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¿QUIÉN DIJO SEXO DÉBIL?

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IBIS ISABEL FRADE BRITO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La mujer cubana ocupa hoy un lugar preponderante en el ámbito social de la Isla, aunque la sobrecarga doméstica que afronta en el hogar y algunos rezagos machistas que todavía subsisten, limitan considerablemente su desempeño.

“A pesar de los niveles de participación social que han alcanzado las féminas, sobre ellas recae el gran peso de las tareas hogareñas y la crianza de los hijos. Las mujeres enfrentan una doble jornada laboral: en el trabajo y en la casa y deben asumir varios roles a la vez”, manifiesta la Doctora en Ciencias Psicológicas Patricia Arés, presidenta de la Sociedad Cubana de Psicología.

Actualmente más del 45% de la fuerza laboral en Cuba son mujeres, así como alrededor del 66% de los técnicos y profesionales.

Pero antes del triunfo revolucionario de 1959, constituían el 12% de los empleados, desempeñaban labores consideradas tradicionalmente como “femeninas” y en algunos casos recibían una remuneración inferior a la de un hombre que realizara la misma función.
Las leyes implementadas en el país durante la década del 1970 favorecieron e impulsaron la participación social femenina.

La Constitución de la República de Cuba, aprobada mediante referendo popular en 1976 y reformada en 1992, proclama la igualdad de derechos y deberes entre la mujer y el hombre en lo económico, político, cultural, social y familiar; y prohíbe la discriminación por razones de sexo.

En la legislación cubana y el Código de Trabajo se establece el "principio de igual salario, sin distinción de sexos para un trabajo de igual valor", partiendo de la equidad en los niveles de educación, formación y capacitación, orientados hacia la obtención de un empleo.

No obstante, la desfavorable diferencia en los ingresos de las féminas está determinada por su posición en el hogar. El promedio de días laborados por ellas es menor respecto al de los hombres debido al exceso de labores domésticas, la atención de los hijos y la familia en general, señala un informe del Instituto de Estudios de Investigaciones del Trabajo, sobre la presencia femenina en el mercado de trabajo.

Aunque desde 1959, el gobierno desarrolló programas encaminados a insertar a las mujeres, en condiciones de equidad, en un ámbito laboral dominado hasta el momento por los hombres,  todavía en el espacio familiar persisten hoy los viejos patrones de conducta, y ellas experimentan una sobrecarga de responsabilidades, definida por la Doctora Patricia Arés, como el síndrome de la super-mujer.

La Federación de Mujeres Cubanas (FMC), creada en 1960, tenía el propósito inicial de promover, impulsar y canalizar la disposición de las mujeres a participar como entes activos y transformadores  de la nueva sociedad, apunta la Doctora en Ciencias de la Educación Tania Caram León, profesora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). 

Y agrega que, cuando no existía el concepto de género como categoría, las iniciativas que la organización promovió desde su surgimiento ya contenían este enfoque.

En sus principios, la FMC organizó escuelas de oficio y cursos de superación para las mujeres, y progresivamente alentó su incorporación a la enseñanza técnica y profesional para propiciarles empleo calificado

Ya en el 2007, representaban el 57% de los que cursaban el nivel medio y el 69% de los estudiantes de la enseñanza superior. Además constituían alrededor del 40% de la matrícula de las ingenierías, que tradicionalmente se consideraban carreras masculinas.
Aunque el ascenso de las mujeres al tercer nivel de enseñanza les permitió alcanzar empleos de alta calificación, aún existe una falta de correspondencia entre esta participación y las responsabilidades de dirección que desempeñan, refiere en su artículo Mujer y poder en Cuba, la doctora Caram.

Y puntualiza que las principales limitaciones del desempeño femenino en la sociedad radican fundamentalmente en su débil presencia en los cargos de dirección con acceso a toma de decisiones, y el hecho de que son ellas quienes se ocupan de las tareas domésticas y la atención  de los hijos.

“Las dirección exige demasiados sacrificios para la mujer, porque además de llevar las responsabilidades en su trabajo, cuando llega a la casa no puede descansar: aquí todas las funciones le corresponden a ella. En la mayoría de los casos la ayuda de los hijos y el esposo es mínima”, opina Doctora Olga Rivera, jefa del Departamento de Radiología del Hospital Clínico Quirúrgico Miguel Enríquez.

Aunque se ha producido una participación creciente de la mujer en cargos directivos, las féminas tienen una menor representatividad en las máximas jerarquías, apuntan los estudios del IEIT.

Las mujeres representan el 29,49% del total de dirigentes del país, y desempeñan funciones directivas en sectores de la industria azucarera, la sideromecánica, la ciencia, la informática y las comunicaciones.

Sin embargo el peso de la tradición sigue siendo determinante en la selección de los dirigentes, a lo que se añade la sobrecarga de trabajo y responsabilidades en el hogar, precisa la doctora Caram.

Si bien los cambios promovidos en la esfera de la educación permitieron a la mujer alcanzar de forma acelerada una recalificación que las colocó en una posición de equidad, en el sistema de enseñanza se detectan severas limitaciones, que según la sicóloga Patricia Arés, se desprenden de reproducir y transmitir a través de la educación formal e informal, los modelos más conservadores de conductas femeninas y masculinas.

Isis Bravo, estudiante de onceno grado del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencia Exactas Vladimir Ilich Lenin, opina que en los centros educacionales no se han eliminado completamente los patrones machistas.

“Cuando se reparten las tareas de limpieza en la beca, a los muchachos nunca les toca limpiar. Para ellos las escobas no existen, porque esa es una función de las niñas”, manifiesta la estudiante.

A pesar de algunos avances en los contenidos docentes, en cuanto a temáticas sobre biología y educación sexual, el sistema educacional no ha incorporado en sus niveles de pregrado la temática de género, y sólo los aborda limitadamente en sus cursos de postgrado, considera la profesora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Tania Caram.

La FMC realiza acciones que pretenden transformar concepciones conservadoras acerca de los roles de hombres y mujeres, y promueve la temática en todos los niveles.

La propagación de las ideas sobre género en una sociedad que ha roto en la práctica con tantas ataduras es aún insuficiente. Existen Cátedras sobre la mujer en diferentes universidades del país, en las comunidades hay Casas de Orientación de la Mujer y la Familia que ofrecen servicios de asesoría y realizan actividades de carácter educativo, pero en el espacio interno familiar la mujer continúa realizando los mismos roles, opina la doctora Patricia Arés.

Y agrega: “Son a veces las  mismas mujeres quienes no ceden su espacio y reproducen conductas machistas. Hasta que en el plano familiar no se reestructure  el papel de la mujer, difícilmente podrá afianzarse en lo social la equidad de género”.

 



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