Facebook Twitter Google +1     Admin

ELLA SE DEDICA A “VIVIRRR”

20091018151717-randy.jpg

RANDY SABORIT MORA,
Periodista de Prensa Latina y
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Cortesía para Isla al Sur.

Caracas, (PL) Las rutinaria pregunta del periodista fue respondida con ingenio por  la venezolana Gladys Meneses, Premio Nacional de Artes Plásticas, cuando confesó que se dedicaba a “vivirrr”, con acento oriental incluido.

“A “vivirrr” trabajando. “Vivirrr” haciendo arte. “Vivirrr” por mis amigos y con mis amigos. “Vivirrr” para tomar cerveza…”, y siguió alzando su originalidad ebria de gozo, parafraseando al poeta José
Martí.

La mujer con pocas canas en la cabeza  y muchas menos en el alma, continuaba manteniendo el hilo de la jocosidad en la conversación viva que se iba como agua. Nadie podría sospechar sus 70 años en las espaldas.

“Yo digo que el que nace cerca del Río Orinoco no puede ser de otra manera es una cosa que te invade, pues”, confiesa.

Dice que nació en Tucupita (capital del estado Delta Amacuro, 719 kilómetros al sureste de Caracas) frente al Caño Mánamo en el Delta del Orinoco, donde estuvo hasta los 12 años cuando fue hasta Caracas a estudiar  bachillerato.

Recuerda que el arte lo empezó a estudiar de forma autodidacta desde muy pequeñita. Años más tarde mientras matriculó la universidad se inscribió en la Escuela de Arte, “y me quedé con esta”, acota.

“Después me fui a Roma con una beca del gobierno italiano en 1962, regresé en el 63. Me fui a vivir y trabajar en Barcelona, Venezuela. Allí tuve dos hijos. Después fui a Japón con mi esposo y la  familia.”

Atrapa en el recuento la imagen de su marido Pedro Barreto al que define como muy buen escultor, “ya murió”. En el país asiático estuvo tres años y medio hasta regresar al trillo de sus raíces.

“Monté un taller en Lechería (ciudad del estado Anzoátegui, al este de Caracas) desde 1973  y a daba clases en la Escuela Arte hasta que me jubilé, pues.  Pero del taller no me voy a jubilar nunca.”

Cuenta que en el taller recibe alumnos o a muchachos de pasantías que van por vitral o por grabado. “Fundamentalmente yo soy grabadora”, aclara.

Ella es la autora de un vitral en el ventanal del segundo piso a la entrada de la casona del Centro de Diversidad Cultural de la Avenida Zuloaga en Caracas.

“Esos son los colores de los ríos. La idea es que esto sea agua, pues. Para mí el agua es el elemento más hermoso y de mayores posibilidades de la naturaleza. Desde la nube hasta el hielo pues, pasando por las cascadas.”

“Yo trabajo mis elementos con las cosas que flotan. Aquí tengo el sol y allá tengo a la luna, que es más pequeña, pero no menos importante. Entonces todas las cosas confluyen  como si fuera agua hacia allá y hacia acá.”

Piensa que todo el que hace algo quiere mostrarlo, y por eso asumió la responsabilidad de esta obra a la luz de todo visitante del referido Centro.

Refiere que algunos amigos arquitectos le decían “Gladys por qué no nos haces una obra aquí o por qué no nos hace una obra allá.” Entonces empecé a ver que las matrices de grabado son tan bellas.

Incorporó, relata,  la matriz como fin y no como medio para hacer estampas o para grabados. El vitral es una obra de mayor formato para poder exhibir  en  cualquier lado, “entonces empecé con los arquitectos a colorear la luz del trópico.”

Asevera que lo que más le gusta  del Centro es que sea de la diversidad cultural.  Lo considera un espacio para irradiar a todo el país, Latinoamérica y el Caribe: “Que sea como el gran ministerio donde quepamos todos con diferentes religiones, géneros, razas y expresiones las que fueran.”

Se define como enamorada de los niños, pero suspira no tener nietos. “Perros me han dado mis hijos. Cuatro perros. Y yo les digo que no voy a aprender a ladrar, que lo lamento.”

Nombra a sus sobrinos como nietos, mientras busca una justificación para la decisión y se culpa en broma “quizás sea porque he sido tan mala madre”.

Mis hijos, subraya,  son de avanzada total. Uno de ellos es cocinero y el otro arquitecto.

En el Centro de la Diversidad Cultural, Gladys acaba de terminar un mural en una de la pared trasera de la casona que es el canto del río Negro al Catatumbo, rojo porque es de relámpago, fuerte.

Adelanta que en la propia institución “vamos a hacer  otro para representar a toda América Latina y el Caribe.”

-¿Para cuándo sería ese?

“Para cuando lo aprueben,  porque la pared está.”



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris