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Isla al Sur

Ediciones Especiales

EXCELENTE 2008

EXCELENTE 2008

Todo lo bueno para usted, su hija y el profesor Roger. Que pasen unas excelentes Navidades al igual que un excelente 2008.

Dayana Kindelán

FELICIDADES

FELICIDADES

Felicidades por el Día del Educador y por la Tiza de Oro.

Gracias.

Saludos,

Diana Valido

TIZA DE ORO

TIZA DE ORO

Gracias, queridos míos. Haber recibido de ustedes el reconocimiento de Profesora Tiza de Oro me llena de alegría, de una alegría nacida desde la emoción del aula y su fecunda ternura. Ser Profesora Tiza de Oro en nuestra queridísima Universidad de La Habana ahora que está por cumplir 280 años, es un mérito de valor muy estimable. Y ese mérito ha salido del cariño, del respeto, de la compenetración, del sabernos unidos desde las cimientes del aula. Muchas, muchas gracias, una vez más. No sé cuánto más pueda decirles. Solo recordarles que estoy comprometida con ustedes hasta el fin de todos los tiempos, más allá de un curso escolar, de una asignatura, de una nota o de un proyecto. Estoy comprometida con ustedes para la vida. Los quiero. Iraida.

HISTORIA PLURAL PERSONAL

HISTORIA PLURAL PERSONAL

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

He querido a todos mis maestros con amores diferentes. A muchos los admiré desde la primera vez, con ese ímpetu y entrega que nos hace reconocer a quienes nos aman y entienden, y sin una misma ser consciente de ello, nos forjan con el cincel de lo eterno. A otros el tiempo me hizo reconocer que sin sus regaños, sin sus severas acotaciones, y acaso con un suspenso, hoy no sería el ser humano que soy. Ellos también modelaron en mí lo duradero.

El aula era una fiesta con Luz Marina, Marisabel, Migdalia, Obdulio, Ovidio, Pedro Pablo, Peroga, Elio, Elina, Arnaldo y tantos más que exponían ante mis oídos y ojos atentos, las más fantásticas historias.

De otros, como Míriam y Nuria, aprendí que el periodismo es una profesión de cada día, sin respiro, un oficio en el que hay que estar ensillado todo el tiempo, y en el que las musas pueden tomar vacaciones, pero nosotros no. A ellas no les tembló el corazón cuando me llamaron una que otra vez a buen capítulo. Tampoco dudaron en reconocerme cuando crecí y aprendí de mis errores. A una le debo haber escrito un libro; a la otra, amar a Martí desde su propia letra. Mi gratitud es para siempre.

¿Por qué hoy cuento una historia personal cuando habitualmente la sociedad se empeña en reconocer a los cientos de miles de maestros y profesores que celebran su Día, nacido de la epopeya latinoamericana que fue la Campaña de Alfabetización, y cuya expresión cimera fue el 22 de diciembre de 1961 con la declaración del país como Territorio Libre de Analfabetismo, en la Plaza de la Revolución?

Es que esta es una historia que puede contarse en plural o en primera persona. Solo cambian los nombres de los protagonistas. Y es una historia, además, cuyos personajes principales unas veces están sentados en los pupitres, y otras, delante del pizarrón, explican la clase. Cuba es hoy un aula grande en cuyo proceso educativo no solo andan involucrados los docentes de academia, sino también, los cientos de miles de profesionales que, categorizados como adjuntos, asisten a la maravilla de expandir saberes. Todos hemos sido convocados a, como dijera Martí, saldar la deuda con quienes nos enseñaron.

Por eso más que de cifras y cumplimientos, de planes y programas, de aciertos e infelicidades, quiero hablar del aula como un espacio infinito, una audacia para entender las almas que en ellas se forjan, porque un aula es una prueba de amor, aun cuando hay momentos dolorosísimos.

Bien lo sé. La nota alta de un alumno es una celebración para el maestro; la baja, una tristeza que no amaina.

Un alumno que nos quiere es como un hijo bueno que nos da un beso. El que hoy no nos quiere, es también un hijo, pero a este, ante la indiferencia pasajera y el malentendido, hay que demostrarle todavía más que es una parte grande de nosotros mismos. Después, él sabrá que no lo hemos descuidado ni cuando ya gana premios, y la virtuosidad de su labor la lleve como sello. Su trascendencia es la mayor recompensa.

Eso es el aula. Saber que en ella hay muchachos talentosos, otros con más calma para el análisis, extrovertidos, de mundo interior estricto, francos, vanidosos, disciplinados, irrespetuosos, callados, habladores... en larga lista que no acaba, como la repetición de cualquier familia que, reconociendo sus virtudes y defectos tal caleidoscopio humano, salva por encima de todo su mayor poder: la unión.

A los docentes de todas las enseñanzas, los viejos y los nuevos, a quienes han salido de los pedagógicos, de las aulas universitarias, de los planes de formación emergente, de los centros de trabajo, va la felicitación por ese empeño que no cesa de animar inteligencias, templar voluntades y asegurar el futuro, porque una vez más Martí, el Maestro es un creador.

NO DECAER

NO DECAER

La luz que irradia nos alumbra todos los días, nos conmueve, nos complace, nos obliga a no decaer, a quererla como a una madre, a sentirla parte de nuestro ser. Está ahí, presente siempre, cabalgando junto a todos, con admisibles dosis de tesón y sacrificio, de infinito amor y dulce oficio. De sus alumnos del cuarto año de Periodismo, sede el Poligráfico.

AYUDARNOS MUTUAMENTE

AYUDARNOS MUTUAMENTE

Profe: En la vida de estudiante una siempre se queda con el recuerdo de quien le enseña mejor, de quien deja una marca en ti, de casi todos tus maestros. Guardo con gran agrado el recuerdo de mi maestra de primer a cuarto grado, los de quinto y sexto, y alguno que otro de la secundaria. En el preuniversitario es la etapa en que piensas que el mundo es tuyo y que no necesitas de los maestros; así y todo estos nos ayudan y nos dan en cada clase lo mejor de sí. La Universidad es un recinto de adultos, donde la primera impresión que tuve es que estaríamos como en una jungla, donde prima la ley de la supervivencia. Entonces usted en cada encuentro trató de que funcionáramos como grupo, de que nos ayudáramos mutuamente, de una manera muy sutil, también nos enseñó a ser mejores personas, en este corto tiempo. Usted dice que no sabemos demostrar el cariño, ya le dije que mi mamá siempre me dice que quien más te quiere no es el que siempre te alaba con palabras melosas, es el que te lo demuestra con hechos. No es mi intención que este escrito sean un puñado de palabras melosas, simplemente deseo trasmitirle el cariño que usted siempre nos reclama y, aunque no siempre lo demostremos, todos le tenemos. Quiero que este Día del Educador sea un día muy especial para usted, que bien se lo merece. Muchas veces usted ha dicho que primero es madre y después lo demás, yo le diría que usted es madre, luego maestra. Las felicidades que usted se merece (muchísimas) le desea su alumna, Paula Companioni.

CONFIAR

CONFIAR

Profesora: Una vez más mi agradecimiento a usted por confiar en mí. Usted como profesora y como periodista nos ha dado confianza para enfrentar proyectos, para ser creativos, para buscar nuevos y más originales caminos. Todos recordaremos nuestros inicios en la profesión como momentos gratos gracias a usted. Un gran abrazo, Rosario Alfonso Parodi.

GRACIAS

GRACIAS

Profe: Apenas tengo tiempo ahora, pero me sentí en la obligación de responderle en cuanto leí su correo. Más que obligación, sentí deseos de hacerlo. Muchas gracias por su apoyo y dedicación. Quiero que sepa que admiro mucho el trabajo que ha hecho con nuestro colectivo y su labor pedagógica. A pesar de los malos resultados que hemos obtenido de vez en cuando, hemos aprendido y eso es lo más importante. Muchas gracias por ayudarnos tanto en nuestra formación periodística y personal. Felicidades, ha hecho un gran trabajo, porque lo ha hecho con amor. Felicidades también por el Día del Maestro, el próximo 22. Con cariño, Mónica Baró.