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“MEDALLAS QUE LLEVO EN EL CORAZÓN”

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Liborio Noval es un hombre que cuenta la historia cubana en imágenes. La inseparable cámara es su gran pasión.

YOSVANI GAINZA ALVAREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

foto: YAINIER SÁNCHEZ GONZÁLEZ

Conversé con Liborio en la biblioteca de su casa. El cenicero y su inseparable tabaco lo escoltaban: “Yo tengo 2 000 gigas de memoria RAM”, me dijo, y ante la desventaja le confesé que no sabía por cuál pregunta comenzar. “Por la que quieras, toda mi historia está relacionada.”

Su labor comenzó en la década del 50 en una agencia de publicidad para investigaciones de mercado: “Tenía solo 17 años de edad cuando entré en la publicitaria Siboney, revista que llegó a ser una de las mejores del país”.

Ser fotógrafo…

“En ese período me pusieron a trabajar en el Departamento de Fotografía, allí había un solo trabajador y necesitaba de personas que lo apoyaran. Entonces existían en La Habana 17 periódicos y mi trabajo consistía en fotocopiar los gráficos que los dibujantes enviaban a la redacción. Luego tuve otros encargos para anuncios y trabajos televisivos. Esta fue la primera vez que entré en contacto con la profesión. Nunca pensé ser fotógrafo”.

Los años 50 se caracterizaron por el fervor revolucionario, era la Nueva Estrategia Revolucionaria (NER) de Fidel la que conducía aquella lucha clandestina y guerrillera. Liborio también contribuyó con  esa labor: “Vivían las pequeñas células del Movimiento 26 de Julio, y varios de sus integrantes nos encargábamos de hacer trabajos para un periódico clandestino donde publicábamos fotos de los rebeldes y noticias sobre la Sierra Maestra.”

En 1960 se acabaron las publicitarias, y Liborio Noval pasó a trabajar en el recién nacido periódico Revolución: “Allí  empecé  a hacer fotografía de prensa en la calle. A la mayoría de nosotros, Korda, Salas, y otros, nos faltaba la experiencia, y aprendimos fotografía de forma autodidacta.

“Sólo Corrales nos llevaba buena ventaja, en su casa tenía un estudio y conocía mucho de laboratorio, desde la preparación de la química, el revelado de negativos -al tacto- en el cuarto oscuro, hasta los secretos del encuadre y el tiempo de exposición para la impresión en papel, que era el A-B-C de la profesión.”

Con la nueva etapa en la revista INRA, la cual comenzó también en 1960, los fotógrafos tuvieron un papel protagónico como colaboradores. Pero Revolución fue el medio de prensa más importante. Mediante él se abrieron oportunidades para el dominio de la técnica fotográfica, y los acontecimientos de la época eran tan apasionantes, que nuestro entrevistado casi dormía junto a la cámara para no dejar escapar las instantáneas de aquellos momentos irrepetibles: “La población debía conocer por qué y para qué había nacido una Cuba diferente”.

-¿Conformaron un grupo de trabajo Corrales, Korda y usted?

No, pero siempre fuimos muy buenos compañeros. Coincidíamos en eventos, reuniones, y como acostumbrábamos a estar juntos en el mismo lugar, muchos pensaron que éramos un grupo. Después que terminábamos de fotografiar, nos reuníamos en el periódico y dejábamos el ego a un lado para escoger las mejores instantáneas, sin fijarnos en quién las firmara.

“Los logros de uno, enorgullecían a todos como colectivo de profesionales. La explosión del barco La Coubre fue un acontecimiento en el cual estuvimos la mayoría de los periodistas; y otro ejemplo es el de Korda, quien pudo enfocar al Che en varios momentos y realizó el más famoso retrato de Guevara, de gran contenido y expresión, y que ha dado la vuelta al mundo.

“También, los tres estuvimos juntos cuando la proclamación del carácter socialista de la Revolución, y aunque perteneció a Corrales la foto histórica de Fidel, la sentimos como nuestra.”

Convertirse en uno de los fotógrafos que más ha retratado al Comandante en Jefe es el mayor orgullo de este hombre, quien durante  44 años llevó la imagen del líder cubano a la cámara: “Era mi trabajo; yo siempre le puse el mismo interés a un campesino que a Fidel, lo importante era reflejar cómo era la persona realmente”.

-En 1999 publicó el libro Instantáneas, con 76 imágenes de Fidel. ¿Cómo fue el proceso de selección?

Nada difícil, sí trabajoso. Acoplé todos los negativos que tenía de él y comencé un largo proceso. Fueron cuatro meses ocupándome de la elección hasta de madrugada, en el comedor de mi casa, con una lupa. Seleccioné alrededor de 500 fotos. Luego me senté con el editor del libro y escogimos 76; de esas, 28 son inéditas.

-¿Qué propósito tuvo con esa recopilación?

Ver a Fidel como siempre ha sido, un ser humano. Destacarlo como persona y hombre de sentimientos.

Una anécdota inolvidable

Liborio Noval es de quienes piensan que las fotos “se chiflan”, no se preparan: “Nuestra labor es a tiempo corrido, sin dilapidar el instante.

“En 1994, en Cartagena de Indias, retraté al Comandante con una guayabera. Era una imagen curiosa porque él siempre vestía su uniforme verde olivo. Hicimos una exposición en el Palacio de los Capitanes Generales, a la que él asistió. Yo llevaba la foto de Cartagena y le pedí que la firmara. Al mirarla, sonrió y escribió: ‘Para Liborio, fraternalmente, Fidel.’

“Acto seguido preguntó: ‘¿Qué día es hoy?’. Le respondí: 12 de agosto y me dijo con alegría: ‘Entonces te voy a poner 13 de agosto, porque mañana es mi cumpleaños. ¡Te la ganaste!’

“Así es nuestro líder, sencillo como el primer día. Son pequeñas medallas que llevo en el corazón”.

-Después de más de cinco décadas detrás del lente, ¿cree haber hecho su mejor fotografía?

No voy a copiar al viejo Salas que dice: “La mejor fotografía es la que voy hacer mañana”, pero sí trato de hacerlas excelentes. Todas tienen un sentido, una anécdota, una historia para reflejar. Pero desde luego, pienso que mi mejor foto fue el primer retrato hecho a Fidel, en diciembre de 1961.

Liborio Noval ha obtenido premios en más de 30 concursos internacionales y tres nacionales. Con 74 “abriles”, todavía siente deseos de trabajar: “Estoy retirado, pero sigo enamorado de mi profesión”.

Tuvo magníficos maestros en el transcurso de su carrera: “Conocí a Corrales en 1957, trabajé junto a él en Siboney. Me enseñó mucho, más de lo esperado, aprendí lo esencial para ser un buen fotógrafo. Trabajar con Osvaldo Salas fue algo especial, logramos una empatía como de padre e hijo, por eso lo admiro tanto; y Roberto, su hijo, es como mi hermano”.

Sentir amor por cuanto haces

“Mi mayor satisfacción es realizar el trabajo bien. Hay que poner dedicación, enamorarse de la labor, y esforzarse porque lleva tu nombre y empeño. Así me enseñaron y lo trato de inculcar a las nuevas generaciones”.

Este destacado de la fotografía se entrega a su trabajo sin descanso: “Me gusta lo que hago, no puedo estar tranquilo y no quiero oxidar este aparato (mueve el dedo índice). Mi mayor virtud es sentirme con la misma edad de la Revolución”.

Para ser un buen profesional de la prensa no basta con asistir a la Academia, se necesita de un don natural: “Como yo, los hay; todo es cuestión de tiempo. Cuando mis inicios hacía todo lo posible por estar presente en cuanto el periódico saliera de la imprenta; para todos era un regocijo. Mi regalo diario consistía ser el primero en ver el trabajo. Fui joven al igual que los de tu generación y por eso les aconsejo que para ser buenos periodistas escriban con empeño, dominen el idioma español, ante todo aprendan a  hacer buenos títulos y a mantener un estilo propio. Leer historia, política, novelas, crónicas, críticas, también forja al profesional.”

-Después de un día intenso de trabajo, ¿qué prefiere hacer? 

Leer  hasta enamorarme del libro. Tengo la costumbre de acostarme tarde y levantarme temprano.

Los trabajos voluntarios con el Che

-¿Cuáles son los mejores recuerdos de su vida?

Rememoro mucho al Che. El Comandante Guevara fue una especie de maestro, de aquellos que dan el ejemplo haciendo las tareas bien. De él aprendí mucho.

También los trabajos voluntarios fueron pequeñas escuelas para todo aquel que lo viera como paradigma, siempre se caracterizó por la sencillez y la ejemplaridad. Nunca voy a renegar de las raíces de donde provengo, mi maestro fue el Che y el colegio la Revolución.

Liborio es fundador de la Unión Nacional de Periodistas de Cuba (UPEC) y miembro de la Organización Internacional de Periodistas (OIP). También integra la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), desde sus inicios.

Por su destacada labor, el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) le otorgó, en 1986, la Réplica del machete de Máximo Gómez: “Me lo entregó personalmente Raúl, fueron minutos hablando conmigo. El machete es algo que guardo en la casa, pero la distinción la llevo en el alma”.

En el 2002 tuvo el honor de recibir la Medalla Alejo Carpentier, del Ministerio de Cultura, y el Premio Nacional de Periodismo José Martí, que otorga la UPEC por la obra de toda la vida: “Fue uno de los momentos más impactantes de mi existencia. Mi mayor satisfacción es ganar conocimiento intelectual, gracias al esfuerzo y firmeza en el trabajo. ‘El mérito es estar vivo’, como dijo Luis Báez”.

-¿Qué significa para usted ser periodista?

Es la profesión de la cual me he enamorado hasta hoy, la llevo en la sangre. La fotografía: un amor a primera vista.

Un hombre capaz de sobrevivir ante dificultades, ya tiene heredero en su profesión: “Mi testimonio fotográfico se lo dejo a la Revolución cubana, pues no podrá ser ilustrada sin nuestra fotografía. Todo lo agradezco a ella y a Fidel.”

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo Central: Destacar la labor del periodista como fotorreportero desde antes del triunfo de la revolución hasta la actualidad.

Objetivos colaterales: Conocer cómo inicia su vocación por la fotografía. Dar a conocer la importancia de haber trabajado con personalidades como Che y Fidel. Hacer extensivo el por qué de sus imágenes seleccionadas para el libro Instantáneas de Fidel.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual
Por su forma: Mixta
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo

Tipo de título: De cita textual
Tipo de entrada: Anecdótica
Tipo de cuerpo: Mixto
Tipo de preguntas: 1-cerrada; 2-directa; 3-cerrada; 4-directa; 5-directa; 6-directa.
Tipo de conclusión: De comentario del entrevistado

Fuentes consultadas:

Antonio Moltó, director del Instituto Internacional de Periodismo José Martí; Freddy Moro, periodista de Prensa Latina; Juan Marrero vicepresidente de la UPEC; e Iraida Calzadilla, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. (Todas directas)

 



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