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IMPULSADO POR LA CURIOSIDAD

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A pesar de las dificultades materiales, la Universidad de La Habana es el centro que nuclea al grupo más fuerte y diverso de la intelectualidad cubana contemporánea, afirma Ernesto Altshuler, decano de la Facultad de Física.

MÓNICA RIBERO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Foto: IGNACIO PÉREZ QUINTANA

Ir tras las pistas que le permitan descifrar el lenguaje de la naturaleza, conocer los secretos que entraña y describir los fenómenos que en ella ocurren parece ser una necesidad para Ernesto Altshuler, físico y actual decano de la Facultad de Física de la Universidad de La Habana, quien ha desarrollado una fructífera carrera científica en los campos de la Superconductividad y de los Fenómenos Complejos.

Al conversar con este hombre, siempre acompañado por el humor y amante de la ciencia y el arte, por momentos nos parece que no es él quien habla, sino el niño curioso que vive en su interior.

-Usted trabaja la Física experimental, ¿siempre prefirió esa rama?

Digamos que sí. La Física es una sola, pero suelo autotitularme “Físico experimental”, para recalcar que hago trabajo de investigación directamente con las manos. En general, diría que hay dos grandes clasificaciones del experimento: una comprueba (o rechaza) una teoría o hipótesis previamente existente. La otra te lleva a un resultado totalmente inesperado, que no se conecta –al menos de forma directa– con ninguna teoría anterior. Ésta última situación, que es la que más disfruto, tiene su propio nombre acuñado en inglés: serendipity.

-¿Qué parte de su trabajo disfruta más?

Sin duda, concebir un nuevo terreno para empezar a explorar es algo muy interesante, pero hay un momento especial, donde el disfrute adquiere una intensidad suprema, y es cuando alguna idea hace “click”, encuentras de golpe una explicación, y se “arma el muñeco”. Es un momento en que hay un pico no sólo intelectual, sino emocional. Después viene el trabajo duro de nuevo: comprobar si el “click” era realmente un “click”. También es reconfortante el momento en que ves la publicación. Yo intento publicar todo lo nuevo que hago; en ese sentido soy disciplinado. Una vez me sorprendí a mí mismo publicando en Reviews of Modern Physics y, aunque es una contribución bien modesta si se le compara con los Nobel Lectures que suelen aparecer en la revista, no puedo negar que me ha dado una gran satisfacción.

-¿Qué opinión le merece la Universidad de La Habana?

A pesar de las dificultades materiales por las que atraviesa, es el centro que, por muchas razones, nuclea al grupo más fuerte y diverso de la intelectualidad cubana contemporánea. Es un lugar especial.

-En su opinión, ¿qué la distingue del resto de las universidades?

Lo que es especial de la Universidad de La Habana, además de su historia y de nuclear esa masa poderosa de la intelectualidad cubana, es el hecho de estar en el corazón de la urbe; debatirse en el centro de la sociedad cubana -o habanera, que es una muestra bastante representativa de la sociedad cubana-, con lo bueno y con lo malo que ello pueda traer consigo. Eso es algo que no la diferencia de todas las universidades cubanas, pero sí de una buena parte de ellas.

-¿Qué importancia le concede a la actividad docente?

Voy a hablar desde el punto de vista de mi caso personal. Cuando se hace ciencia impulsada por la curiosidad (en inglés le llaman curiosity driven), y que no es evidente que vaya a tener una utilidad social inmediata, la docencia es una compensación ideal; porque con ella estás haciendo una contribución social perdurable que llega a muchas personas quienes, a su vez, harán sus propias contribuciones. Eso, en el sentido puramente ético. Pero hay más.

Las preguntas más importantes de la ciencia son las más sencillas, como las que se hizo Albert Einstein. Él básicamente se sentó en la oficina de patentes donde trabajaba para ganar un salario, y se preguntó qué eran el espacio y el tiempo. Hay que ser muy valiente para eso, y como uno generalmente no es tan valiente como Albert Einstein, se va haciendo preguntas cada vez más específicas y se va convirtiendo cada vez más en un especialista de un pequeño campo de la ciencia.

Al impartir docencia, no puedes evitar volver a las cuestiones más generales. Los estudiantes, con toda la frescura y la inocencia del mundo, te hacen las preguntas “jodidas”, las que no querías oír, porque es demasiado difícil responderlas. Y en esa situación estás forzado a enfrentarte a ellas. Es muy importante impartir clases para no perder la perspectiva, el gran escenario de lo que es la ciencia.

Y hay un tercer elemento que tiene que ver con mis “inclinaciones artísticas”, y es que la clase es una actuación, es un momento de diversión, de humor, de capacidad de comunicación. Eso también lo disfruto mucho.

-¿Cuál es el nivel de la escuela de Física?

Hasta el momento, su nivel es digno si se le compara, incluso, con algunas escuelas o facultades de Física del mundo desarrollado. Esto no lo decimos nosotros, sino personas en lugares a los que hemos enviado maestrandos, doctorantes, investigadores a hacer intercambios. Nuestra Facultad se destaca en la enseñanza de pregrado y, en particular, en las asignaturas teóricas, porque en las experimentales está el problema de que tenemos menos recursos. En postgrado es donde quedamos detrás del mundo desarrollado, porque ahí sí son muy importantes los laboratorios, la información, las capacidades de cómputo…En ese sentido tengo que decir que la situación es crítica.

Aún así, gracias a la preparación general de nuestros estudiantes, podemos hacer papeles dignos en cualquier lugar. Por ejemplo, recuerdo la defensa de una tesis doctoral de un colega cubano a la que asistió Richard Catlow, un importante científico de la Royal Institution of Great Britain (Institución Real de Gran Bretaña), y en las conclusiones dijo que aquella tesis era de un nivel idéntico al de cualquiera similar en Gran Bretaña. Era, por cierto, una tesis que trataba de simulaciones computacionales donde el trabajo se había hecho entre Cuba y Gran Bretaña.

-Usted dice que la Facultad de Física se encuentra en un momento difícil, posiblemente el más difícil de su historia. ¿Por qué?

Más allá de las dificultades materiales conocidas, hay dos razones específicas a las que quisiera referirme. Por un lado, está el hecho de que la generación, digamos legendaria, la que cargó en sus hombros la construcción de la carrera de Física, está cerca de la edad de retiro. O sea, estamos próximos a una transición generacional -que no es un evento solamente de nuestra carrera; existe a nivel de la sociedad cubana- y no veo el relevo con nitidez en el horizonte. Tendremos relevo en la medida que la Universidad de La Habana y la sociedad cubana le puedan brindar a ese potencial relevo condiciones de trabajo apropiadas. Para ello es esencial, entre otras cosas, desburocratizarnos.

Lo otro es la dispersión, el problema geográfico: debido a la reparación del edificio de Física, la Facultad está dispersa por el campus universitario y es un reto mantener el optimismo y el sentido de unidad. Hasta ahora creo que lo hemos conseguido. Nuestra Facultad, en cuanto a cantidad de estudiantes, es la más pequeña de la Universidad de La Habana. Y para que algo perdure, se necesita una masa mínima, una masa crítica de personas –profesores y estudiantes incluidos. Uno de los peligros que debemos conjurar, es que Física “caiga” por debajo de esa masa crítica.

El eufemísticamente llamado Período Especial también fue un momento difícil, pero digamos que de una naturaleza diferente. Además de que la generación legendaria de la Facultad estaba aún lejana de la edad de retiro, la rápida y masiva apertura hacia la colaboración internacional de algún modo compensó las extraordinarias carencias materiales de aquellos años.

En este escenario, estoy haciendo todo lo que está a mi alcance para mantener la unidad de la Facultad e intentar garantizar un relevo digno. Lo estoy haciendo, desde luego, a costa de mi trabajo científico y docente, pero no me pesa. Solo la historia dirá si este servidor y otros decanos que me han precedido y que me seguirán, lograremos vencer finalmente los obstáculos.

-¿Cómo se enfrenta a las dificultades?

Trabajando muchísimo. Perdiendo el sueño en el sentido directo de la frase. Tratando de ser original ante un contexto original como en el que nos encontramos. Pero, si me preguntas por un sello personal, te diría que con humor. Altas dosis de sentido del humor a todas horas. Desarrollando la capacidad de burlarse de uno mismo. La leyenda dice que todo Decano de Física en algún momento pasa por el cuerpo de guardia del hospital Calixto García, ya sea porque le sube la presión, porque le da un patatús... un firme propósito que tengo es que no me pase eso. Pienso que el sentido del humor puede ayudar. Y si entro al “Calixto”, pues que sea por un ataque de risa.

-¿Los peligros para la carrera disminuirán cuando se tenga el edificio de Física?

Sí. Cuando lo tengamos, significará una gran renovación, porque será una instalación reparada, donde recobraremos el sentido geográfico de unidad. Tendremos locales nuevos y, con suerte, algunos equipos nuevos...la vida material no es lo más importante, pero como mismo a la gente le ilusiona tener una prenda nueva, al científico le ilusiona tener un instrumento nuevo para medir o un local apropiado para trabajar, por ejemplo. Eso que llamamos incorrectamente “pacotilla” existe, incluso, en el mundo científico.  Pienso que cuando pongamos un pie en el nuevo edificio de Física (¡sin haber bajado de la masa crítica!), habremos ganado una parte importante de la batalla por la continuidad. Sobre este edificio me gustaría decir, además, que no es sólo para los físicos: en  el cuarto piso hay lugar como para 500 ó 600 estudiantes de toda la Universidad; en sus laboratorios docentes reciben clases de laboratorio de Física nueve carreras universitarias. El edificio de Física es para toda la Universidad de La Habana.

-¿Reconoce en sus alumnos al estudiante que fue usted mismo una vez?

Yo diría que sí. En general, nuestros estudiantes vienen a estudiar la carrera  porque les gusta de verdad: eso para mí es muy importante. Aunque estudiar Física sea algo “loco, inútil” o cualquier otro cliché que se pueda pensar y que pueda llegar a ser cierto, me parece admirable que alguien se interese con pasión por algo que no es material. Yo veo a los estudiantes de Física que no andan por ahí todo el tiempo vigilando su peinado y su apariencia, que no andan constantemente detrás de las cosas materiales. Son, de algún modo, como monjes budistas, dedicados en cuerpo y alma a la Física; (¡y, por supuesto, a la búsqueda de novias en Química y otras facultades!). Yo no digo que eso sea perfecto, pero no puedo evitar sentirme identificado con esa visión de la vida.

-En la introducción a su libro A través de los ojos, dice que al científico le debe ser inherente la curiosidad. ¿El compromiso es con la curiosidad o debe trabajar por la aplicación de su trabajo?

Lo ideal es que las dos cosas converjan. Pienso que, según la personalidad del científico, a veces una prevalece sobre la otra. Para mí, que pienso que el arte y la ciencia son cosas equivalentes desde el punto de vista emocional, la curiosidad es fundamental. Aunque el súmmum de mi carrera científica sería hacer algún trabajo, algún descubrimiento que me motivara intensamente y que a la vez tuviera una extraordinaria aplicación práctica.

-¿Tiene algún sueño profesional?

Malas noticias para Hollywood: un sueño concreto, grandioso, nunca me lo he planteado; pero en mí el romance y la frescura de hacer ciencia se mantienen como si lo hubiera hecho. Sigue gustándome como el primer día.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

13/05/2008 23:54 islalsur #. Nosotros, los del 280


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