Facebook Twitter Google +1     Admin

NI PRÍNCIPES NI MENDIGOS… SOLO DEAMBULANTES

20091115204448-mendigo.jpg

 

 

En Ciudad de La Habana existen 536 personas con este tipo de trastorno de la conducta, provocada en la mayoría de los casos -más del 40 por ciento-, por el abuso del alcohol.

 

Texto y foto:
LINET PERERA NEGRIN
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Descalzos, ropas gastadas, mirada triste y vacía, caminando sin rumbo, sin lugar a donde regresar, con delirios de otra realidad, rechazados, insultados en ocasiones y olvidados en algunos casos por aquellos que son su familia, así se identifica al deambulante, persona que pese a cualquier trastorno o actitud, requiere respeto y comprensión y a quien debemos tratar como ser humano.

El Centro de Evaluación y Clasificación de Deambulantes de Ciudad de La Habana, al cierre del año 2008, reportó la  existencia de 536 personas, en la capital, con esa conducta; de ellas, el 13 por ciento mujeres.

“Los deambulantes son miembros de la sociedad que no comparten con los demás sus normas, modelos ni símbolos establecidos y andan por las calles a la deriva; sin duda, necesitan de la rehabilitación psicosocial”, expresó Ernesto Sierra, director de la institución.

El especialista agregó que este es un problema de salud, pero en Cuba se convierte en una cuestión social y aunque estadísticamente no resultan significativos, para una sociedad como la nuestra, que se precia de sus altos valores humanos, resulta insoslayable garantizar el nivel de atención adecuada.

Deambulantes

En el lenguaje popular se identifican como deambulantes no solo a personas que recorren las calles sin rumbo fijo, sino también a  mendigos, vagabundos y alcohólicos, sin tener en cuenta que estos sustantivos denominan a otros segmentos de la población.

Según Ernesto Sierra, los deambulantes son individuos sin albergue permanente y pueden mantenerse en las calles, en un resguardo, edificio abandonado o en otros lugares, considerando que no tienen casa.

Su origen es multicausal, depende de muchos factores que entrelazados desencadenan este tipo de reacción o respuesta. Entre ellos se distinguen incapacidad mental y física, la edad avanzada, la viudez, ausencia de hijos, dependencia del alcohol y trastornos psiquiátricos.

Con frecuencia, son pacientes psiquiátricos de larga evaluación o personas con retraso mental sin vinculación  con la red preventiva asistencial, carencia de tratamiento psicofarmacológico y desarraigo familiar.

En la mayoría de los casos de conducta deambulante, coinciden rasgos característicos. Si un individuo es enfermo mental, no necesariamente tiene que ser deambulante, pero si  sumamos que vive en el seno de una familia disfuncional, no se atiende por el equipo de salud y no se incorpora a la rehabilitación, entonces el enfermo pasa a estar en la calle, detalló en La conducta deambulante en la capital, el fallecido doctor Bernabé Ordaz, primer director del Psiquiátrico de La Habana.  

A propósito del fenómeno conductual, Milagros Rodríguez, trabajadora de servicios gastronómicos de la cafetería del Hospital Calixto García comentó que “algunos vagabundos tienen muy mal aspecto, sus ropas están sucias y descuidadas, incluso a veces son groseros y deberían buscarles un lugar para atenderlos”.

De acuerdo con el criterio de Odalis Rodríguez, doctora en Psiquiatría del Hospital Psiquiátrico: “Toda persona que presenta desarraigo familiar y social, con pérdida  de sus hábitos de aseo personal, conducta migratoria, pernoctación en áreas públicas, conflictos habitacionales, toxicomanías asociadas y conductas que van en contra de las normas sociales del país, podría ser catalogada como deambulante”.

La otra cara de la moneda

Las disoluciones de lazos familiares y personales son algunas de las razones por las cuales esas personas deciden desandar por las calles. Los deambulantes no tienen una relación habitual, no mantienen ningún contacto con su familia directa e indirecta, situación provocada por la muerte de uno o varios miembros, distancias que los separan, peleas familiares, adicción, enfermedad, trastorno físico o mental.

En ocasiones, la ruptura del vínculo laboral con ausencia de ingresos estables es la causa. No poseen empleo fijo, aunque probablemente lo tuvieron, en especial, el 10 por ciento de las personas tienen estudios universitarios, según investigaciones realizadas en la década de los 90 por el Departamento de Asistencia Social de Ciudad de La Habana.

En otros casos, el rompimiento de las relaciones con pérdida de amigos y conflictos institucionales, aunque es un proceso gradual, influye directamente en su conducta.

“Todas las rupturas son denominadas en Psicología, sucesos vitales estresantes, y se caracterizan por ser encadenadas, traumáticas y bruscas. Cada elemento condiciona al otro”, explicó Carlos Pérez, psicólogo del Policlínico de Bejucal.

El especialista argumentó que son traumáticas porque provocan un alto sufrimiento a la persona al no encontrar motivación y debilitarse su voluntad; y bruscas, por los grandes traumas que puede haber experimentado durante su vida y eligen ir a las calles para alejarse del dolor.

El alcoholismo es otra de las causas fundamentales, más del 40 por ciento de los deambulantes padecen de esa enfermedad, porque al acumularse experiencias negativas para esposas, hijos y hermanos, muchos son rechazados por los familiares, el centro de trabajo y la sociedad, debido a las conductas inadecuadas que asumen durante el consumo de la sustancia.

Luchar contra molinos de viento

“La mayoría de los individuos que andan por la calle no son agresivos, pero algunos se convierten en un problema porque reaccionan descontroladamente, entonces es cuando las autoridades deben hacerse cargo para evitar ese tipo de comportamiento”, explicó José Manuel, vecino de la calle San Lázaro, en la capital.

El estado ayuda y promueve un tratamiento exitoso con el desarrollo de un plan individualizado en la atención y cuidado de las personas necesitadas, que les permite satisfacer sus necesidades básicas y médicas.

“El Sistema Nacional de Salud (SNS) implantó a partir de los años 90, década cuando resurgió este problema, programas con el objetivo de proteger a los ciudadanos más vulnerables socialmente”, comentó Ernesto Sierra.

En mayo de 1995, por decisión del gobierno y con apoyo del Sistema Nacional de Salud, se creó el Centro de Evaluación y Clasificación de Deambulantes con 16 capacidades. Su objetivo era evaluar integralmente cada caso por un equipo interdisciplinario de salud. El período de estudio, inicialmente, estaba previsto en un término de 24 a 72 horas, pero luego se elevó hasta siete días.

“El equipo después de obtener todos los elementos necesarios mediante la investigación social, la identificación policial del sujeto, los resultados de las pruebas psicométricas y el diagnóstico clínico psiquiátrico, manifestaba su criterio y los evaluados eran ingresados en el Hospital Psiquiátrico, hogar de ancianos e impedidos físicos y, por supuesto, en el propio Centro”, manifestó la psiquiatra Odalis Rodríguez.

La problemática se resolvió momentáneamente; pero, como en la mayoría predominan las personalidades psicópatas, comenzaron a presentarse otros tipos de problemas, algunos asociados a la dependencia del alcohol, que afectaron la convivencia y ocasionaron graves trastornos a la dinámica funcional de los centros de salud recepcionadores.

Con el aumento de la demanda de ingresos en el transcurso del tiempo, la posibilidad de aceptar a los necesitados y enfermos se hizo cada vez más crítica por falta de capacidades debido, en primer lugar, a la desactivación progresiva de las camas, y en segundo lugar, al deterioro constructivo y estructural de las instalaciones por sus características y su situación.

A principios del año 2002, la Comisión Provincial Intersectorial, que acudía periódicamente al centro, identificó no válidas sus funciones por la insolubilidad de los casos al no poder ofrecer albergue, vivienda, ni tan siquiera ingresos rápidos en instituciones sociales.

El Paraíso

A mediados del año 2002, ante la necesidad de dar solución definitiva a la atención del deambulante, se creó  una institución  de nuevo tipo con características especiales y el  objetivo principal de rehabilitar para reinsertar al medio social y laboral a estas personas. El sitio escogido para ubicarlo fue “La Colonia”, instalación  localizada en la avenida de Rancho Boyeros, a tan solo 1,5 kilómetros del Hospital Psiquiátrico.

“Las funciones primordiales son el aseguramiento de la custodia de los enfermos garantizando su disciplina y permanencia, la evaluación y clasificación de los deambulantes recogidos en la capital, brindar albergue durante el tiempo necesario, deshabituar a los pacientes con toxicomanías asociadas, entrenarlos y habilitarlos para su inserción laboral, comunitaria y familiar con seguimiento”, aseguró  Ernesto Sierra.

Pasaje a lo desconocido

El Centro de los Deambulantes comparte criterios para recibir a los pacientes con dicha conducta, y un primer momento es la evaluación de cada uno por parte del personal de enfermería.

“La enfermera, como miembro del equipo de salud, debe conocer las características que tienen estas personas para ser o no aceptadas en el Centro, y una vez recibidos, atender sus necesidades fisiológicas, de protección y seguridad, de amor, de estima y autorrealización”, explicó  la enfermera Diana*.

La mayoría de los deambulantes son acogidos, solo una minoría se traslada  para lugares especializados, siempre en coordinación con las autoridades pertinentes.

La respuesta de Carlos Estupiñan, trabajador de servicios públicos, puede resumir la percepción que tiene la comunidad sobre el conflicto, basado en un muestreo realizado en la capital: “Los familiares resultan los más afectados cuando dentro del núcleo  existe un sujeto con trastorno de la conducta, para ellos resulta difícil observar cómo un ser querido va perdiendo todas sus facultades”.

En el largo proceso de rehabilitación e incorporación a la sociedad interviene un equipo multifactorial integrado por psiquiatras, psicólogos, clínicos y terapeutas ocupacionales. La dinámica funcional está basada en actividades vinculadas con la mejoría de la calidad de vida de los deambulantes y a su adaptación a las normas sociales.

Entre las manifestaciones de la dinámica encontramos la comunidad terapéutica, donde se analiza la disciplina del grupo, el sentir, las aspiraciones, las relaciones interpersonales, los deberes y derechos y todos aquellos aspectos que intervienen en el desarrollo de las normas de convivencia y la disciplina social.

“Otra es la terapia ocupacional que incluye actividades laborales, de autoservicio, utilización del tiempo libre, actividades recreativas, deportivas, culturales y dinámicas con familiares”, precisó Ernesto Sierra.

La mayor ayuda que pueden recibir los pacientes con trastornos de conducta proviene de su internamiento en el Centro de Deambulantes, sin descartar el papel de la comunidad, que es significativo, dentro de todo el proceso de rehabilitación e incorporación a la sociedad.

“El médico de asistencia de la localidad y trabajadores sociales, el área de atención y la fiscalía son los encargados del seguimiento continuo de los pacientes”, afirmó la doctora Odalis Rodríguez.

Si bien las terapias ocupacionales y la comunidad influyen directamente en la rehabilitación de los reambulantes, no se puede restar importancia al papel de la familia, aunque existan algunas que niegan la ayuda.

No todas las familias se desentienden del problema, aunque a veces resulta extremadamente difícil enfrentarlo. Carmen*, cuya madre presenta conducta deambulante, comentó: “Le presto la mayor atención a mi madre y controlo su tratamiento, pero al menor descuido se escapa, entonces me pongo nerviosa por lo que pueda pasarle. Ella es conocida y no es violenta, siempre hay alguien que la ayuda o me avisa de su paradero”.

Manuel*, vecino de la localidad de Santiago de Las Vegas, explicó que “vivir cerca de una persona con este problema, por lo general,  resulta preocupante por lo impredecible de su actuar, más aún cuando son violentos. Soy vecino de un caso aunque, por suerte, es tranquilo”.

Atendiendo a que la sociedad cubana privilegia la condición del ser humano, uno de los criterios más consecuentes sobre la problemática lo expresó Miguel Martín, trabajador de la Terminal de Ómnibus de Santiago de Las Vegas: “Algunos no son enfermos mentales y no están deambulando, sino que presentan problemas seniles propios de la edad y están perdidos. La actitud de las personas hacia los deambulantes debe estar, sobre todo, basada en el respeto, porque son seres humanos al igual que nosotros y debemos brindarles orientación y ayuda”.

*Los nombres han sido cambiados respetando la privacidad.

Recuadro:

Dios, rey o emperador

Dios, rey o emperador, así se autotitulaba José María Lledín, el Caballero de París, personaje que durante la década del veinte del pasado siglo apareció deambulando por Ciudad de La Habana, llegando a ser una persona popular y querida por su poder de comunicación y cultura. Fue el primer deambulante atendido en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, donde pasó los últimos ocho años de su vida. Falleció en 1985.

Ficha técnica:

Tema: Los deambulantes en Ciudad de La Habana.

Propósito: Brindar información acerca de la situación de los deambulantes en la capital.

Objetivos colaterales: Conocer las características de estas personas. Lograr que las personas identifiquen a los deambulantes. Sensibilizar a la población con la situación de los deambulantes.

Estrategia de fuentes:

Ernesto Sierra, director del Centro de Evaluación y Clasificación de Deambulantes de Ciudad de La Habana.

Odalis Rodríguez, doctora en Psiquiatría del Hospital Psiquiátrico de La Habana.

Carlos Pérez, psicólogo del Policlínico de Bejucal.

Diana*, enfermera del Centro de Deambulantes.

Personas entrevistadas en la calle.

Soportes a emplear:

Hecho: La presencia de deambulantes en Ciudad de La  Habana.

Contexto: La situación de los deambulantes de Ciudad de La Habana, la atención que reciben y la voluntad del país en no abandonar a ninguno de los miembros de la sociedad.

Antecedentes: El aumento que se observa del número de deambulantes en la capital.

Proyecciones: La comprensión y el respeto que deben tener la personas al tratar con los deambulantes.

Fuentes:

Ernesto Sierra, director del Centro de Evaluación y Clasificación de Deambulantes de Ciudad de La Habana.

Odalis Rodríguez, doctora en Psiquiatría del Hospital Psiquiátrico de La Habana.

Carlos Pérez, psicólogo del Policlínico de Bejucal.

Diana*, enfermera del Centro de Deambulantes.

Personas entrevistadas en la calle.

Testimonio de Luis Calzadilla, psiquiatra de El Caballero de París, recogido en su libro “Yo soy el Caballero de Paris”.

Estadísticas del Centro de Deambulantes de Ciudad de La Habana.

Documento “Conducta del deambulante en la capital”, del director del Hospital Psiquiátrico de La Habana, Comandante Doctor Eduardo Bernabé Ordaz.

Trabajo de curso de Ernesto Sierra, director del Centro de Deambulantes.

Textos complementarios: Recuadro.

Tipos de juicios:

Analíticos: se emplean para reflejar todas las aristas de un problema y se utilizan  opiniones de especialistas.

Valor: se explica el cómo  y el porque de la problemática a través de los diferentes criterios utilizados.

Tipo de título: llamativo

Tipo de entrada: descriptiva

Tipo de transiciones: En el reportaje se utilizan las muletillas para entrelazar los párrafos y unir ideas, por ejemplo, según y a propósito. También empleo subtítulos para introducir el tema y la repetición de una palabra determinada para recalcar el hecho.    

Tipo de cuerpo: de bloques temáticos.

Tipo de cierre: de conclusión o resumen, aportado por una fuente



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris