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EL PATRIARCA

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Dicen que Roberto González Quesada, jefe de Redacción del periódico villaclareño Vanguardia, “comía”  trabajos. Premio Nacional de Periodismo José Martí, fue ejemplo de exigencia, sagacidad e inteligencia. 

CLEISBEL FONSECA GARCÍA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
  
“Fue uno de los jefes de redacción más completo en Cuba. Para él la profesión era lo primero. Modesto, profesional y consecuente, muy riguroso con la calidad que se requería, estaba constantemente involucrado en discusiones acerca de la  profesión porque él, al mismo tiempo, aprendía  y enseñaba”, así evoca Mercedes Rodríguez García, reportera del periódico villaclareño Vanguardia, a Roberto González Quesada, Premio Nacional de Periodismo José Martí en 1999.

Ejemplo de sagacidad, inteligencia innata y exigencia fue este hombre que incursionó en todos los géneros periodísticos, desde las informaciones más sencillas hasta los comentarios más polémicos, y marcó pautas en el quehacer informativo de Villa Clara y del país por el alto nivel con que concebía sus trabajos.

Bob, como lo llamaban los amigos más cercanos, se dedicó totalmente a la profesión que amaba y hasta que su salud lo permitió estuvo en la redacción y en las calles, tras las noticias.

Nació en 1916 en Abreu, Las Villas. De procedencia humilde, se suponía que sería carpintero al igual que el padre y los hermanos, pero él no estaba predestinado para el oficio de moldear las maderas.     Pedro de la Hoz, sobrino y discípulo, en ocasión de su fallecimiento escribió: “Siempre sintió inclinación por las letras. Con la familia instalada en Cienfuegos se las arregló para aprovechar su desempeño como aprendiz de carpintero y otros menesteres, para salir adelante en los estudios, devorar libros y periódicos, y comenzar desde abajo en la redacción de uno de los periódicos de la ciudad, El Comercio.

“Su sed de conocimientos, unido a un indiscutible talento para adentrarse en todos y cada uno de los procesos de la información y la edición, hicieron que el dueño del periódico, al romper la década de los 50, le confiara la jefatura de la redacción que en aquel momento  equivalía a ser una especie de hombre orquesta”.

Roberto González sobresalió por su registro en multiplicidad de géneros periodísticos. Al escribir artículos, corregir originales y editar cables puso de manifiesto las habilidades multifaséticas que poseía para informar e ilustrar al lector. Además, fue corresponsal de los periódicos habaneros El Crisol y El Mundo, e incursionó en varias emisoras radiales de su provincia.

Antes del triunfo de la Revolución, para armar la crónica roja convertía en noticia el parte que por teléfono  le daba el reportero apostado en la estación de policía, y  en todo momento reflejó la verdad, a pesar de la opresión que ejerció sobre el país la dictadura de Batista.

En esa etapa supo mantener firmes sus principios y no cedió ante los sobornos de los políticos locales. Ningún censor que le impusieron en el tiempo de la dictadura pudo contra su valentía. Era un hombre que tenía una sólida concepción marxista y desde el inicio siguió de cerca el proceso revolucionario.

Por eso, cuando se produjeron los sucesos del 5 de septiembre de 1957, estuvo entre los que publicaron, en el periódico El Comercio, el levantamiento popular de Cienfuegos y la represión que le sucedió.

Poco tiempo después, “el espíritu progresista y de justicia, característicos en él, lo llevó a ponerse al frente del diario, y  junto a otros colegas, fundó el periódico villaclareño El Comercio Libre”, rememoró Mercedes Rodríguez.

Muchos años pasaron antes de que El Patriarca, como lo nombró Pedro de la Hoz, escribiera el libro Y Cuba era una fiesta, testimonio de todas sus peripecias al iniciarse como reportero. Sin embargo, al principio, Roberto González rehusó escribir sobre sí mismo: ”Me pidieron escribiera mis memorias dada mi larga vida periodística. ¿Memorias para qué? Eso cuadra a las grandes personalidades de cualquier esfera. No a otras. Y preferí, por tanto, recoger algunos pasajes testimoniales plenos de interés correspondientes a las décadas de los años 40 y 50.”

Después de 1959 contribuyó con su colaboración en los diarios cienfuegueros Escambray y 5 de Septiembre y fue fundador, en 1962, del periódico Vanguardia, órgano del Comité Provincial del Partido en Villa Clara, en el cual fungió como jefe de Redacción por casi cuatro décadas.

Pedro de la Hoz también rememoró en ocasión de su deceso: “Aunque la mayor parte del tiempo lo pasaba en la redacción, le gustaba mucho el trabajo de campo sobre los temas poco abordados o aquellos a los que podía explotar de forma novedosa. Para él no había temas menores, de cada uno se apasionaba y lo analizaba a fondo”.

Redactaba las secciones fijas Contrafilo y Tirando a fondo, en las que desarrollaba los géneros  de opinión. La polémica siempre fue de su preferencia, pues en ella podía abordar desde los problemas trascendentales hasta los más sencillos que preocupaban al pueblo.

Profesor Adjunto de la Universidad de La Habana y de planta en la antigua Escuela de Periodismo de Las Villas, ejerció siempre el magisterio cotidiano en la redacción. Por su entrega de tantos años  recibió, en 1984, el título de Maestro de Periodistas de las nuevas generaciones, otorgado por la Unión Nacional de Periodistas de Cuba.

Mercedes Rodríguez, al preguntarle por la importancia que tenía la enseñanza en la vida de Roberto, respondió: “Varias fueron las generaciones que se nutrieron con sus conocimientos, porque era un hombre que al mismo tiempo aprendía  y enseñaba. No fueron pocos a los que en más de una  ocasión, Roberto les “comió” el trabajo porque carecía de profundidad, o que lo enriqueció  con sugerencias al cambiar el enfoque.

“Y cuando me refiero a “comérselos” lo digo de forma literal, aunque parezca sorprendente. Bob tenía la manía de coger una cuartilla, estrujarla, meterse el papel en la boca y masticarlo. Pero también aprendía. Por ejemplo, cuando le dieron la computadora logró ser tan hábil en la búsqueda de información como cualquier joven. El dominio de la técnica de periodismo digital le permitió transmitir sus ideas revolucionarias en defensa de la Revolución Cubana”.

Ramón Borrero Ferrán, periodista del periódico villaclareño, expresó: “Vanguardia siempre fue una escuela. Con un profesor sin método pedagógico alguno, pero todo un amigo sabio: Roberto González Quesada, quien lo mismo estrujaba las cuartillas de un reportaje recién escrito y lo echaba el cesto de la basura, “porque esto no sirve”, así, sin muchos reparos, y te invitaba enseguida a un trago doble en el bar de la esquina de la calle Maceo para explicarte, licor por medio, cómo había que escribirlo para que fuera bueno”.

Rolando Verdece Borrego, también periodista del semanario, afirmó que González Quesada sabía si sus trabajos eran aceptados por el público, porque “el Robert, como le decíamos sus pupilos, era un apasionado; se metía en el tema, los disfrutaba, los seguía hasta chocar en la calle con los lectores, que le ofrecían el veredicto, y entonces, emitía una frase lacónica entre dientes: ¡Bueno, bueno, bueno!”

El Patriarca era capaz de deshacer en minutos el material que le entregaban para publicar, pero explicaba cada error. Lo que solía ponerlo serio era cuando alguien incurría con frecuencia en el mismo desliz. Lo asumía como falta de interés. Era muy exigente con la calidad.

Otro colega de Vanguardia, Benito Cuadrado, trae a la memoria que “Roberto me enviaba a rehacer el trabajo, si no tenía solución lo echaba a la basura. Su mesa siempre estaba llena de papeles: informaciones, reportajes, crónicas... Esa vorágine era tremenda. A veces eliminaba escritos que debían salir publicados al día siguiente. Pero de él siempre recuerdo la constancia.

“A pesar de la edad, era el último que se iba, a veces a altas horas de la madrugada, cuando se comenzaba la tirada del próximo día, porque alargaba invariablemente el cierre del periódico en espera de la última información, incluso, en  ocasiones hubo que rehacer la primera plana, y después de descansar unas pocas horas volvía en la mañana a la redacción. Y uno se pregunta, cómo fue posible que una persona se mantuviera tan lúcida e incansable durante tanto tiempo. A él lo caracterizaba la  laboriosidad.

“En los últimos años, ya en su octava década, padecía de una pierna enferma, y le habían puesto un fijador externo. Por eso dejó de ser jefe de Redacción, aliviando su contenido laboral, pero Roberto no se conformó y tomó la decisión de terminar su vida siendo reportero. Las limitaciones físicas las superó, e iba a los organismos e instituciones a buscar la noticia. Así se mantuvo hasta unas semanas antes de su muerte”.

Por su entrega al trabajo y eficiencia fue electo 11 veces Vanguardia Nacional del Sindicato de la Cultura, y desde que ingresó al Partido Comunista de Cuba, en 1969, demostró ser un militante activo y consecuente.

Mercedes, su amiga personal, y a quien Roberto González introdujo y adiestró en el quehacer periodístico, confesó que “él era capaz de defender su posición ante un tema, por trivial que fuera, con mucha fuerza en las palabras. Discutía acaloradamente. Aunque un poquito peleón, pocas veces se equivocaba. A pesar de las discusiones profesionales, siempre mantuvo la ética y la profesionalidad”.

Manuel de Feria García, fotoreportero gráfico del periódico, en muchas ocasiones realizó trabajos periodísticos junto a Roberto. Ahora, recuerda: ”Lo admiraba por su sagacidad, destreza, porque era muy observador y serio. Además de receptivo, tenía una inteligencia enorme, fue uno de  los pocos periodistas que no utilizaba agenda, no anotaba y, sin embargo, hacía excelentes escritos.

“En ocasiones no hablaba mucho, solo lo necesario. Le daba tanta importancia al trabajo que el 90 por ciento de su pensamiento estaba concentrado en este y el restante para todo lo demás. Por eso se exasperaba ante el primer indicio de superficialidad".

Entre los múltiples reconocimientos que recibió están las distinciones por la Cultura Nacional y Félix Elmuza, esta última otorgada por la Unión de Periodistas de Cuba, así como la de Hazaña Laboral de Tercer Grado.

Raima Elena Hernández, periodista-redactora de la página web del periódico, dijo: “El último trabajo de Roberto me lo dio cuando lo montaban en el carro para llevarlo al hospital. Yo hice la segunda parte del mismo y tuve que ir a enseñárselo, porque no me atrevía a publicarlo sin que él lo revisara”.

El Patriarca falleció el 4 de octubre de 2004 en Cienfuegos, dejando una huella en todos los que lo conocieron. Mercedes Rodríguez  siempre lo tendrá en la memoria, porque ella fue una de las personas que él moldeó. Ella espera que “en nuestra Isla sigan surgiendo ROBERTOS, porque él dejó en la redacción de Vanguardia un bullicio silencioso”.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Ficha técnica:

En esta entrevista se tomaron citas de:

Un patriarca de la prensa cubana, escrito por Pedro de la Hoz el 5 de octubre de 2004, periódico Vanguardia.

Sitio www.cenit.cult.cu

Sitio www.vanguardia.co.cu/articulo

Objetivo central: Dar a conocer los aspectos profesionales y personales de la vida de Roberto González Quesada.

Objetivos colaterales: Recoger opiniones de sus colegas acerca de cómo era su trabajo en el periodismo y su personalidad.

Tipo de entrevista:

Por sus participantes: Colectiva.
Por su forma: De citas.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Vía telefónica, documental e Internet.

Tipo de título: De referencia al entrevistado.
Tipo de entrada: De cita textual.
Tipo de cuerpo: De citas.
Tipo de conclusión: Frase de impacto o que evidencia el final.

Fuentes consultadas y clasificación:

Tipos de fuentes:

Mercedes Rodríguez García, reportera del periódico Vanguardia (directa).

Benito Cuadrado, periodista de Vanguardia (directa).

Manuel de Feria García, fotoreportero gráfico del periódico Vanguardia (directa).

Rolando Verdece Borrego, periodista (directa).

Raima Elena Hernández, periodista-redactora de la página web de Vanguardia (directa).

Un patriarca de la prensa cubana, de Pedro de la Hoz (documental).

A Roberto González Quesada, El  Patriarca, de sus colegas de Vanguardia (documental).

¿Quién es quién?, Internet (Documental).

Sitio www.cenit.cult.cu

Sitio www.vanguardia.co.cu/articulo

 



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