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SALIÉNDONOS DEL MÓDEM

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¿Significa la superabundancia de medios de comunicación más comunicación?

CRISTINA ESCOBAR DOMÍNGUEZ,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El engranaje del mundo moderno se sostiene sobre dos elementos funiculares. Según Ignacio Ramonet, antes, el progreso y la idea de que la sociedad funcionaba como una máquina en la que todos teníamos un lugar solían ser los paradigmas de la humanidad. La modernidad ha reinventado estos paradigmas: la máquina ha sido sustituida por el mercado, y el progreso, que representaba la vía a la felicidad, ahora ha sido sucedido por la comunicación.

Al parecer, comunicarse es la solución a todo. Si tiene problemas con su vecino, con su pareja, o con su jefe, todo es un problema de falta de comunicación. Ella deviene suerte de solución global que elimina fricciones.

Esto parece futurista, y en su defecto, una infausta predicción de los tiempos de Julio Verne. Mas, no nos queda tan lejos esta realidad.

Internet y dentro de él, el chat, como forma de comunicación inmediata, también contribuyen al aislamiento de las personas. Debido al anonimato de la conversación electrónica, -se identifican solo con un apodo-, se producen oportunidades ideales para personas con intenciones comunicativas desfavorables

En Estados Unidos, algunas empresas están colmadas de empleados que revisan su bandeja de entrada entre 30 y 40 veces por hora. Por ejemplo, The Radicati Group reportó que cada uno de sus empleados envió un promedio de 37 correos electrónicos por día, y se estima que esa cifra llegará a 47 antes de que culmine este año.

Algunas compañías como US Cellular, Deloitte y Touche ya reportan los beneficios de cerrar las bandejas de entrada un día por semana. El pasado año, una de estas empresas inició investigaciones para conocer si la dependencia excesiva a las comunicaciones electrónicas afectaban el rendimiento de las entidades.

Cuatro meses más tarde, descubrieron que la prueba había ofrecido resultados que demostraban que, a partir de la medida, el trabajo del equipo había mejorado y los problemas se resolvían más rápido.

Definitivamente no podemos adjudicarle al uso y abuso de las comunicaciones electrónicas un halo de afecto filial. La cuestión más acuciante es la paradoja de que mientras más medios de comunicación tenemos, menos ejercemos la humana acción de comunicarnos. Los teléfonos celulares, las computadoras portátiles, los reproductores de música, y otra larga lista de aparatos nos aíslan de las personas que tenemos a nuestro lado.

El 34.5 por ciento de los niños y niñas entre 10 y 14 años ya dispone de Móvil. Los usos más recurrentes son el del envío de SMS (mensajes de texto cortos) y los juegos, lo que propicia el abandono de ciertos modos de relación interpersonal.

La tecnología ha traído consigo una magia maravillosa: una persona en Australia puede intercambiar correos electrónicos casi a tiempo real con personas de Rusia, o de México. Las distancias largas se achican. Esto, obviamente, no puede ser malo. El problema está en cuando usted prefiere enviarle un correo electrónico a la persona con la que trabaja cuando solo le separan un par de metros. No es que existan desavenencias entre emisor y receptor, es que, sencilla y llanamente, prefieren enviar el mensaje a través de una red de computadoras, que tener que pasar por el “difícil hastío” de conversar.

Ahora bien, no se trata de ignorar el papel de las comunicaciones electrónicas en la realidad contemporánea. La salida no está en volver a los tiempos de los periódicos manuscritos de la antigüedad. No es tampoco volver sobre los pasos en los que los rapsodas iban de pueblo en pueblo transmitiendo tradiciones e informaciones. Es más, el desarrollo es esclavo de las posibilidades que nos ofrecen las tecnologías.

Hoy día una computadora, un módem y un contrato ISP (Internet Service Provider), compañía que brinda el servicio telefónico de Internet, aceleran el flujo comunicativo y permiten que aquellos que tengan la posibilidad de una conexión a Internet puedan estar estrechamente interconectados.

Pero la conversación, el intercambio de miradas, el vivir en comunidad, ser y tener amigos, reciprocar cada intento de canje de sonrisas o de saludos, son posibilidades humanas que se están olvidando. Cómo vivir mejor o cómo tener más dinero son las cuestiones de orden. Ahora me pregunto: ¿Son realmente las respuestas a esas preguntas las que nos harán más felices, o será aquella persona que conocimos, aquel roce, aquel abrazo o conversación que perduró en nuestra memoria? Al decir de John Lennon, “la vida es aquello que pasa mientras estamos haciendo otras cosas”. No la vivamos en una bandeja de entrada o en un módem.

 



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