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UN HOMBRE PARA CONOCER

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Vida, trayectoria y sentimientos que definen la maestría de un talentoso y original periodista, Víctor Joaquín Ortega.

DAYNA ARENCIBIA LÓPEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Víctor Joaquín Ortega pudiera ser el nombre de un popular actor o más bien de un excelente campeón deportivo. Sin embargo, este cubano sencillo, locuaz y hasta zalamero, es considerado uno de los periodistas deportivos más avezados de Cuba.

Escritor, maestro, comenzó en el periodismo hace 44 años como jefe de las páginas deportivas de la revista Mella, y luego se enroló en la nómina de Juventud Rebelde, diario del que fue fundador. Más tarde, se destacó como político en una unidad creada durante la Crisis de Octubre. También dirigió las revistas de los CDR Mi Barrio y La Calle, fungió como colaborador de diversas emisoras de radio y televisión, además de ser corresponsal de guerra en Vietnam en el año 1972. Hoy asume la jefatura de redacción en la publicación Tribuna de La Habana.

Asimismo, Víctor fue profesor de varios cursos para estudiantes en Angola y Cabo Verde, y de la Cátedra de Periodismo Deportivo del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Ha alcanzado múltiples premios y menciones en concursos literarios y periodísticos del país, y también ha publicado 16 libros. Recientemente, impartió clases de periodismo deportivo a profesionales en Bolivia. 

-¿Qué lo motivó a estudiar esta carrera?

La familia es la célula fundamental para la formación del hombre, y la mía, en particular, desempeñó muy bien su papel. A mi papá le gustaba escribir y publicó dos libros de poemas. Así, me fue introduciendo en ese ambiente literario del cual me alimento cada día. A los cuatro años ya sabía leer y escribir.

Desgraciadamente, mi padre se hizo de dinero y se fue para otro país. Yo me quedé con lo mejor de él: su vida bohemia, su romanticismo y su afán de lucha contra Machado, pero no podía seguir sus pasos. Él se marchó, sin entender nunca mis ideas.

Mi vocación parte también de las escuelas donde estudié, pues mis profesores me inculcaron mucho el amor por la lectura. En particular, la doctora Otilia de la Cueva, a quien le debo muchísimo porque solidificó en mí la pasión por las letras, que traía desde la cuna. Más tarde tuve la oportunidad de compartir con ella varios programas de la Revolución. En una ocasión le prometí hacerle una entrevista, pero el tiempo me jugó una mala pasada: Otilia murió y no pude cumplir con ella.

-El entorno en el cual se desarrolló, ¿también incidió en su vocación periodística?

El divorcio de mis padres me llevó a convivir en el barrio de Cayo Hueso, que es mi pequeña patria. En ella aprendí a comprender más al pueblo, a andar entre negros, mulatos, blancos ”de orilla”, a bailar el guaguancó sabroso. Todo ese ambiente me ayudó mucho, pues sentí necesidad de escribir mis experiencias, inquietudes, ante todo aquello que vivía.

-¿Qué significó para usted ocupar un cargo político en la Crisis de Octubre, con solo 21 años?

Con aquella edad yo era un “rebelde sin causa” y por mi inmadurez no tenía absoluta conciencia de las cosas: me creía un pequeño héroe. Fue la UJC la que me envió como comisario político y así renació en mí la ansiedad de escribir. Durante todo el tiempo que estuve allí, llevé apuntes en una libreta sucia y enfangada, que no desprendía de mí. Y mis balbuceantes y sinceras líneas me posibilitaron incluirme luego en la nómina de la Revista Mella, como responsable de la página deportiva.  

-Usted asume una actitud impulsiva, e incluso agresiva en ocasiones, a la hora de escribir. ¿Es esa su técnica periodística?

Ciertamente, soy muy impulsivo y apasionado, tanto en el amor como en la lucha, y lo que está mal hay que decirlo y no se puede dar tantas vueltas. Eso me lo enseñó mi barrio. Jamás he hecho una crítica destructiva. Acepto que, en ocasiones, se me ha ido un poco la mano, pero no puedes elevar a alguien si no se lo merece.

-Como crítico deportivo, ¿cree que la prensa cubana es imparcial cuando Cuba fracasa en algún evento internacional?

La lectura y el deporte siempre han sido mis dos pasiones y esto me hizo dedicarme al periodismo deportivo. Amo a los atletas cubanos, pero no los justifico. Cuando un deportista o equipo determinado fracasa, hay que decirlo. Se debe saber perder sin justificaciones de ningún tipo, y tomar experiencias de esa derrota para enfrentar venideras batallas.   

-¿Cuál es su valoración sobre el periodismo cubano actual?

La prensa ha desempeñado un rol vital en la obra de la Revolución, y los periodistas cubanos han sido fieles a la Patria, al Partido y a Fidel. Pero creo que aún nos falta calidad humana y profundidad en el periodismo. Hay que saber cómo decir las cosas en el momento adecuado, pero ocurre que no todos los periodistas saben actuar así. Tenemos que saber dar informaciones no con dogmatismos, ni diciendo que todo está bien. No podemos ser bufones y ocultar la verdad con bufonerías. La prensa debe ser hermosa y profunda, no puede ser una pistola sin balas.

-En el año 1972 visitó Vietnam, ¿cómo fue su experiencia en esa nación?

Tuve la dicha de que me eligieran para ir a Vietnam como corresponsal de guerra, lo cual ha sido una de las cosas más grandes que me ha pasado en la vida. Fui a denunciar los ataques del imperialismo, no tenía duda de que los vietnamitas vencerían. Había que ver cómo luchaban, con qué fiereza defendían su patria. Ahí conocí por primera vez a Papá Noel. Los yanquis se vestían como este y se “presentaban” en hospitales, escuelas, fábricas, todos los lugares donde pudieran atraer a las personas, mayormente a los niños. Ahí mismo bombardeaban sin piedad alguna, como lo están haciendo en Iraq.

-¿Y su experiencia en Bolivia?

El maestro aprende más de los alumnos que el alumno del maestro. La vida me llevó a ser maestro y hasta escribí libros sobre técnica periodística. He tratado de enseñar, de forjar los nuevos valores. Lo he hecho en Angola, Cabo Verde y otros países. Pero antes de eso, impartí clases en Cuba y ahora tengo formados maestros excepcionales dentro del propio gremio.

En Bolivia pude apreciar todo el problema que se vive allí, con los cuales tiene que luchar el presidente Evo Morales. Además,  constaté que el Che está vivo, que no cayó en vano, y eso me hizo “rejuvenecer”. Me sentí muy bien siendo útil a esos periodistas bolivianos que por culpa del imperio no han podido desarrollarse. Por eso aporté mi granito de arena, me trataron con mucho cariño, y una atención que a veces uno no encuentra en su propio país. Esta labor para mi fue muy importante, trascendental.

-En su larga trayectoria, ¿cuál ha sido el momento más difícil que ha enfrentado?

El más difícil fue cuando tuve que enfrentar a mi padre, a quien adoraba, pero no comprendió mis ideas. Otro momento triste fue cuando me desactivaron de la UJC por tener varios romances a la vez. Y yo me pregunté: ¿si los grandes héroes los tuvieron, por qué yo no los iba a tener? Pero supe levantarme para seguir siendo el mismo comunista de siempre, y muchos de los que me criticaron, hoy están en Miami. Yo no traicioné a mi patria, estoy y estaré aquí hasta el día que muera, y aún después de muerto, seguiré en mi país.

En mi trayectoria laboral, quisiera destacar que yo todavía me siento miembro de Juventud Rebelde, porque su colectivo hace honor a su nombre, su periodismo encabeza la realidad cubana, y los defiendo donde quiera que esté, porque se lo merecen.

-¿Es feliz?

La felicidad es igual que la perfección, hay que luchar por ella todos los días. A veces,  cuando  crees que la alcanzaste, se te va, pero luego vuelve. Yo tengo a la Revolución, a Fidel, al Partido y en lo personal, soy un hombre de 65 años, muy saludable. Además, tengo a mi nieta Sandra, que es muy importante en mi vida, es muy buena, estudiosa y me hace feliz. He aprendido mucho de ella, me ha enseñado a entender a los jóvenes de esta generación. ¡Qué más puedo pedir!

Ficha Técnica:

Objetivo Central: Dar a conocer pasajes de la vida de este importante periodista.

Objetivo Colateral: Reflejar experiencias en su larga trayectoria laboral.

Tipo de entrevista:

Por su tipo: Clásica.

Por su contenido: De personalidad.

Por el canal que se obtuvo: Directa

Tipo de título: Genérico

Tipo de entrada: Biográfica

Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.

Tipo de cierre: De opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas: 

José Luis Estrada, periodista de Juventud Rebelde

José Alejandro Rodríguez, periodista de Juventud Rebelde

16/02/2008 19:55 islalsur #. Entre colegas


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