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LA DEFENSA DE UNA HISTORIA SINGULAR

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Debido a la importancia histórica y arquitectónica de las ruinas de Angerona, es necesaria la conservación y preservación de ese monumento.

JOHANNA PÉREZ MARTÍNEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.     

En Angerona, a cinco kilómetros del municipio habanero de Artemisa, todavía se siente olor a café. Para el curioso viajero que trata de descifrar el encanto de estas ruinas, la historia sigue viva, es como si en “el pueblo de los esclavos” reinara aún el orden que un día logró convertir el sitio en el cafetal más grade de la Isla.

La diosa latina del silencio y la fertilidad de los campos, Angerona, presidió aquel subyugante lugar portador de historias y romances clandestinos.
  
Sobre una colina, Souchay construyó la casa principal. Su estilo neoclásico se apreciaba en el ritmo de los arcos y columnas de las fachadas. Junto a la casa, encontramos la tienda-vivienda de Úrsula Lambert y al fondo “el pueblo de los esclavos“, el cual tenía una reja que se abría cuando ellos se dirigían a trabajar y se cerraba al anochecer, cuando todos terminaban sus labores.
  
La antigua región del corral de San Marcos fue prominente; tal es así, que en aquella época era nombrada “el jardín de Cuba”, por la magnificencia de su cafetal.
  
Hoy, estas ruinas se yerguen firmes como las palmas que antecedían sus tierras. Quienes cruzan los todavía fuertes cimientos de aquella obra basada en amor, sienten como si todo estuviera presente: el barracón de esclavos, la torre vigía, los almacenes…

La historia de amor que condujo al cafetal

El amor fue dueño de Úrsula y Cornelio aquella tarde especial en que se vieron por primera vez.

Cornelio Souchay era un alemán de los tantos que se lanzaban a conquistar nuevos mundos. En 1807 vino a Cuba después de fracasar en otros lugares, atraído por las riquezas que el país poseía. Dos años más tarde, conoció a Úrsula Lambert, una negra haitiana procedente de Saint-Domingue, quien llegó a convertirse en su amante, pues la pasión sentida por ambos fue tan desmedida que logró el florecimiento de un verdadero amor.

Cuando Cornelio tuvo suficiente capital para lanzarse a un buen negocio, le compró a Blaza María Bosmeniel, en Cayajabos, 16 y un quinto de caballerías de tierras anteriormente dedicadas a la caña con el propósito de levantar en ellas un cafetal que después nombraría Angerona. 

Bautizado por el amor y por el orden que desde un inicio caracterizó al cafetal, Angerona empezó a crecer hasta convertirse en uno de los lugares más nombrados del país en esa época.

La estancia en 1818 tenía 200 mil cafetos y apenas diez años después se convirtió en el mayor cafetal de Vuelta Abajo con 43 caballerías de tierras y una producción anual de 2 500 quintales.

En ese período de florecimiento, la finca fue visitada por el escritor cubano Cirilo Villaverde, quien se hizo acompañar del paisajista Alejandro Moreau, por José A. Saco, José de la Luz y Caballero, el viajero norteamericano Abbiel Abbot, y la condesa de Merlín.

En el imperio haitiano-alemán los protagonistas se siguieron amando con la misma fuerza que el primer día, aun después de la llegada a Angerona de los parientes de Souchay. Cuando este murió, la Lambert se marchó sin reclamar un centavo de la renta que le había dejado su amante. Pero para los herederos de Cornelio, Úrsula no representaba nada, en ella nunca vieron la luz que por tanto tiempo había iluminado a aquel alemán que un día llegó a Cuba con el propósito de hacer fortuna.

Este enigmático sitio, patrimonio de todos los cubanos y en especial de los artemiseños, rescata un sin número de valores históricos, arqueológicos, arquitectónicos y constituye la fuente principal  creadora de las riquezas obtenidas por su dueño.

En1979 se comenzó en las ruinas un trabajo dirigido por la dirección del museo de Artemisa junto a las escuelas del municipio, pues los estudiantes, según explicó Rolando García, historiador de dicha ciudad y director del museo en aquel tiempo, limpiaban los alrededores para ir descubriendo detrás de cada escombro las bellezas que dotaba toda una construcción neoclásica de la primera mitad del siglo XIX.

Rescate de las ruinas
 

A partir de 1986,  la dirección del museo, en coordinación con la Dirección Municipal de Comercio, estableció un convenio en el lugar, el cual consistía en la apertura de un restaurante donde se promovería la vinculación de la cultura con la historia.   
 
Se ofrecían visitas dirigidas y dos turnos de almuerzo. Comercio se encargaba de preelaborar la comida y mandarla después a Angerona donde una vez terminada la visita, comenzaba a venderse los productos. Este proyecto se mantuvo de 1986  a 1993, pero comenzó a decaer debido a las dificultades enfrentadas durante los años más tensos del período especial  en el país, como explicó  Rolando  García.

Durante ese tiempo Angerona se mantuvo siempre limpio, la empresa de Servicios Comunales  de Artemisa también laboró  para que el sitio estuviera agradable y acogedor.

Después que esta opción recreativa finalizó, Angerona solo quedó para quienes un día lo quieren conocer, para todo el que se motive y decida caminar  y descubrir nuevamente  entre los escombros  los valores de esta ruina. Hoy el lugar enmudece, como señala la estatua de la diosa del silencio, testimonio de una época que solo el tiempo  y los hombres destruyeron.

Preservar el patrimonio

Martha Troncoso Hernández, directora del Museo de Artemisa, abordó una serie de proyectos que se están llevando a cabo respecto a Angerona, entre ellos el de animación socio- cultural que trata de rescatar la música, la danza y comida  tradicional, así como los talleres en coordinación con la Casa de la Cultura, y la participación de especialistas del Museo para divulgar la historia de este patrimonio local y  nacional.

La funcionaria, se refirió, además, a un proyecto de reparación, conservación y apuntalamiento de las ruinas por parte del Centro  Provincial de Patrimonio Cultural de la Habana.

Las ruinas del cafetal  Angerona, declaradas Monumento Nacional  de la República de Cuba el 31 de diciembre  de 2001 por su valor histórico, cultural y arqueológico, están más afectadas por el paso de los años, no solo por la inclemencia del tiempo, sino también por la indiferencia e ignorancia  de los hombres. Preservar las ruinas  es conservar la historia e identidad.

Debemos ir salvando y explorando áreas, tratar de hacer realidad cada uno de los sueños que muchos han manifestado. Aunque estas ruinas no son prioridad del Canal de Patrimonio, pienso ya es hora de llevar a cabo los proyectos que se han concebido respecto a ellos, teniendo en cuenta también que en breve cumplirán 200 años de existencia y necesitan la restauración que hace mucho no tiene, precisa ser limpiada, pues la hierba encima de la construcción, no deja que se descubran los secretos que aún se guardan entre sus rincones.

Si esto no se hace pronto, Angerona solo quedará en fotos, en libros, en leyendas, y las próximas generaciones no habrán tenido el placer de ver este lugar, que a pesar de los años encierra en sus alrededores una innegable belleza que solo la mano del hombre fue capaz de crear.

Ficha técnica:

Tipo de Reportaje: Estándar. 

Tema: El estado en que hoy se hallan  las ruinas  del antiguo cafetal  Angerona.

Tesis: La necesaria preservación de las Ruinas de Angerona por su  importancia histórica.  

Tipo de Título: Genérico

Tipo de Entrada: Descriptiva

Tipo de Cuerpo: Por  bloques temáticos

Tipo de cierre: De instancia a la acción

Estrategia de  fuentes:

Pasivas: Reportaje El romance de  Angerona, de Leonardo Padura; Archivo del Museo de Artemisa.

Activas: Martha Troncoso, directora  Museo Artemisa; Rolando García, Historiador de Artemisa; Ivón Amador, conservadora del Museo; custodios del  lugar.
                                           
                  



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