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ARQUITECTO DE FANTASÍAS

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“En la infancia y adolescencia encontré el tema de la película, la formación de un carácter”, confiesa Fernando Pérez, uno de los más destacados cineastas cubanos, al hablar de su nueva obra, El Ojo del Canario.

LIVHY BARCELÓ VÁZQUEZ,
estudiante de quinto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Fernando se acerca a los actores y ante todos comienza a dar instrucciones de cómo quedaría la toma. A los cinco emisarios de la corona española entre ellos, el Capitán General, les indicó su ubicación dentro del set de filmación y la forma en que debían sujetar el quepi y empuñar la espada mientras bajaran la escalera. A las niñas que se arrodillaran y no miraran hacía las cámaras y a la madre del niño, solamente, le dijo: “Tú sabes como tienes que poner el rostro”.       

Todos se alistan, de pronto se escucha una voz que dice: ¡ACCIÓN!

La escenografía denota un cuidadoso tratamiento del contexto epocal, sin dudas, es el siglo XIX cubano. En una de las escaleras del palacio de los Capitanes Generales se encuentran los militares, a unos cuantos peldaños, Leonor Pérez se hace acompañar de sus hijas, quienes al igual que la madre, se inclinan ante los señores. 

La madre de José Martí pide al Capitán General clemencia por su hijo a la vez que le entrega una carta y se arrodilla ante él.

El capitán responde:

-Levántese señora. Yo sé algo sobre esto de José Martí, pero no estáa en mi jurisdicción.

Mira a uno de los oficiales y apunta:

-Vamos a tener en cuenta esto.

Al terminar la conversación, comienza a bajar la escalera acompañado de los demás oficiales. De inmediato, Leonor se levanta y le suplica: “Pero es un niño, tiene solo dieciséis años”.

Ante sus palabras, el capitán se detiene, la mira y sigue su camino.  

¡CORTEN!, silba Fernando Pérez. Bajen un poco más lento los últimos escalones, pues la cámara tiene que pasar por detrás de la columna.

-A pesar de ser un documentalista

multipremiado prefiere el cine de ficción.

¿A qué se debe esta distinción?

El cine documental fue mi escuela, me formé como cineasta dirigiendo documentales en el noticiero ICAIC Latinoamericano de Santiago Álvarez y en otros espacios. Es un  género extraordinario y muy difícil, pues la realidad no se puede dominar totalmente. Siempre estás a expensas de lo que ella te depare.

La ficción me atrae mucho más ya que le permite al director crear mundos posibles en donde es el máximo responsable de lo que estará en pantalla, entonces, de alguna manera, siento seguridad con la ficción debido al gusto por la fantasía que muchas veces es más creíble y verosímil que la realidad misma.

-Los especialistas reconocen su obra en tres etapas.

Y los cambios de estilo generan temor.

¿Cómo enfrenta Fernando Pérez los cambios

de estilo en su forma de hacer cine?

¡Con temor! -sonrió-, pero también con muchos deseos y ansias. Siempre pregunto por qué soy cineasta y la respuesta está en el placer que experimento al hacer cine. A través del séptimo arte puedo comunicarme con las personas. Lo que me  desagradable es la rutina.

Los caminos conocidos ofrecen más seguridad, pues transitas por ellos de una manera convencional y establecida. Sin embargo, tanto en el cine como en la vida, uno debe vivir cambios, estos siempre son sinónimos de  evolución, de avance, de ir hacia delante y de revelar muchas cosas. Lo peor es estar inmóvil, quieto.

-La historia de Cuba está rebosada de

personalidades y hechos significativos.

¿Cree usted que la cinematografía cubana

padece de películas que los aborden?

Mira,  no sé. Tendría que pensar bastante esa respuesta. En estos 50 años del ICAIC me vienen a la mente películas cubanas que tienen tales argumentos. Recuerdo la cinta sobre Mella, el Baraguá de Masic, un documental de la vida de  Frank País, David y La Odisea del General  José.
La historia ha nutrido mucho al cine cubano, quizás lo que ocurre es que nuestra producción nunca ha sido tan amplia como nosotros quisiéramos.

Creo que esta situación no es exclusiva de películas sobre la vida de personajes y hechos históricos, también ocurre con muchos otros temas. Posiblemente esta sea la respuesta, de acuerdo con los promedios, tendría que pensarla más.  Esa respuesta se la dejo a los investigadores.

-Su nueva producción Martí: El ojo del canario,

pertenece a una serie titulada Libertadores,

que convoca a varios cineastas latinoamericanos

para que cada uno refleje la vida de un héroe.

¿Qué significa haber sido escogido

para tamaña responsabilidad?

Nunca pensé hacer una película sobre José Martí, cuando me lo propusieron, dudé, pero no dije que no, tenía que pensarlo bien y finalmente acepté. Si bien es cierto que cada cubano tiene su Martí, entonces yo también tenía que dar el mío. La película, El Ojo del Canario, comienza con Martí de nueve años y termina en el presidio político a los dieciséis.

Escogí este período por ser una de las etapas menos difundidas de su vida, no quiero decir conocida porque hay investigaciones y documentos que lo avalan. No obstante, es la menos divulgada por la riqueza que encierra la obra del  Martí adulto. En esa infancia y adolescencia encontré el tema de la película, la formación de un carácter.

-¿Cuánto riesgo presupone realizar

una película sobre un personaje

histórico de gran envergadura?

Los riesgos acometidos con cualquier película. Solo que al tratar personajes históricos estos peligros pueden ser mayores, pues te exigen fidelidad. Cuando realizo películas que parten de la realidad histórica trato de que los hechos sean bastante fieles a la historia real, aunque no exactamente iguales. Siempre hay una parte de la visión creativa del director. El caso de esta producción es lo mismo, más que una biografía es una película inspirada en la vida del Apóstol. Habrán múltiples criterios, algunos quizás no coincidan con la película que he ficcionado, pero allí está el Martí niño y adolescente que imaginaba y quiero comunicar a todas las personas.

-La personalidad de José Martí

es sumamente compleja.

¿Qué retos le supuso a Fernando Pérez

asumir esa responsabilidad?

Abordarlo con la complejidad que se merece. Todo el cine que he hecho,  hasta el momento, parte de la complejidad. No hay ninguna realidad que sea esquemática, cuando te olvidas de los matices la reduces a la nada, entonces haces propaganda o cualquier otra cosa. La vida es muy compleja y el papel del arte es expresar las complejidades y contradicciones de la misma y abrirse al universo del ser humano.

-¿Qué experiencia ha adquirido

con el rodaje de esta película?

Muchas. Primero logré profundizar en mis conocimientos sobre la obra martiana. Se hizo una investigación muy cuidadosa en la cual colaboraron Gloria María Cosío y Alejandro Gutiérrez. Visitar bibliotecas, consultar  periódicos de la época y libros de historia me acercó a la vida en el siglo XIX y pude establecer comparaciones con nuestra vida hoy. Descubrí muchas cosas que no imaginaba y jamás pensé que fueran así. También aproximarme a la obra martiana me  permitió confirmar que quizás lo más profundo está en lo más sencillo, no en lo más simple.

-¿Cómo fue el proceso de

selección de los personajes?

Fui muy cuidadoso con la selección de los personajes. Sabía que de no tener un niño y un joven como imaginaba, mejor hubiera sido renunciar a la película. El proceso de casting fue intenso y duró varios meses. Buscamos los posibles actores para estos personajes en lugares insospechados, incluso en la Universidad de Ciencias Informáticas. La selección final se tornó muy difícil porque existían opciones tanto para el niño como para el adolescente. Al final quedaron Damián Rodríguez, para el Martí niño, y Daniel Romero, para el de 15-16 años. Estoy muy satisfecho con la labor realizada por ellos, al menos me felicito  de haberlos encontrado.

-El simbolismo y la metáfora recorren

la filmografía de Fernando Pérez.

¿En la nueva película apelará

también a este recurso?

La obra poética de Martí es la metáfora y la utilización de símbolos. Es un torrente, un río, un universo de imágenes que pudieron tentarme para hacer una película en esa línea, pero no. Martí: El ojo del canario es un filme de narración clásica, realista y solamente, en uno o dos momentos, no voy ha decir cual, se  podrán sentir la mirada del Martí niño y adolescente sobre su realidad que pueden quedar dentro de él como materia de poesía, para crear los símbolos y las metáforas de las que posteriormente el Martí adulto se valdría para  escribir.

-Reiteradamente usted ha dirigido a

jóvenes valores de la actuación.

¿No teme que la inexperiencia

perjudique la creación?

En lo absoluto, lo prefiero a veces. En ocasiones la experiencia puede convertirse en un obstáculo, justamente, porque falta frescura, audacia, riesgo y espontaneidad. Prefiero la pasión en la escena de los principiantes. No estoy enfrentando una contra la otra, pero no temo trabajar con quienes actúan por primera vez. Al contrario, me atrae muchísimo.

-“No, Martí adulto es demasiado inmenso y complejo”,

estas fueron sus palabras ante la

posibilidad de una segunda parte.

¿No cree usted que la cinematografía cubana

quedará en deuda con su público

después de ver Martí: El ojo del canario?

¡No sé, es probable! Creo que después de esta experiencia tan intensa no seré yo quien cumpla ese compromiso. Martí y la historia de Cuba son una fuente inagotable no solo para películas sino para el arte en general. En Cuba hay muchos realizadores jóvenes y de mi generación que van a enriquecer el pago artístico de esa deuda.

 



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