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Isla al Sur

Regalos

LAS MUJERES……

LAS MUJERES……

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Si aún no has pasado el bisturí por tu piel,
si no tienes implantes de silicona en alguna parte de tu cuerpo,
si los gorditos no te generan trauma,
si nunca has sufrido de anorexia,
si tu estatura no afecta tu desarrollo personal,
si cuando vas a la playa prefieres divertirte en el mar y no estar sobre una toalla durante horas,
si crees que la fidelidad sí es posible y la practicas,
si sabes cómo se prepara un arroz,
si puedes preparar un almuerzo completo,
si tu prioridad no es ser rubia a como de lugar,
si no te levantas a las 4:00 a.m. para poder alcanzar a hacerte el blower,
si puedes salir con saco de sudadera tranquila a la calle un domingo sin una gota de maquillaje en el rostro...

ESTÁS EN VÍA DE EXTINCIÓN.... ¡BIENVENIDA!

EL DULCE SABOR DE UNA MUJER EXQUISITA

Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies, si no
aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz. Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo, es aquella que con tan sólo una franca y abierta sonrisa y un buen consejo puede alegrarte la vida.

Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos, es aquella que sacrifica su sueño temporalmente por hacer felices a los demás.

Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes... Los que estamos fuera de foco somos los hombres) sino la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama. Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia, es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO.

Y un HOMBRE........UN HOMBRE EXQUISITO es aquel que valora a una mujer así...... Que se siente orgulloso de tenerla como compañera.... Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento... Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y atender tripones, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes...

La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser 'Muy machas' nos llevan gran recorrido... ¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el regalo solamente por la vistosidad de su empaque...!


 

MAMÁ...

MAMÁ...

Un regalo por el Día de las Madres.

ISABEL ALLENDE
 
Siempre que quieren hablar de madres en la televisión muestran mujeres con chicos en los brazos, sonrientes, dulces, cariñosas, sin  una pizca de cansancio, espléndidamente maquilladas y a eso agregan maravillosas frases de posters.
 
¡¡¡Mentiras!!! Las mamás no somos abnegadas amantes del sacrifico y aguerridas guerreras que todo lo pueden. (Aunque más de una vez queremos abarcar TODO).

Las mamás lloramos abrazadas a la almohada cuando nadie nos ve, pedimos anestesia en el parto. Pedimos disculpas cuando están dormidos por los gritos y enojos de la mañana, besamos sus caras cuando duermen y les decimos cosas bonitas aunque nadie se de cuenta.
 
Madres que en todos los idiomas, tenemos que poner el despertador a las 2 de la mañana para ir a buscarlos a una fiesta.
 
Madres que tenemos que poner el despertador a las 6 para estar listas a las 8 y por mas temprano que te despiertes se hace tarde.
 
Nos peleamos con el Papá que a veces ni tiene culpa de nada y regañamos a todos….

Cuando les decimos que no se peleen con ese compañerito que les dice ’enano’ o ’cuatro ojos’, y les damos toda clase de explicaciones conciliatorias, en realidad querríamos tener el cogote del pequeño verdugo entre nuestras manos.
 
Y también pensamos que la vieja de geografía es un mal bicho cuando les baja la calificación porque no saben cuántos metros mide el Aconcagua , el Nilo, o cuales son los municipios de tu estado, que, al final, a quién carajo le importa!. (Pero no lo podemos decir.)
 
No es que nos encante pasarnos horas en la cocina tratando de que el pescado no tenga sabor a pescado y disimulando las verduras en toda clase de brebajes, en lugar de tirar una hamburguesa a la plancha o un simple lonche.... Es que tenemos miedo de que no crezcan como se debe.
 
No es que nos preocupe realmente que se pongan o no un suéter.... Es que tenemos miedo de que se enfermen.
 
No es que los queramos más cuando se bañan.... Es que no queremos que nadie les diga roñosos, sucios y que huelen mal.
 
No lo hacemos por Uds. Lo hacemos por nosotras.

Porque ser mamá no tiene que ver con embarazos, pañales y  sonrisas de Mejoralito.
 
Tiene que ver con querer a alguien más que a una misma.

Con ser capaz de cualquier cosa con tal de que ustedes no sufran. NADA, nunca, jamás.

Aunque les gritemos, y los enojos y los golpes para corregirlos que nos convierten en malas madres y en brujas sin sentimientos.

Ustedes nos hacen felices.... cuando les encantan nuestras guatitas, las sopitas, cuando nos consideran sabias por contestar todas las preguntas de los concursos de la tele.

Cuando vienen llorando a gritos porque se rasparon la rodilla y nos dan la posibilidad de darles consuelo y curitas.
 
Cuando recién levantadas nos dicen, qué linda estás, mamá, cosa que casi nunca sucede.

Cuando nos proponen casamiento porque somos "SU NOVIA". (y lo disfrutamos mientras llega la primer noviecita que nos destierra de ese lugar).
 
USTEDES NOS HACEN MEJORES. (Aunque no se los digamos)
 
Nos dan ganas y fuerzas. Nos comeríamos un animal crudo antes de que les toquen un dedito del pie.
 
Nos lavamos la cara y salimos del baño con una sonrisa de oreja a oreja para hacerles saber que la vida es buena, aunque nos vaya como el reverendo carajo.... y estemos mas jodidas que nunca.....
 
Cantamos las canciones de "Las divinas" y de Patito Feo y vemos Bob Esponja y escuchamos a Jonas Brothers y compramos Notucid y Tempra y repasamos 5 000 veces la tabla del 2, la del 3, la del 8, y arreglamos el carburador para llevar a los chicos al fútbol, al inglés, a dibujo, a la psicóloga, a basquet, a volley, a danzas, a la casa de la amiga, al karate, a la maestra particular, al dentista, al médico, a comprar un pantalón, un vestidito...
 
Y armamos 24 bolsitas con anillitos y pulseritas y tratamos de que el pastel parezca un Pikachu y que el huevito parezca una cara feliz con la catsup.

Hacemos maquetas escolares y Disfraces o al menos lo intentamos hasta las 3 de la mañana.
 
Y nos buscamos otro trabajo y sacamos créditos y nos compramos libros y vamos al psiquiatra y al pediatra y a los videos y negociamos con los maestros y los acreedores y recortamos figuritas y estudiamos junto a ustedes ríos, provincias, las capitales de los países de Europa y nos ponemos lindas y nos enojamos y nos reímos y nos salimos de quicio y nos convertimos en la bruja y la princesa de todos los cuentos.....
 
Sólo y exclusivamente para verlos felices.

A NUESTROS HIJOS: VERLOS FELICES ES LO QUE NOS HACE FELICES.
 
Ojalá pudiéramos pegar el mundo con cinta scotch (como la lámpara que cayó en combate en la última guerra de la piyamada), para que fuera un lugar mejor para ustedes.
 
GRACIAS POR HACERME SU MAMÁ. GRACIAS POR HACERME TAN IMPORTANTE.
 
Gracias, por esas porquerías que hacen en el colegio con corchitos, sopas, semillas y palillos (que casi nunca entiendo para que sirven pero guardo religiosamente)
 
Gracias por los abrazos, los besos, las lágrimas, los dolores, los dientes de leche, las cartitas, los dibujos en la refri.

Gracias por los berrinches e insultos, por tantas noches sin dormir, los boletines, las plantas rotas del jardín por jugar a la pelota, Por mi maquillaje arruinado por ser usado para jugar a la mamá, por las fotos de la primaria...
 
Son mis mejores medallas.

Gracias porque LOS AMO mas que a mi VIDA.
 
Y ese, es el amor que me hace grande.

Lo demás es "marketing".

AMAR O DEPENDER

AMAR O DEPENDER

Tomado del libro: ¿Amar o depender?, del psicólogo Walter Riso.

Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos; joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura.

Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, le dijo:

-Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor: estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia, y sin más ropas que las que llevo puestas. Ésa es mi dote.

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar y le dijo al joven plebeyo:

-Tendrás tu oportunidad: si pasas la prueba, me desposarás.

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando, la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos.

Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca alcanzó al joven plebeyo y le preguntó:

-¿Qué fue lo te que ocurrió?, estabas a un paso de lograr la meta. ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?

Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, el joven plebeyo contestó en voz baja:

-No me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor.

El merecimiento no siempre es egolatría, sino dignidad. Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a otra persona, cuando decidimos compartir la vida, cuando abrimos nuestro corazón de par en par y desnudamos el alma hasta el último rincón, cuando perdemos la vergüenza, cuando los secretos dejan de serlo, al menos merecemos comprensión.

Que se menosprecie, ignore o desconozca fríamente el amor que regalamos a manos llenas es desconsideración o, en el mejor de los casos, ligereza. Cuando amamos a alguien que, además de no correspondernos, desprecia nuestro amor y nos hiere, estamos en el lugar equivocado. Esa persona no se hace merecedora del afecto que le prodigamos.

La situación es clara: si no me siento bien recibido en algún lugar, empaco y me voy. Nadie se quedaría tratando de agradar y disculpándose por no ser como a la otra persona le gustaría que fuera. No hay vuelta de hoja. En cualquier relación de pareja que tengas, no te merece quien no te ame, y menos aún, quien te lastime. Y si alguien te hiere reiteradamente sin "mala intención", puede que te merezca, pero no te conviene.

 

LOS MAPAS DEL ALMA NO TIENEN FRONTERAS (FRAGMENTO)

LOS MAPAS DEL ALMA NO TIENEN FRONTERAS (FRAGMENTO)

EDUARDO GALEANO

Los mapas del alma no tienen fronteras, y yo soy patriota de varias patrias. Pero quiero culminar este viajecito por las tierras de la región, evocando a un hombre nacido, como yo, por aquí cerquita.

Paradójicamente, él murió hace un siglo y medio, pero sigue siendo mi compatriota más peligroso. Tan peligroso es que la dictadura militar del Uruguay no pudo encontrar ni una sola frase suya que no fuera subversiva y tuvo que decorar con fechas y nombres de batallas el mausoleo que erigió para ofender su memoria.

A él, que se negó a aceptar que nuestra patria grande se rompiera en pedazos; a él, que se negó a aceptar que la independencia de América fuera una emboscada contra sus hijos más pobres, a él, que fue el verdadero primer ciudadano ilustre de la región, dedico esta distinción, que recibo en su nombre.

Y termino con palabras que le escribí hace algún tiempo:

1820, Paso del Boquerón. Sin volver la cabeza, usted se hunde en el exilio. Lo veo, lo estoy viendo: se desliza el Paraná con perezas de lagarto y allá se aleja flameando su poncho rotoso, al trote del caballo, y se pierde en la fronda.

Usted no dice adiós a su tierra. Ella no se lo creería. O quizás usted no sabe, todavía, que se va para siempre.

Se agrisa el paisaje. Usted se va, vencido, y su tierra se queda sin aliento.

¿Le devolverán la respiración los hijos que le nazcan, los amantes que le lleguen? Quienes de esa tierra broten, quienes en ella entren, ¿se harán dignos de tristeza tan honda?

Su tierra. Nuestra tierra del sur. Usted le será muy necesario, don José. Cada vez que los codiciosos la lastimen y la humillen, cada vez que los tontos la crean muda o estéril, usted le hará falta. Porque usted, don José Artigas, general de los sencillos, es la mejor palabra que ella ha dicho

 

CARITATE DIVORCÍSTICO

CARITATE DIVORCÍSTICO

Tomado de: Semanario Opus Habana, Vol. V, No. 22/2008

EMILIO ROIG DE LEUCHSENRING,
Historiador de la Ciudad desde 1935 hasta su deceso en 1964.

Hoy, sin estridencia, sin escándalo, sin derramamiento de sangre y hasta sin ojos amoratados ni vajilla destrozada, las incompatibilidades y las infidelidades se liquidan con un sencillo y simple procedimiento de divorcio.

El costumbrista que, como este Curioso Parlanchín, ejerce activamente su profesión, se ve obligado a tratar los temas más disímiles si es que quiere recoger y comentar todas aquellas cuestiones que, en relación con las costumbres públicas y privadas, le ofrece la vida diaria de su país en particular, y de la humanidad en general.

Así, tan pronto hablará de las actividades abiertas u ocultas de políticos y gobernantes, como de las nuevas modas que en su indumentaria callejera y playística han adoptado las chiquitas de sociedad de nuestro tiempo; y si hoy estudia las causas que han motivado la desaparición del sombrero de copa o del malakoff  tratará de descubrir cuáles son el pensamiento y el sentimiento de nuestra juventud en relación con las libertades de que hoy disfruta ésta casi desde la cuna…

Tal variedad de temas, si bien obliga al costumbrista a llevar una vida tan agitada como la de cualquier pasajero de una guagua habanera o de un carro loco de parque de diversiones, tiene la ventaja de proporcionar a sus artículos interés y amenidad inagotables, ya que el lector no podrá aburrirse con el plato único, que aunque sea faisán, bien pronto repugna.

Como buena prueba de cuanto decimos ha de recordar el lector que haya tenido la paciencia de distraer sus ocios o su vagancia leyendo semanalmente estas Habladurías, que las últimas publicadas han versado sobre asuntos tan diversos como son los accidentes automovilísticos, los niños, el cubano, avestruz del trópico, el bodeguero, las mujeres y los lances de honor, simpáticos y pesados…

Hoy hablaré de amores, de amores modernos, naturalmente, y del matrimonio, del matrimonio contemporáneo, como es lógico.

Y al hablar del amor y del matrimonio de nuestra época, es indispensable referirse al divorcio, ya que hoy en día no existe amor ni existe matrimonio, sin divorcio, y el divorcio es el complemento inevitable del amor y del matrimonio, y el mayor aliciente que ofrecen uno y otro.

No voy a plantear aquí problema alguno sobre la bondad o maldad del divorcio, pues ya éste es una institución desde hace años incorporada y adaptada a nuestras costumbres, que ha venido a resolver de una manera suave, civilizada y humana los conflictos a veces estrepitosos y cruentos que fatalmente han de presentarse entre hombre y mujer cuando éstos toman la grave y trascendental resolución que antaño tomaban de unirse para toda la vida y hasta la muerte, y efectivamente, como no había otra manera de romper esos lazos, que por indisolubles se convertían en horribles cadenas y torturantes grilletes, se acudía al crimen. Hoy, sin estridencia, sin escándalo, sin derramamiento de sangre y hasta sin ojos amoratados ni vajilla destrozada, las incompatibilidades y las infidelidades se liquidan con un sencillo y simple procedimiento de divorcio.

Pero el criollo no puede dejar de ser criollo, llevando su cubaneo o cubicheo a todo lo que utiliza en su vida, y por eso tenemos que ha matizado el divorcio de curiosísimas modalidades, de acuerdo con su carácter y modo de ser. En otros países, donde el divorcio tiene vida larga y estable, a través de muchas generaciones de hombres y mujeres, éstos hacen uso de él para romper el vínculo matrimonial que los unía, normalizar la vida futura de uno y otro cónyuge y las de sus hijos, resolviendo, además, la adecuada repartición de bienes habidos antes o después del matrimonio.

Para eso se ha creado desde hace siglos el divorcio y con esos fines se echa mano de él cuando a la vida en común entre un hombre y una mujer se hace imposible, o cuando a uno y a otro o a uno de ellos solamente les conviene separarse; pero criollos y criollas han pensado que además de utilizar el divorcio para resolver los conflictos matrimoniales deben usarlo para la satisfacción de su amor propio supuestamente ofendido por el otro cónyuge o por la familia de éste, o sea para dar caritate a su ex compañero o ex compañera.

Todos saben, si son criollos o extranjeros aplatanados, lo que significa entre nosotros dar caritate, porque el que más o el que menos ha dado caritate alguna vez en su vida, ya de novio, ya de casado, ya de divorciada, y hasta de viudo.

(He dicho que también pueden dar caritate un viudo o una viuda porque, aunque la definición de esta frase criolla es «lo que hace un amante reñido, cuando pasea con pareja distinta de la otra» según el más moderno Vocabulario Cubano, de Constantino Suárez, abundan los hombres, y especialmente las mujeres, que después de haber perdido a su "inolvidable cónyuge" se meten en nuevas aventuras amorosas matrimoniales y utilizan al difunto o la difunta para provocar los celos del nuevo amante, o sea para darle caritate a éste sacando a relucir los méritos y las virtudes del ex cónyuge fallecido, oleado, sacramentado y sepultado).

Hecha esta necesaria digresión, entraremos de nuevo en materia, o sea, en caritate divorcístico.

En el caso, o mejor dicho los casos, en que el esposo o una esposa criollos se quiere divorciar y desea conseguir la conformidad de la otra parte, para plantear el divorcio por mutuo consentimiento, o si esto no es posible, lograr que la otra parte acceda y se allane a la demanda, lo primero que necesita es convencer a su cónyuge que no hay otro amor por medio y no pretende contraer un nuevo matrimonio, porque con sólo que se imagine estas cosas el cónyuge demandado, ha de oponerse tozudamente al divorcio, no porque desee continuar la vida matrimonial, ni porque ame a su cónyuge, sino simplemente por darle caritate a éste, no facilitándole el medio de constituir nueva pareja y nuevo hogar.

Precisamente me contaba días pasados un notable abogado en ejercicio —porque también los hay fuera de ejercicio, o ex abogados, o que no tienen de tales abogar dos más que el título en la tarjeta y en la plancha a la puerta de la casa— la frecuencia con que los esposos o esposas concurren a los bufetes para que se les tramite el divorcio. El abogado realiza las gestiones oportunas a fin de lograr la aceptación de la parte adversa. La consigue. Ambos cónyuges hacen ver al abogado sus deseos de que el divorcio se tramite rápidamente. Todo marcha sobre ruedas, con un exceso de velocidad sólo comparable al de los automóviles criollos. Pero un buen día, se presenta en el bufete, nerviosa, inquieta, agitada, la esposa, demandante o demandada. El abogado, al verla, creyendo que desea de mayor impulso aún a la terminación del divorcio, le participa que ya está para fallarse satisfactoriamente a los deseos de uno y otro cónyuge. Pero, entonces, la esposa le participa que ya no quiere divorciarse, que hay que retirar la demanda e impedir a todo trance que se disuelva el vínculo matrimonial. El abogado interroga qué ha ocurrido.

— ¿Qué ha ocurrido?— contesta la cliente. Pues que he averiguado que mi marido sólo pretendía divorciarse para contraer matrimonio con Fulanita, su novia desde hace tiempo; y eso si que no lo aguanto yo, ni me presto a darle gusto haciendo el papel de Canuta! ¡Ya no me divorcio!

Esta misma actitud de caritate la suelen adoptar los maridos cuando se enteran que su mujer quería o aceptaba el divorcio para casarse con otro hombre.

Pero hay otra modalidad del caritate divorcista:

Marido y mujer, a petición de uno de ellos, llevan a cabo su separación, amigablemente, sin dificultades de ninguna clase. Y logran el divorcio.

Mas, enseguida qua están oficialmente separados, uno y otro se sienten presos de un ansia incontenible por contraer nuevos matrimonios. ¿A qué se debe esta fiebre matrimonial? ¿Era tan fina su sensibilidad amorosa que apenas salidos de un amor tenían que entrar en otro? ¿De tal modo se habían acostumbrado a la vida matrimonial, que les era imposible pasar solos unos meses sin compañía de la cara mitad del otro sexo?

Nada de eso. Esa violenta erupción matrimonial era motivada exclusivamente por el propósito de uno y otro de los esposos divorciados de darle caritate a su compañero, haciéndole ver, y haciendo ver al público, que lejos de haber lamentado el divorcio, cada uno se encontraba encantado de la vida, aunque la procesión estuviese por dentro; tan encantados que se disponían a formar nuevos hogares, demostrando ambos, así, que entre ellos todo interés amoroso había desaparecido, y eran dos extraños, preocupados en reconstruir su vida, uniéndose cada uno al nuevo ser amado.

En estos casos de caritate divorcístico, suele acontecer que alguno de los cónyuges necesita dar carreras en pelo en busca de un hombre —una mujer— que esté dispuesto a comprometerse en matrimonio en un dos por tres, a fin de que no transcurra mucho tiempo después de anunciado el divorcio sin que se haga publica también la noticia del nuevo matrimonio, y el publico se trague que este enlace estaba preparado de antemano, pues de lo contrario no tendría efectividad el cariitate que cada uno de los esposos quiere dar al otro y ambos a sus amistades y conocidos.

Desde luego que estos nuevos matrimonios, sin más base ni finalidad que dar caritate, suelen resultar matrimonios en que están siempre marido y mujer a la que se te cayó o de huye que te cogen, y no es raro terminen en un nuevo divorcio, con caritate también.


PERIODISTAS EN VÍAS DE EXTINCIÓN

PERIODISTAS EN VÍAS DE EXTINCIÓN

IGNACIO RAMONET

Tomado de: http://www.dlh.lahora.com.ec/

La gente se pregunta a menudo sobre el papel que desempeñan los periodistas. No obstante, los periodistas están en vías de extinción. El sistema ya no quiere más periodistas. En este momento, puede funcionar sin ellos o, digamos, con periodistas reducidos a meros obreros de una cadena de montaje, como Charlot en la película "Tiempos Modernos", es decir, meros trabajadores que hacen retoques en los partes de agencia. Es necesario ver lo que son las redacciones actuales, tanto en los periódicos como en las radios y las televisoras. La gente conoce a los periodistas famosos que presentan los telediarios de la noche, pero detrás de ellos se esconden miles de periodistas que, sin embargo, son los que alimentan la maquinaria.

La calidad del trabajo de los periodistas se encuentra en regresión, al igual que su estatus social. Se está produciendo una taylorización del trabajo de los periodistas.

En nuestro tiempo, el periodista está en vías de desaparición. Pienso que es un tema de actualidad y todos somos conscientes de que lo que se está produciendo hoy en día, especialmente en el ámbito de las nuevas tecnologías, concierne directamente a esta profesión.

Teóricamente, hasta ahora, se podía explicar el periodismo de la siguiente manera: el periodismo tenía una organización triangular: el acontecimiento, el intermediario y el ciudadano. El acontecimiento era transmitido por el intermediario, es decir, el periodista que lo filtraba, lo analizaba, lo contextualizaba y lo hacía repercutir sobre el ciudadano. Esa era la relación que todos conocíamos. Ahora este triángulo se ha transformado en un eje. Está el acontecimiento y, a continuación, el ciudadano. A medio camino ya no existe un espejo, sino simplemente un cristal transparente. A través de la cámara de televisión, la cámara fotográfica o el reportaje, todos los medios de comunicación (prensa, radio, televisión) intentan poner directamente en contacto al ciudadano con el acontecimiento.

Por tanto, se abre camino la idea de que este intermediario ya no es necesario, que uno ya puede informarse solo. La idea de la autoinformación se va imponiendo. Es una tendencia ciertamente peligrosa. Ya he tenido ocasión de desarrollarla, porque se basa esencialmente en la idea de que la mejor manera de informarse es convertirse en testigo; es decir, este sistema transforma a cualquier receptor en testigo. Es un sistema que integra y absorbe al propio testigo en el suceso. Ya no existe distancia entre ambos. El ciudadano queda englobado en el suceso. Forma parte del suceso, asiste a él. Ve a los soldados norteamericanos desembarcando en Somalia, ve a las tropas del señor Kabila entrando en Kinshasa. Está presente. El receptor ve directamente y, por tanto, participa en el acontecimiento. Se autoinforma. Si hay algún error, él es el responsable. El sistema culpabiliza al receptor, y éste ya no puede hablar de mentiras, puesto que se ha informado por su cuenta.

De la misma manera, el nuevo sistema da por buena la siguiente ecuación: "ver es comprender", lo cual puede parecer muy racional. Podemos decir que la racionalidad moderna, derivada del Siglo de las Luces, se ha construido en contra de esta ecuación. Ver no es comprender. Sólo se comprende con la razón. No se comprende con los ojos o con los sentidos. Con los sentidos, uno se equivoca. Por tanto, es la razón, el cerebro, el razonamiento, la inteligencia, lo que nos permite comprender. El sistema actual conduce inevitablemente o bien a la irracionalidad o bien al error.

BODAS PARA TODOS LOS GUSTOS

BODAS PARA TODOS LOS GUSTOS

Además de la iglesia de moda, son requisitos indispensables para que la boda tenga el carácter de boda distinguida, el previo anuncio en las crónicas sociales del día, templo y nombre de los padrinos y testigos; la selección de estos últimos entre sujetos de postín, bien conocidos en la ciudad por su posición política o económica; y la descripción a posteriori, de la ceremonia, por los compañeros cronistas.

Tomado del Semanario Opus Habana, Vol. V, No.15/2008

EMILIO ROIG LEUCHSENRING,
Historiador de la Ciudad desde 1935 hasta su deceso en 1964

En mis  Habladurías anteriores te ofrecí, lector, describirte en una próxima el apoteósico acto de la boda, tal y como acostumbra celebrarlo la gente bien en esta ciudad de La Habana, antigua villa de San Cristóbal, y hoy sede del más costoso e inútil Capitolio del mundo.

Aunque no faltan personas modernistas y poco liosas que tienen el mal gusto de casarse por el Juzgado o por lo notarial, todo buen habanero, que se precia de persona distinguida y elegante y quiere dar a su boda la fastuosa y rimbombante solemnidad que tan trascendente acto siempre tuvo entre nosotros, se casa por la iglesia y en una iglesia de moda. Además de la iglesia de moda, son requisitos indispensables para que la boda tenga el carácter de boda distinguida, el previo anuncio en las crónicas sociales del día, templo y nombre de los padrinos y testigos; la selección de estos últimos entre sujetos de postín, bien conocidos en la ciudad por su posición política o económica; y la descripción a posteriori, de la ceremonia, por los compañeros cronistas.

Pero, aún cubiertos todos estos requisitos, las bodas se clasifican en las cuatro siguientes categorías:

Primera.-Boda del Gran Mundo.

Segunda.-Boda Elegante.

Tercera.-Boda Íntima.

Cuarta.-Boda… a secas.

Esta clasificación ha sido impuesta por los cronistas sociales, según las reglas que dictó durante sus largos años de labor periodística Enrique Fontanills, el máximo cronista social de todos los tiempos, y que hoy son aceptadas y seguidas, como artículos de fe, por sus sucesores en las crónicas de los diarios capitalinos.

La boda del gran mundo es el desiderátum de las bodas: se celebra en la iglesia más a la moda, que estará suntuosamente decorada por el jardín más carero, el que estrenará un adorno confeccionado expresamente para dicha boda; entre los testigos figurarán los jefes del Estado, secretarios del Despacho, senadores, banqueros, jefes de distritos militares, hacendados y títulos nobiliarios. Los cronistas sociales irán anunciando desde un mes antes todos los detalles de la boda, y al día siguiente de celebrada le consagrarán la crónica entera, con retratos de los novios o de la novia con sus damas de honor, lista de asistentes y de regalos. Es imprescindible que en toda boda del gran mundo los novios vayan a pasar su luna de miel en el extranjero, Europa, especialmente, pues ya con las facilidades económicas actuales en problemas de viajes, cualquier tino que se consigue dos pesetas prestadas puede darse el pisto de pasar una semana en los Estados Unidos, aunque no llegue más que hasta Miami, o se dé un brinco al mismo Nueva York.

La boda elegante no deja de ser bastante notable, con iglesia de moda decorada por cualquier jardín de La Habana; pero entre los testigos no figurarán los altos personajes que aparecían en la boda del gran mundo, sino únicamente subsecretarios del Despacho, representantes, comerciantes o industriales de relativa importancia y no muy cuantioso capital, comandantes o capitanes... Merecerá de los cronistas no más de media crónica o tres cuartas de ídem, con el retrato de la novia. La luna de miel: en los Estados Unidos o en alguna finca cercana a esta capital.

La boda íntima es una boda a la que no ha asistido casi nadie; ausencia de público que se trata de justificar alegando luto reciente, viaje precipitado o cualquier otra circunstancia en la que nadie cree. Como es natural, los cronistas no pueden ofrecer relación de asistentes, para no descubrir el fracaso de la ceremonia, limitándose, por tanto, a la relación de padrinos y testigos y al correspondiente anuncio del modisto que confeccionó el traje de la novia y del jardín que preparó el ramo nupcial. Tampoco se habla de viaje de boda, porque, no lo hubo, ya que los novios pernoctaron en su propia casa o departamento o en algún hotel.

La boda, sin más adjetivos, es la que se celebra en cualquier iglesia o por lo notarial, y de ella sólo quedará en las crónicas el simple registro del suceso, sin retrato. Bueno, los que así se casan puede decirse que casi no están casados.

Explicadas ya las diversas categorías de bodas criollas, me parece oportuno que me acompañes, lector, a asistir a una boda del gran mundo o a una elegante, prescindiendo por completo de las bodas íntimas o las bodas…  a secas, ya que ni una ni otra merecen que tú y yo nos molestemos en presenciarlas.

Nos presentaremos en la iglesia media hora después de la señalada en las invitaciones para comenzar el acto, pues, dada la impuntualidad criolla, los novios nunca se presentan en la iglesia sino ya cerca de las 10 de la noche, si es que la boda estaba fijada para las 9. Pero desde temprano si concurre a coger puesto, apiñándose a ambos lados de la puerta principal del templo, heterogénea y compacta muchedumbre, integrada por cocineras, criadas, familias del barrio y transeúntes, gentes todas que por no tener esa noche otro esparcimiento más interesante o económico se han aglomerado allí para ver desfilar a novios e invitados, como podrían estacionarse frente a una casa de socorro en espera de la camilla que conduce a la mujer que su amante celoso le pegó un tiro, al guapo víctima de varias puñaladas de algún rival, o al infeliz arrollado por una guagua o una bicicleta. Estas bodas del gran mundo o elegantes ofrecen al populacho el atractivo singular de conocer de cerca de personajes políticos o gubernamentales que por la importancia de sus cargos no se dejan ver sino de sus íntimos, siendo imposible que los simples ciudadanos lleguen hasta ellos, pues sólo pueden lograrlo aquellos privilegiados que gozan del derecho de mampara y son conocidos de los guardaespaldas que los acompañan de la mañana a la noche, a fin de proteger sus preciosas existencias para bien de la patria, que tanto los necesita y por la que tanto se sacrifican.

Antes de entrar en la iglesia, nos detendremos, lector, unos minutos entre este populacho para oír los interesantes y muy singulares comentarios que suelen hacerse sobre los personajes asistentes a la boda, sacándoles a relucir todas sus trapisonderías públicas y privadas, hasta dejarlos poco menos que en paños menores o en vestimenta de baños de sol, no más vestidos que lo que aparecen muchas de las damas y damitas concurrentes a la boda, según el certero comentario que oí en cierta ocasión a una vieja morena cocinera que, con su jaba con sobras de la comida al brazo, presenciaba una boda del gran mundo: «—¡Avemaría! ¡Que traje!— exclamó. «Si parece que va en ropa de acostarse. En mi época las niñas se vestían más decente!»

Ya dentro de la iglesia, se ven a ambos lados de la nave central, hombres y mujeres, de alta etiqueta, ya sentados en bancos o sillas, ya de pie, conversando animadamente sobre la ceremonia que va a realizarse, y descuartizando, con no menos crudeza que el populacho de puertas afuera, a los novios, a sus familias, a los padrinos, a los testigos y a los demás asistentes. Menudean las anécdotas y detalles sobre la posición económica de los futuros esposos, forma en que se comprometieron, aventuras amorosas del novio, flirts, malos pasos y otros accidentes de la novia, acompañado todo ello de chistes de diversos colores, pero principalmente verdes y rojos.

Mientras los novios y sus acompañantes desfilan por la senda orlada de flores, que conduce de la puerta de la iglesia al altar mayor, las mujeres hacen trizas el traje de la novia y desenmascaran el aire tímido, de gacela sorprendida, que ésta ha adoptado, calificándola unas amigas de pazguata, y otras de hipócrita; o bien atribuyendo a frescura y desfachatez, su actitud natural y sonriente, compadeciendo al novio por la perla que se lleva, y asegurándole muchos quebraderos de cabeza si desde el primer día no se pone bien los pantalones y mete en cintura a la chiquilla vampiresa. Los hombres no se quedan a la zaga con las críticas aunque en el fondo envidien al novio por lo despampanante que está su novia y la buena plata que posee el suegro o las influencias que tiene en las esferas gubernamentales. Y no falta quien pondere lo anticuado del frac color de ala de cucaracha tiernecita, que viste el padrino de la boda, o si algún nuevo rico o personaje improvisado ha tenido la ocurrencia de presentarse de chaqué o de frac con chaleco de colores o corbata negra…

Y así pasa el tiempo, sin que los concurrentes se preocupen en lo absoluto de la ceremonia nupcial que se desarrolla en el altar mayor.

Ya «unidos para siempre», o hasta que se divorcien, regresan los novios de brazo, repartiendo sonrisas y saludos y recibiendo los parabienes, casi siempre hipócritas, de sus amistades. Fuera del templo, el público se empina para mejor ver a los novios. Hay tropiezos y estrujones entre el populacho y la gente distinguida. Los vigilantes, a golpes de clubs contra la acera, demandan paso libre.

Las máquinas recogen a sus empingorotados dueños. Un policía de a caballo hace evoluciones de picadero en su afán de mantener el orden, mientras otro requiere a un negrito que ha pretendido salirse de la fila para mejor contemplar al senador Fulano.

«—Oye tú, chiquito, corre pa´lla, que estás estorbando».

NO BASTA EL CONOCIMIENTO

NO BASTA EL CONOCIMIENTO

Tomado de: http://www.eltiempo.com/  

FRANCISCO CAJIAO,
columnista de El Tiempo, Bogotá, Colombia.

El pensamiento de los niños necesita espacio para crecer sin barreras.

En la experiencia cotidiana es fácil encontrar gente que sabe mucho y piensa poco. Hay personas capaces de desempeñarse con eficiencia en trabajos complicados de nivel técnico o profesional, cumpliendo todas las exigencias y caprichos de sus jefes, siguiendo meticulosamente cada procedimiento preestablecido, mostrando resultados cuantificables de sus acciones y dando cuenta de cada una de sus actividades. Pero esto no garantiza que piensen más allá de lo inmediato. Incluso, en los altos estrados de la academia pueden encontrarse profesores universitarios que recitan citas extensas en diversas lenguas, reproducen con enorme habilidad teorías complejas y dominan datos y cifras a granel, pero algo nos dice que todo eso tiene un olor a ropa prestada porque cuando actúan no parece que tanta erudición se conecte con la vida.

En contraste, a veces encontramos personas sencillas, sin títulos académicos, sin presunciones intelectuales, que nos dicen cosas muy profundas sobre la vida, sobre el destino humano, sobre el acontecer público.

Es verdad que no usan palabras complicadas, pero muestran largas horas de diálogo silencioso consigo mismos y con su entorno. Digamos que son los que piensan mucho aunque no sepan tanto. Ya decía san Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas, que "no el mucho saber harta y satisface el ánima sino el gustar las cosas internamente".

Cabe preguntar si el sistema educativo les da a nuestros niños y jóvenes el espacio y la inclinación para pensar, de manera que hagan de su vida un proyecto propio y encuentren razones para sentirse parte activa de una sociedad de la cual son corresponsables. La respuesta no es sencilla, pues tampoco es fácil precisar qué es pensar. Algunos caen en la tentación de reducir el pensamiento a unas cuantas operaciones mentales verificables. Pero el pensamiento profundo se resiste al encasillamiento: puede surgir de repente cuando estamos en situaciones límite, tal vez mientras tomamos el sol en una playa o mientras vemos una telenovela.

Para algunos, requiere el silencio y el aislamiento, mientras a otros los asalta en medio del bullicio y la multitud. Tal vez una melodía especial o una obra de arte desencadenan una catarata imparable de reflexiones. A lo mejor una caricia o un abandono. Einstein, en su autobiografía, cuenta que su primera intuición sobre la relatividad surgió a los ocho o nueve años mientras montaba un caballito de palo e imaginaba qué sucedería si fuera un rayo de luz: en la escuela pasaba como un niño totalmente insuficiente.

Lo que es claro es que el conocimiento universal, el progreso científico, la creación artística y la reflexión filosófica surgen de personas que piensan mucho sobre aquello que saben y llegan a cosas nuevas que naturalmente no sabían ni tenían dónde aprender. Por estos días en que se realiza la Feria del Libro, surge la asociación con el pensamiento humano, que se condensa en millones de páginas que intentan atrapar ideas para hacerlas públicas, para convertirlas en patrimonio común. Pero sería fantástico saber cómo fue producido cada libro, cómo fue el proceso de pensamiento del autor, cuánto sufrió para encontrar palabras para su ensoñación o para su obsesión. Lo que sí podemos constatar es que allí, en la Feria, hay pensamiento poético, gráfico, histórico, matemático, filosófico, novelístico, religioso, culinario... y muchos pensamientos insulsos. Pero aun en la frecuente basura literaria se puede leer la necesidad de hacer públicos los soliloquios de seres humanos que más allá de repetir lo que otros han dicho se arriesgan a pensar por su propia cuenta, dejando en palabras un pequeño rastro de su paso por la vida.

Es claro que queremos que todos nuestros niños y niñas puedan saber muchas cosas, pero todavía más importante es encontrar maneras para que todos sus pensamientos encuentren espacio para crecer y fluir sin barreras, sin límites, sin clasificaciones y, sobre todo, sin tantas calificaciones.