universidad de La Habana.

La Escuela de Fotografía Creativa de La Habana (EFCH) acogió la exposición de la española Marina Cano (Santander, 1979), quien llegó a nuestro país mediante coordinación con la Fototeca de Cuba.

Uno de los aspectos novedosos de la muestra fue la presentación del libro Drama & Intimidad, que recoge en seis capítulos momentos salvajes y misteriosos a través de imágenes tomadas en Kenia, Sudáfrica, Inglaterra y Cantabria.

Sobre este, su segundo libro, la artista expresó: "Drama & Intimidad me encuentra con África tatuada en la piel. Quienes habéis estado sabéis de esa pasión que altera el resto de tus días. Con este déjá vu africano me despierto, me duermo y sueño cada momento en que no estoy allí."

Entre las razones por las cuales funcionan y resultan atractivas las imágenes está el enfoque. La autora usa, por lo general, el diafragma cerrado con el fin de mantener enfocados tanto los animales como el paisaje, las nubes y el cielo. Al ser fotografías de naturaleza, la iluminación es totalmente natural. Los rangos de luces posibilitan un equilibrio entre todos los parámetros, lo cual contribuye a la simplicidad visual.

Todas las fotos tienen una profundidad de campo adecuada, pues resaltan a un mismo nivel la figura y el fondo. En cuanto a la exposición, uno de los elementos con los que se define su obra es la intencionalidad, que media entre la aparición de colores claros y oscuros.

No sorprende mucho saber que Marina procedía del mundo de la música antes que el de la fotografía, pues sus trabajos así lo demuestran.  Sus imágenes están dotadas más de lenguaje musical que visual, poseen ritmo y tiempo; no solamente vamos a ver encuadres, profundidad de campo y otros aspectos técnicos, sino que disfrutaremos de algunos detalles que habitualmente en las instantáneas de naturaleza, no vemos.

La obra de la española se caracteriza por un acercamiento intimista, una visión especial y artística a la fauna, alejada del documentalismo tan frecuente en este tipo de fotografía, así lo demuestra una de sus imágenes que fue portada de la revista National Geographic Viajes.

Hay algunos fotógrafos que tienen "duende", Marina es, sin duda, una de ellos. Su habilidad para extraer la esencia de un instante y dejarlo suspendido en una imagen constituye un talento notable. Esto queda reflejado en el libro Drama & Intimidad, donde convierte un simple momento en poesía visual.

A menudo se dice que estos artistas capturan imágenes, pero me atrevo a decir que a Cano le sucede lo contrario: los animales la han capturado a ella. Centra su composición en la fauna, pues se considera comprometida especialmente con nuestro planeta y los animales amenazados. Espera que su trabajo llegue a tocar el corazón de la gente, no solo por la calidad y el gusto estético de las fotografías,  sino por la sencillez con que lo expresa.

Busca, con la difusión de este libro, compartir una vez más, la vida salvaje mediante sus experiencias, y es que en Marina Cano habita una niña y ambas miran a través de sus ojos. Una pone la técnica y la otra el sentimiento. Una dice dónde y la otra dice cómo. Y ambas, de la mano, tienen mucho mundo interior para expresar.

Pie de foto: El libro recoge más de 80 instantáneas de la fauna del continente africano.