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¿SE DIVORCIAN LOS PADRES DE LOS HIJOS?

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Al cierre del 2008 se registraron en Cuba 13 243 casos de parejas separadas con niños.

LEYDA MACHADO ORAMAS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
                         

No basta,  traerlos al mundo porque es obligatorio / porque son la base del matrimonio / o porque te equivocaste en la cuenta. (Franco de Vita)

Laura* tiene 12 años y solo conserva de su padre el apellido y el nombre escogido por él. “¿Mi papá?: es una foto dentro de mi closet. Tenía cuatro años cuando me fui de la casa, y desde hace ocho no lo veo. Parece que, además de mi mamá, también se divorció de mí”, cuenta cabizbaja la jovencita.

“Solo recuerdo que las lágrimas comenzaron a rodar por mis  mejillas y todas las dudas se resumieron en una pregunta: Mami, ¿qué es divorcio? Ella me explicó con nerviosismo como mejor pudo, empacamos nuestra ropa y nos fuimos a vivir con mis abuelos. Ese día vi a papá por última vez”, agrega la adolescente.

Muchas veces la pareja asume el divorcio como un asunto demasiado complejo para ser comprendido por los hijos, y prefiere mantenerlos ajenos a un problema que los involucra. "Mami nunca ha intentado explicarme, no sé si no quiere recordarlo, pero de cualquier modo, sea cual fuere el motivo, nada justifica su despreocupación”. La historia de Laura no es un caso atípico,  todo lo contrario, escenas como estas son visibles en muchos hogares.

El Censo de Población y Viviendas de 2002, indicó que el 70 por ciento de los niños cubanos tienen a sus padres divorciados y datos más recientes de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), registran el pasado año en nuestro país 13 243 separaciones legales de parejas con hijos menores de edad.

Cuba presenta uno de los índices más altos de divorcio en América Central, de tal modo, en el 2008 se registraron 33 882 casos, los cuales no incluyen separaciones de relaciones no formalizadas.

“Atravesamos una dramática situación social en cuanto a los conflictos familiares, realidad que ha experimentado cambios en las parejas modernas, los cuales influyen en la estabilidad emocional de los hijos”, explica Reina Fleitas, socióloga y profesora de Familia en la Facultad de Sociología de la Universidad de La Habana.

De pecado a moda

La iglesia concibe el matrimonio como el acto sagrado de unión ante Dios de dos personas que se aman, y lo reconoce como base fundamental de la familia y vínculo imposible de disolver.

Magdalena Rodríguez Flores, cristiana, comenta: “Hoy las personas van a la boda civil pensando separarse. Creemos que una familia distanciada es un blanco perfecto para el sufrimiento, y por ello no lo admitimos, es un pecado”.

Sin embargo, no todos coinciden en ello, pues algunas personas consideran que es preferible la posibilidad del divorcio en un hogar donde los hijos estén viviendo constantemente las agresiones y peleas de sus padres, algo tan poco adecuado para su bienestar.

“Mis padres discutían y se golpeaban mucho. Casi todas las noches dormía vestido y con los zapatos puestos, porque casi siempre que él se enojaba, nos botaba de la casa. En una ocasión, tuve que mediar entre ellos dos y empujar a mi papá, pues creía que iba a matar a mi mamá”, comenta Mauricio*, un joven de doce años.

Cuando la relación entre los padres llega a extremos semejantes, es mejor optar por la separación de ambos cónyuges y no afectar la salud física y psíquica de los hijos.

A principios del pasado siglo el divorcio era mal visto por la sociedad cubana. En las escuelas, los hijos de padres separados debían enfrentar las burlas de sus compañeros y eran marginados  por no cumplir con los patrones sociales de la época.

Si bien la pareja cubana enfrenta los restos de esos tabúes ancestrales, la ruptura conyugal, en estos días, resulta una opción para quienes no encuentran en su relación el espacio necesario para lograr autonomía, satisfacción y crecimiento individual.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas, en el 2008, el mayor índice de divorcios se concentró en el grupo de edades comprendido entre los 35 y 39 años en ambos sexos. La zona occidental del país, con cifras que ascienden a 11 753 casos en Ciudad de La Habana y  3 244 en Villa Clara, son las de mayor incidencia, mientras, en el Oriente, los números disminuyen, principalmente en Las Tunas con 956 y Guantánamo  con 1 174.

Cuba se caracteriza por la facilidad, desde el punto de vista legal, para concertar el divorcio: “La separación es un proceso sencillo y poco costoso, incluso, si es por consenso mutuo basta con una declaración ante el notario público”, afirma Yoeslandy Blanco, juez de la Sección Civil del Tribunal Municipal de Plaza de la Revolución.

El amor se cohíbe en los juzgados

Nuestro Código de Familia, vigente desde 1975, recoge una serie de  leyes destinadas a la protección de los pequeños, las cuales implican su sustento como una obligación de ambos padres, aunque no estén bajo su  cuidado.

Teresa Vergara Delgado, Notaria Pública y profesora de Derecho Civil y Familia de la Universidad de La Habana, sostiene: “En la sentencia, el Tribunal determinará quién de los progenitores conservará la custodia de los hijos menores, y dispondrá lo conveniente para mantener una adecuada comunicación entre ellos y el padre con el que no convivan, así como la pensión alimentaria”.

Esta última, constituye una de las principales cuestiones de demanda en los Tribunales de Justicia: “No tiene un rango determinado. Existe un valor mínimo de 40 pesos. El saldo se analiza de acuerdo a un balance con el salario del padre y teniendo en cuenta la aceptación del miembro que la entregará”, comenta Yamila González, secretaria de la Directiva Nacional de la Sociedad Cubana de Derecho Civil y de Familia.                                       

No basta con comprarle curiosos objetos…

“Yo me considero un buen padre y si mis hijos no piensan así, son unos desagradecidos, pues dentro de mis posibilidades les he brindado todo, incluso, lo que no tengo. Si no me cree, salga y pregunte, todos le dirán lo mismo: a ellos nunca les ha faltado nada”, dice Manuel*, recién divorciado.

Opinión contraria dan los menores, quienes admitieron gozar de  buenas posibilidades económicas mientras vivieron juntos, pero en cuestiones de afecto y comunicación, siempre ha existido un vacío.

“Solo se preocupaba por lo material, pero jamás se ha interesado en mi vida personal, ni siquiera en los asuntos de la escuela. Siempre ha estado desde afuera”, comenta Yaima*, la hija mayor.

Sandra*, la madre de Yaima y Javier*, opina: “Desde la separación todo cambió. Comenzó a pasarles una pensión  alimentaria de 50 pesos mensuales. Eso se va en nada. Sin embargo, aún se considera el mejor padre del mundo, a su entender, el resto me corresponde a mí. Sus delirios de paternidad comprometida se basan, además, en que ‛cuando sus hijos necesiten algo, se lo pueden pedir y en su casa  pueden comer  cuanto quieran”.

¿Una alternativa saludable?

Si bien la negativa al divorcio persiste, la mayoría de las personas lo consideran una solución eficaz, sobre todo, cuando la relación de pareja se torna conflictiva y tiene repercusiones graves en los hijos o ya se han agotado los recursos para  resolver los problemas.

Para la psicóloga Yoanka Valdés Jiménez, especialista del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), “la disolución legal del matrimonio es un gran  logro, pues le permite a la pareja no atarse a él si ya perdió su sentido”.

No son pocos los casos donde los padres, después de separados, conservan una relación más cordial que cuando estaban casados, precisamente, porque el divorcio es una alternativa para evitar lastimarse y mantener una relación afable después de la ruptura.

La historia de Ricardo*, estudiante de tecnológico, demuestra que a pesar de ser difícil, tampoco es una utopía: “Mis padres se llevan muy bien. Mi papá va mucho a la casa y todos compartimos: él con mi madrastra y mami con su esposo. Pocas personas hacen eso”.

¿Y... qué  queda después del divorcio?

La separación de los padres es siempre una experiencia asumida diferente por los hijos. La familia en la cual nacieron, crecieron y vivieron toda la vida desaparece, y sin importar sus deficiencias, sienten la falta. Muchos muestran angustia cuando conocen la noticia, pero el conflicto continuo entre los adultos, anterior y posterior a la ruptura, puede tener un impacto devastador en ellos.

Ana Luisa Segarte,  psicóloga y Profesora Titular de la  Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, comenta al respecto: “El problema no es tanto el divorcio, como el proceso paralelo a él. Lo  peor es el drama, las cosas dichas por los cónyuges, y los muchachos oyen. No se  ponen de acuerdo, se gritan y, entre tantas contradicciones, el niño habita en una situación que lo perjudica”. 

La primera reacción de los más pequeños ante la ruptura es la de temor al abandono. Sienten una profunda sensación de pérdida y tristeza. La mayoría espera la reconciliación de sus padres.

“Pueden presentarse trastornos clínicos como pérdida del sueño, del apetito. Otros pueden encerrarse en sí mismos como defensa  al daño ocasionado por la separación, o mostrar rebeldía y fallos en la escuela”, comenta René Vega, psiquiatra del Centro de Orientación y Atención Psicológica. 

Pero no todos reaccionan igual, depende de cómo se esté tratando la separación. Si se mantiene una relación afectiva con los hijos y logra evitarse que el conflicto los envuelva, aumentará la confianza de los niños, y  se concentrarán en el cumplimiento de sus tareas.

“Es preferible para la estabilidad emocional de los hijos, unos padres separados, pero felices, a unos juntos y peleando. Ellos llegarán a entenderlo, si es bien manejado e, incluso, podrán asumirlo como una experiencia más de su vida, que los hará crecer como personas”, asegura Jesús*, estudiante de preuniversitario.

Sonia Catasús, economista y demógrafa del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, refiriéndose a la tendencia en la Isla, comenta: “El divorcio es una problemática de la sociedad moderna, y aunque las tasas están altas, no constituye una situación alarmante, pues es un fenómeno internacional”.

Por su parte, Enrique González, director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas, comenta que desde el año 2000 la tasa de divorcio fluctúa entre 3 y 3,4 por cada mil habitantes, y no existe inclinación al aumento.

Padre no es cualquiera

“Tuve que hacer mi primer papalote solo, y esperar por los padres de los muchachos del barrio para ir al terreno a jugar pelota. El mío viene a verme cuando se acuerda, por eso agradezco que mamá encontrara a un hombre como Antonio*, quien me ha criado desde los cinco años”, dice Adrián*, estudiante  de octavo grado.

A pesar de no contar con el apoyo de su papá, se considera privilegiado, pues su mamá encontró un hombre bueno y sin hijos, quien ha sabido llenar ese vacío y cubrir todas sus expectativas.

Por desgracia, la ausencia de papá en el hogar es un suceso             muy común actualmente. En un  divorcio, generalmente el hombre es quien se aleja y, cuando el niño lo necesita, no está presente.

Dalia*, estudiante de Meteorología de la Universidad de La Habana, por el contrario, sí creció con sus padres juntos y recuerda: “Era el mejor del mundo, hasta creía que los papeles entre él y mi mamá estaban invertidos”.

Pero todo cambió. Desde un poco antes de divorciarse, la relación comenzó a deteriorase. “Se ha desentendido de nosotras, pasa una pensión y viene a vernos cuando le parece”, comenta.

“Al principio, por orgullo, no quería reconocerlo, pero luego comprendí cuánto sufría.  A veces, cuando me preguntan por él, no puedo decir nada agradable, y eso duele, se derrumbó la imagen de quien significaba todo para mí, era mi  ídolo, mi estrella”.

Dentro de la estructura familiar, el padre es un eslabón importante, pues junto a la madre, es encargado de dar afecto y educación a sus hijos. Aunque a ella corresponde la parte biológica de la realidad materna, la figura paterna asume un papel determinante sin llevar en el vientre una criatura.

Tejer la felicidad

Durante el proceso de separación, los hijos necesitarán compartir el mayor tiempo posible con sus padres y, sobre todo, tener la seguridad de que su amor no cambiará por la ruptura de la relación.

“En principio, es importante mantener una actitud clara y abierta, explicarles lo sucedido, sin culparlos; estimularlos a preguntar y contestarles con sinceridad”, señala Patricia Arés, Doctora en Psicología y Presidenta de la Sociedad Cubana de Psicología.

Es fatal prohibirles ver y estar con sus padres cuando lo desean, pues necesitan de su abono para nutrirse y de  su protección para vivir; además, es un derecho que les corresponde.

La licenciada Yoanka Valdés Jiménez resalta la importancia de mantener una relación con los hijos lo más similar a la previa al conflicto: “La calidad de su vida dependerá del tiempo destinado a  realizar actividades juntos, de cuánto se interesen por su desarrollo.

“En una separación, es necesario que ambos traten de llevar una relación respetuosa, no expresen cosas negativas del otro frente al niño. Jamás se debe someter a los hijos a la decisión de escoger con cuál de los dos desea quedarse, esto genera  mucha angustia”.

La respuesta ideal no existe, se debe construir en cada caso, pero lo fundamental es mantener el equilibrio entre los ex cónyuges y no desatender a los niños. A un hijo no se le visita, con un hijo se comparten tiempo y experiencias.

Camino a la solución

Nuestro Estado garantiza la seguridad y la protección de los niños y adolescentes. Existe, además, el Código de la Niñez y la Juventud y la Convención  Internacional sobre los  Derechos del Menor.

También, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) entre sus líneas de trabajo, da cobertura al divorcio: “Este asunto, debido a su repercusión en los hijos, se atiende en cuanto llega al centro”, comenta Lisa García Gayós, asesora jurídica de la esfera de trabajo comunitario de la FMC.

En ese sentido, también es muy importante la labor de las Casas de Orientación de la Mujer y la Familia, donde laboran psicólogos sociólogos y psicopedagogos, encargados de aconsejar a las personas  en cuanto a la solución más adecuada.

En el país existen opciones para contribuir a que la pareja maneje la situación de forma adecuada y no provoque daños a la familia. Sin embargo, la mayor parte del esfuerzo está en manos de quienes, día a día, hacen del divorcio un proceso común, cuando en realidad representa una decisión trascendental en la vida.

Olvidan que los niños  requieren de ambos padres como figuras de referencia y apoyo. No necesitan seres perfectos, sino presentes en su desarrollo, e, incluso, personas que fallen y se equivoquen.

Nota*: Los nombres de los padres divorciados, así como de los hijos fueron cambiados para respetar su privacidad.

FICHA TÉCNICA:

Tema: El divorcio y la repercusión en los hijos.

Propósito: Demostrar cuánto afecta a los hijos la separación de los padres.

Objetivos colaterales: Comprobar la existencia de una distancia afectiva entre padres e hijos una vez que ocurre la separación. Analizar las actitudes de la población acerca del divorcio. Conocer el criterio de padres acerca del rol paterno desempeñado por ellos después del divorcio. Analizar los índices de divorcialidad en Cuba. Investigar qué sentimientos experimentan los hijos con relación al divorcio de sus padres. Analizar qué  sucede en los hijos después de la separación de sus padres. Valorar si el divorcio representa una alternativa saludable. Demostrar la importancia de la figura paterna en el desarrollo de los hijos.

Estrategia de fuentes:

Documentales:
 
Censo de Población y Viviendas de 2002

Anuario Demográfico de Cuba, 2008

Benítez, María E. La familia cubana en la segunda mitad del siglo XX.Ciencias Sociales, 2003.

Makarenko, A.S. Conferencias sobre educación infantil.MINED, 1985.

Ares Muzio, Patricia. Abriendo las puertas  a la familia del 2000.Articulo fotocopiado, 1997.

---------------------------- Ejercicio de la maternidad y la paternidad. Estudio de casos (Trabajo de Maestría y Clínica), 1997.

---------------------------- Mi familia es así. Ciencia y Educación, 1990.

---------------------------- La familia: una mirada al futuro. Conferencia magistral. Universidad de La Habana, 1997.
 
Directas:

Entrevistas a:

Teresa Delgado Vergara, Notaria Pública y profesora de Derecho Civil y Familia de la Universidad de La Habana

Magdalena Rodríguez Flores, cristiana. 

Lisa García Gayós, asesora jurídica de la esfera de trabajo comunitario de la FMC.

Patricia Arés, Doctora en psicología y Presidenta de la Sociedad Cubana de Psicología.

Enrique González, director del Centro de Estudios de Población Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas.

Sonia Catasús, economista y demógrafa del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana.

René Vega, psiquiatra del Centro de Orientación y Atención Psicológica.

Yamila González, secretaria de la Directiva Nacional de la Sociedad Cubana de Derecho Civil y de Familia.

Yoeslandy Blanco Pérez, juez de la Sección Civil del Tribunal Municipal de Plaza de la Revolución.

Ana Luisa Segarte, Profesora Titular de la  Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.

Entrevista realizada a Reina Fleitas, socióloga y profesora de Familia de la Facultad de Sociología de la Universidad de La Habana.

Yoanka Valdés Jiménez, psicóloga y especialista del Departamento de familia del Centro de Investigaciones  Psicológicas y Sociológicas (CIPS).

Hijos de padres divorciados: Laura*, Ricardo*, Adrián*, Yaima*, Javier*, Mauricio* y Dalia*.

Padres divorciados: Manuel*, Sandra*, Raúl* y María*.

Soportes a emplear:

Hecho: Incremento del número de separaciones con hijos menores de edad a 13 243 casos durante el pasado año y las consecuencias que ello trae.

Contexto: Aumento considerable de la divorcialidad en Cuba, comportamiento por provincias y edades, así como todas las repercusiones emocionales y conductuales que el fenómeno deja en los hijos

Antecedentes: El Censo de Población y Viviendas de 2002 indicó que el 70% de los niños cubanos tenía a sus padres divorciados.

Proyecciones: Lograr que se asuma el proceso con más responsabilidad y afrontarlo como un cambio que influye en la relación con los niños, y  así aminorar las consecuencias del mismo en los hijos.

Fuentes: Las enunciadas en la estrategia de fuentes

Tipos de juicios:

Analíticos: Los juicios analíticos estuvieron presentes en todo el trabajo, tanto como por el análisis y la opinión de diferentes actores de la sociedad, padres divorciados, hijos de los mismos, estudiantes de diferentes edades y profesores, entre otros, acerca del fenómeno en la Isla. También están dados por especialistas en el tema como psicólogos, sociólogos, notarios, juristas, clínicos, demógrafos, los cuales son el resultado de estudios e investigaciones realizadas. Finalmente están dados por las cifras y estadísticas analizadas por Enrique González, director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas, pues provienen de profundos análisis y sondeos por parte del centro.

Hipotéticos: Estuvieron  presentes en los resultados del Censo de Población y viviendas de 2002, así como de las encuestas realizadas para el trabajo, pues no ofrecen una cifra total exacta, sino una aproximación, en ello influye mucho el criterio y la autodefinición de las personas censadas  y entrevistadas, además, las últimas constituyen solo una muestra.

Sintéticos: Los juicios emitidos por los especialistas, en los cuales analizan el fenómeno atendiendo al origen, situación actual, demostrando un conocimiento general del tema, por lo que puede avizorar consecuencias y repercusiones. 

De valor: Los juicios de valor corresponden a las opiniones y análisis de personas autorizadas y, además, especializadas en el tema. Tal es el caso de Yoeslandy Blanco Pérez, juez de la Sección Civil del Tribunal Municipal de Plaza de la Revolución o de Patricia Arés, Doctora en psicología y Presidenta de la Sociedad Cubana de Psicología, por solo citar dos ejemplos. Ellos abundan en todo el trabajo.

Tipo de título: Llamativo

Tipo de entrada: Anecdótica

Tipo de cuerpo: Por  bloques temáticos

Tipo de transiciones: Las transiciones utilizadas fueron en primer lugar los subtítulos que separan cada bloque temático, los cuales relacionan cada nuevo bloque temático con el párrafo que lo inicia, ya sea una pregunta catafórica, respondida en el bloque que le sigue, o frases que ejemplifican el contenido del acápite. También se utilizaron muletillas como pero, aunque, sin embargo, a pesar, entre otras. En otros casos fue necesario repetir en la oración o párrafo que sigue una palabra o frase clave dicha anteriormente, para crear un nexo por repetición.

Tipo de cierre: De moraleja o instancia a la acción.



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