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“UNA REALIDAD INDESCRIPTIBLE”

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Jorge Antonio Leyva Molina, médico cubano colaborador en Angola, describe la situación del  país africano.

ANA LEYVA DEHESA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.            

“En Angola la mortalidad infantil, materna y general por causas evitables es de las mayores del mundo, mientras que la extracción de petróleo alcanza un estimado en valores diarios de unos diez millones de dólares”.

Estas son las palabras de Jorge Antonio Leyva Molina, médico cubano que ha vivido cinco años en Angola como colaborador especial, y ahora se decide a compartir las experiencias de lo que él mismo llama “el capitalismo puro, duro y feroz de los países subdesarrollados”.

—Después de cinco años trabajando en

un país capitalista subdesarrollado,

¿qué experiencias considera más importantes?

No solo es trabajar en un sistema de total salvajismo social como el capitalismo, sino hacerlo en el sector de la salud. Es penoso apreciar cómo la depreciación de la gente vinculada al sector llega a ser una “normalidad”, aún para los propios despreciados, que llegan a aceptar de forma inhumana que su “deber” es morirse sin molestar mucho. Es una experiencia muy triste.

Lo primero que se aprende al llegar a cualquier país de África es que la realidad de la pobreza es muy superior a cualquier foto, documental, discurso o cifras. A partir de esa percepción, uno aprende a valorar en toda su dimensión lo que tenemos en Cuba.

 —¿Puede referir ejemplos que demuestren

esa pobreza y salvajismo social?

Todos los días son de ejemplos, y aun así es imposible dejar de asombrarnos: llega a un centro de salud una madre joven con su  hijo de meses, enfermo hace más de una semana y muriéndose porque ella no tiene con quién dejar a los otros (5, 6 o más). No lo atienden porque no puede pagar la consulta.

Va entonces al hospital público, hace la cola de más de 10 horas y luego de pagar “algo”, lo ingresan en una cama que comparte con otro niño moribundo, donde con escasos medios y medicamentos logran prolongarle la vida unos días, hasta que muere.

El padre, que no pudo dejar de trabajar en esos momentos, ahora es autorizado a faltar, mientras dura el velorio (generalmente de cinco días con comida y bebida para los familiares y amigos que van).

Entonces llego y les digo a los padres: ¡Lo siento! Y me dicen: “No hay problema médico, paciencia, qué vamos a hacer, paciencia”,  como si hablaran de algo ajeno.

Mira, la mayor parte de la población cubana nació después de 1959, nosotros conocemos del capitalismo lo que nos han contado, y casi siempre se omiten los detalles.

Algo como escribir una receta, leerla y entregársela al paciente, yo que vengo con 40 años de Cuba, que el analfabetismo lo conozco  de oído, los primeros días no me daba cuenta que aquellas personas no podían hacer los tratamientos porque no sabían leer.

Uno da esas cosas por hechas. Nosotros suponemos, porque es a lo que estamos acostumbrados, que todo el mundo sabe leer. Yo que estoy en la capital, en una clínica donde el personal que se atiende tiene, en su mayoría, un mejor nivel que la media, me percaté después que este era un problema que afectaba, sobre todo, a las mujeres, y es que el 70 por ciento de la población aquí es analfabeta.

No es lo mismo que a uno le hablen de explotación infantil, de hambre, que ver a un niño de cinco años a través de la ventanilla del carro a 25 centímetros  de  ti pidiendo limosna o vendiendo algo, y tú sabes que si no le das o  compras, ese día no come. Los niños de la calle, para muchos puede ser el nombre de un documental, pero allí es una realidad indescriptible.

—¿Hay, por el contrario, opulencia

en otros sectores de la población?

¡Muchísima! El contraste es abismal. Un derroche excesivo: tener cuatro o cinco carros y jeep de último año; dos o tres casas de más de un millón de dólares cada una; comprar lo más caro y no lo que precisan, pero despreciando siempre a los que no lo tienen, es normal en ese otro sector.

—Ha tenido la posibilidad de visitar más

de 20 países de todos los continentes.

¿Es diferente en ellos?

Bueno, no puedo valorarlos de la misma forma, pues no es lo mismo una visita de unos días o semanas, a la vida “real”. Pero básicamente en los de África es igual, el mismo grado de riqueza mal distribuida, de corrupción gigantesca, de miseria.

En los países desarrollados es diferente realmente. El avance tecnológico, económico, lleva a un grado diferente de desarrollo social, que sin erradicar estos desequilibrios, garantiza un nivel de vida más adecuado para las mayorías, pero aún en ellos el abordaje social, y sobre todo el tratamiento a los demás, a los más  necesitados, evidencia el egoísmo y el individualismo propios de estas sociedades de consumo.

—Y los medios de prensa,

¿cómo abordan el tema?

He podido presenciar muchas televisoras, leer decenas de periódicos, pero principalmente aquellos medios que se autoproclaman imparciales, transparentes, comprometidos con la veracidad de las noticias. Puedo afirmar, así sin la más mínima duda, que es una gran mentira. Todos, todos, son dependientes del poder de las clases capitalistas dominantes, y muestran el lado conveniente para ellos de cualquier cosa. Es realmente repugnante ver cómo manipulan cada cosa, lo más mínimo, incluso la miseria humana.

Ficha técnica:

Tipo de entrevista:

Por su estructura: Clásica (de preguntas y respuestas)
Por su contenido: De opinión

Tipo de título: De cita
Tipo de introducción: De cita
Tipo de cuerpo: Clásico
Tipo de conclusión: Opinión del entrevistado

 



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