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EL LIBRO ME IMPULSÓ AL LIBRO

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El escritor bejucaleño Omar Felipe Mauri Sierra confiesa las motivaciones que lo llevaron a escribir para  niños y jóvenes.

CARMEN MONTEOLONGO RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Narrador, poeta, investigador. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ha publicado más de una veintena de libros, además, sus obras aparecen recogidas en varias antologías de Cuba y el extranjero. Ha obtenido diversos premios, entre ellos el 13 de marzo (Universidad de La Habana, 1983 y 1986); Premio Nacional “La Edad de Oro”, 1993 y 1995, y premio “La Rosa Blanca”, 1997.

-¿Cuándo comenzó a escribir?

Desde muy joven, tenía aproximadamente 15  años.

-¿Qué lo motivó?

Todo lo que veía, todo lo que se encontraba a mí alrededor. Además, eran tiempos muy diferentes a los actuales. Yo no sabía que existía un lugar para los libros, llamado librero, biblioteca, o librería. Eso me lo enseñó la Revolución. Los libros dan la sensación de una segunda y nueva vida. Me inspiró la obra de José Martí, Julio Verne, Miguel de Cervantes y Saavedra, es decir, el libro me impulsó al libro.

-¿Qué le despertó la pasión por la literatura infantil?

Comencé escribiendo cuentos y narrativas para adultos, pero me adentré en el mundo de los niños porque es más libre, más creativo, imaginativo y alegre. Los niños son el verdadero valor del mundo, lo mejor que nos puede pasar.

-¿Alguno de sus libros se nutre de una parte importante de su vida?

No solo de mi vida, sino de la de todos nosotros y de Cuba, ya que no hay nada fuera de ella. Ejemplo de ello es Una botella de sol, historia que veía renglón tras renglón en mis sueños. En esos momentos me encontraba fuera del país y por más que intenté, mis manos no pudieron escribirlo hasta que no llegué aquí.

-¿De sus escritos, cuál es el más importante para usted?

No escribo por compromiso, lo hago con el corazón, lo que resulta importante para mí y para los demás. Mi compromiso son los niños, las personas que quiero. Todos mis libros son importantes, pero algunos de ellos trascienden, ejemplo de ello son De la mágica cubanía, Alguien borra las estrellas y Una botella de sol.

-¿Qué obra se asemeja más a su personalidad?

Lunar, tiene que ver con mi infancia, es la espléndida “amistad” de un niño con un caballo, tiene un poco que ver con Platero y Yo, que llevó una parte de mi infancia. Soy yo, pero también son los libros de Cervantes, Juan Ramón Jiménez: mis palabras están con las de ellos.

-Si le dieran la oportunidad de poseer un don de la naturaleza, ¿cuál escogería?

Dar libros a todo el mundo, ya que ellos nos hacen comunicar. La letra impresa tiene ese don.

-¿Qué es lo que más detesta?

La doblez, la vagancia, la hipocresía.

-¿Qué es lo que más admira?

La solidaridad, la modestia, la humildad, eso es la grandeza.

-¿Su sueño mayor?

Los sueños dorados no son las metas, sino el camino para llegar a ellas y para mí todo es camino.

-¿Proyectos que ocupen su tiempo?

En estos momentos estoy escribiendo un libro sobre las islas del Pacífico. Abordo su geografía, sociología, cultura y leyendas, aspectos que nos diferencian de las personas que viven en los continentes.

-¿Qué palabras dedicaría a los niños?

Los niños me preocupan mucho, el mundo es demasiado agresivo con ellos. Vemos cómo diariamente mueren por hambre, miseria, en Asia, África y América Latina. Todos los días se cometen crímenes, y no me refiero solamente a la muerte física, sino también psicológica. Más bien hay que mandarle un mensaje a los adultos para que cuiden a los pequeños: ellos siempre serán mejores que nosotros.



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