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LOS SUEÑOS SORDOS DE CARMITA

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Carmen Salgado, profesora de Lenguaje de señas, cuenta la forma en que llegó la carrera a la Universidad de La Habana.

CHAVELY DÁVILA DÁVILA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

Sus manos revoloteaban en el aire con ademanes “extraños”. De los labios surgían palabras silenciosas difíciles de entender. Otras manos intervinieron en aquella lluvia de gestos. De esta forma se comunican algunos estudiantes y profesores en el aula tres de la Facultad de Español, ubicada en el Edificio Varona de la Colina Universitaria.

Carmen Salgado, profesora de Lenguaje de Señas, no oculta la emoción cuando habla de los primeros contactos con los sordos. En sus ojos habita la dulzura de quienes desempeñan una labor más humana que profesional.

-¿Qué acontecimientos influyeron en su formación vocacional para decidirse por la Licenciatura en Sordo-Pedagogía?

Estudié en la Unión soviética Licenciatura en Sordo-Pedagogía por un malentendido de la vida. Realmente, fuimos a estudiar Fizo pedagogía, que es la pedagogía que se encarga de enseñar a las personas ciegas, pero se confundieron los aviones de una y otra carrera. Yo tenía que ir para Leningrado y fui a parar a Moscú.

-¿Por qué no continuó su destino al darse cuenta del error?

Éramos diecinueve los que estudiaríamos la carrera… y nadie quiso regresar. El mundo de los sordos es tan fascinante que me gustó dedicarme a él desde el principio. Fui una de las graduadas en 1990. Nunca pensé dejar la especialidad.

-¿Dónde comienza a trabajar?

Al regresar de la Unión Soviética comencé a trabajar en la escuela René Vilches, del municipio Cerro, pero al poco tiempo me trasladé al círculo infantil de niños sordos de Alamar. Pasé siete y medio años en ese precioso círculo. Fue una experiencia buenísima porque era directora de un proyecto que estimulaba el trabajo con personas sordas como maestras y auxiliares pedagógicas.

-¿En qué momento se vincula a la Universidad de La Habana?

Estaba trabajando en el Hospital Psiquiátrico de La Habana cuando llega este proyecto de la Universidad, en el 2004. Tuvimos una preparatoria para empezar la primera edición de la carrera en el 2005. Desde ese momento paso la mayor parte del tiempo realizando las tareas de la especialidad.

-¿Qué importancia concede al apoyo familiar entre tanto trabajo?

El apoyo de mi familia fue fundamental en los inicios de mi profesión. Cuando trabajaba en el círculo infantil y algún niño se enfermaba tenía que llamar al los padres y los dejaba al cuidado de mi madre. Ella no entendía el lenguaje de señas y le era muy difícil comunicarse con ellos, pero no dudaba en atenderlos.

-¿Cómo logran incluir la licenciatura en la Facultad de Lenguas?

Esta licenciatura es un sueño de la comunidad sorda hace mucho tiempo. En Cuba, la lengua de señas estaba prohibida como lo está en muchos países todavía. A partir del año 1994 se acepta en las escuelas y hemos avanzado mucho. En el 2004 se abre la carrera, pero aún tiene que ganar espacio en la Universidad.

-¿Cuáles son las características de la carrera?

La especialidad cuenta con ocho disciplinas, siete de corte general. Las asignaturas que son de la disciplina las imparten profesores de la Cátedra de Lenguaje de Señas y también se incluye interpretación. Somos dos docentes trabajando muy unidas y batallando por tener    profesores sordos porque, al final, esta carrera les pertenece a ellos, a su patrimonio, a su lengua.

-¿El mayor aporte de la Universidad a la especialidad, cuál es?

Entenderla, mantenerla y lograr que los profesores del Departamento y de la Facultad acepten a los sordos. Ellos nunca habían venido aquí y están felices de que la carrera sea en la Colina Universitaria.

-¿Qué relación tiene su esposo con esta profesión?

Mi esposo fue precursor de la Lengua de Señas en Cuba; los sordos lo adoran, muchas veces se acuerdan más de él que de mí. También es profesor, maestro de sordos, pero trabaja en el Ministerio de Educación como directivo hace muchos años. A veces se pone celoso porque él domina la lengua de señas, pero no tan bien como yo, de manera que, cuando los sordos van a la casa tengo que servirle de intérprete y la situación se complica si hablo de otros temas con ellos y él no entiende. Son cosas propias de una familia, pero que al final, por cansancio, lo ha tenido que aceptar. La vida en mi casa es así.

-¿Siente que las autoridades cubanas hacen todos los esfuerzos para vincular este tipo de personas a la sociedad?

El país está haciendo toda una revolución en la Educación y aún así tuvimos que pasar mucho trabajo para llegar hasta donde estamos. La razón es el desconocimiento por parte de la sociedad. Entramos en la Universidad defendiendo la lengua de señas hasta que el Decano comprendió que era una lengua como las otras. Cuando las personas conocen de su importancia, ayudan y contribuyen. En Cuba existen muchos sordos, hay que apoyarlos y el estado se preocupa por eso.

-¿Cuáles son sus mayores satisfacciones?

Me siento realizada, sobre todo, cuando la profesora sorda que tengo entiende los ejercicios que se ponen a los estudiantes intérpretes, y si no, buscamos herramientas de interpretación para que lo hagan. Tenemos que escribirlo todo, hacer las clases didácticas, los materiales que se les dan a los estudiantes, además de eso, prepararlos antes y después de las clases.

-¿Qué piensa su familia sobre su dedicación la mayor parte del tiempo a los sordos?

Tengo mucho trabajo, es cierto, pero soy una persona que le dedica   tiempo al hogar. Me levanto a las cinco de la mañana, les preparo el desayuno a los niños y le repaso inglés al mayor. Trato de que todos posean un espacio y que nadie me toque a los sordos, porque son lo más importante que atesoro en la vida.

-¿La decisión de ayudar a las personas impedidas se remonta a la niñez?

Siempre me consideré una buena persona, pero nunca había visto un sordo. Intercambié con ellos por primera vez cuando vine de la Unión Soviética y solo con adultos. Creo que soy mejor persona porque los conozco mucho, tanto, que hasta tengo una hermana sorda-muda, que no lo será de sangre, pero se ha mantenido a mi lado en todo momento.

-¿Quién es Haydée?

Haydée es un poco madre de mis hijos. Cuando nació Rafael, en mi casa no sabían nada y fue la que me ayudó en el parto mediante el lenguaje de señas porque es sordo-muda. Toda mi familia se siente muy orgullosa de ella. Ha podido superarse sin pensar en sus limitaciones. Ahora estoy haciendo la licenciatura y la frase de introducción es precisamente de Haydée, donde alude a todo el esfuerzo que tuvo que hacer para llegar a graduarse de profesora.

-¿En qué proyectos participa actualmente?

Ahora estoy incluida en un proyecto de la radio que consiste en formar intérpretes especializados en el conocimiento de la Habana Vieja, porque hay muchos entendidos en hacer recorridos por esa parte de la ciudad, pero no con sordos. Lo más significativo es la sensibilidad con la que ha sido acogida esta propuesta por parte de los organizadores.

-Si le dieran la oportunidad de cambiar algo en su vida, ¿qué cambiaría?

No cambiaría nada. Tengo hijos maravillosos que me ayudan en las labores del hogar y un esposo comprensivo que comparte mis pasiones. Solo desearía que el sueño de crear una escuela para sordos, con profesores sordos y con sueños sordos se hiciera realidad. No hay nada mejor que hacer feliz y llenar de amor a las personas.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.
    

27/12/2008 10:59 islalsur #. Nosotros, los del 280


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