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LA ENTREVISTA: ¿SINÓNIMO DE DIÁLOGO?

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Tema: Vicente González Castro, comunicador cubano, plantea que la entrevista es el género más difícil porque es como una corrida de toros, donde ni el toro ni el torero quieren perder su dignidad.

IVÁN MORALES MORALES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La entrevista, considerada un género por algunos estudiosos, como parte primordial de estos por otros, e incluso, solo como método indagatorio, siempre ha estado en la punta de mira de quienes la utilizan. Criterios divergentes al respecto hacen más llamativo su análisis.

Las posibilidades que brinda atraen hasta al más importante erudito a desentrañar sus misterios. Hacer un buen uso de ella le permite al periodista dilucidar los más recónditos misterios de su interlocutor. De lo contrario, sería un arma en su contra.

Para una mayor comprensión, resulta primordial recurrir a los principales autores que han hecho referencia a ella en sus textos.

Sus orígenes

No se conoce con precisión cuándo se comenzó a utilizar en el periodismo el sistema de preguntas y respuestas con el objetivo de trasladar información al lector.

El catedrático e historiador peruano Juan Gargurevich propone en su libro Nuevo manual de Periodismo, que “un antecedente se puede hallar en la utilización de aquella forma literaria llamada "diálogo", inventada por los griegos hacia el año 400 A.C. El famoso filósofo Platón fue quien utilizó por primera vez la forma de diálogo para fines de divulgación de sus principios filosóficos y con el método de interlocutores antagónicos. Fueron los griegos, quienes le dieron la forma escrita con sistema de preguntas y respuestas, desarrollando la conversación argumenta” (Gargurevich, 1987:70).

Por su parte, la periodista avileña Sayli Sosa Barceló plantea en un artículo publicado en el sitio digital La Tecla, bajo el título A propósito de la entrevista periodística, que “el surgimiento de la entrevista como género periodístico, se produce en el segundo tercio del siglo XIX. En Estados Unidos, el periodista Gordon Bennet publica en el New York Herald, el 16 de abril de 1836, una conversación titulada “Un asesinato atroz”. Se trataba de una entrevista a Rosina Townsend, dueña de un burdel neoyorquino, en el que se produjo un asesinato. Casi 25 años después, Horace Greeley empleó el “nuevo” método para dar cuenta de una entrevista al líder mormón Brigham Young, tras el caso conocido como la “Masacre de Mountain Meadows” (Sosa, 2009).

Posibles definiciones

“Las definiciones de la entrevista periodística –continúa la autora- son variadas, pero todas parten del hecho que están íntimamente relacionadas con los sucesos noticiosos. Estas se realizan con la finalidad de conseguir información testimonial en unos casos, en otros, de obtener opiniones sobre acontecimientos de actualidad y sobre temas de interés permanente” (Ibídem).

Criterios divergentes rondan el mito de la entrevista. Entre algunos autores aparecen puntos coordinantes, pero a la vez se aprecian diversas formas de interpretarla. Para comprender su finalidad, revisamos los siguientes conceptos:

Según la profesora Titular de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Miriam Rodríguez Betancourt, “la entrevista resulta un método al que calificamos de método indagatorio, que surge prácticamente con el lenguaje articulado, como necesidad social de relación humana en el proceso de producción de bienes materiales y se utiliza en casi todos los géneros periodísticos para la obtención de determinada información” (Rodríguez, 2000:15).

Para el teórico español Gonzalo Martín Vivaldi, la entrevista, además de sus características propias, “es también información y reportaje. Puede ser un retrato -con algo narración- de un hombre, pero con el molde vivo, puesto ante el lector” (Martín Vivaldi, 1970:358).

El venezolano Eleazar Díaz Rangel sostiene que “una entrevista es un diálogo donde el interlocutor interroga, formula preguntas para conocer opiniones o revelar una personalidad a través de las respuestas” (Díaz Rangel cit. en Gargurevich, 1987:70).

El pedagogo chileno Raúl Pizarro la considera “una conversación con metodología propia sobre diferentes temas, no necesariamente de actualidad, entre dos o más personas destinada a ser difundida en cualquier medio de comunicación” (Pizarro, 2009:2).

Ante la interrogante sobre un posible concepto de la entrevista, el Premio Nacional de Periodismo José Martí de 2009, Luis Sexto, la cataloga “tan difícil como el cruce de un río sobre una cuerda: puedes caer al agua al más leve resbalón”.

Esta supera el simple concepto de ser vehículo de obtención de material informativo para constituirse en un contacto personal entre dos personas: el periodista y el entrevistado. Posee una apariencia de calor humano, nacido de la sensación de inmediatez que se establece a través de las palabras del personaje que habla con los lectores.

Una realidad por descubrir

Un aspecto importante, no siempre tomado en cuenta, es que en la entrevista se evidencia el poder social del periodista, no sólo para formular preguntas, sino, sobre todo, en su exigencia para que se dé respuesta a las interrogantes que presenta a los interlocutores. Una entrevista es buena porque ha conseguido un inteligente equilibrio entre información, testimonios y opiniones.

Pasarán años antes que los criterios referentes al tema se unifiquen para conformar un mismo pensamiento. Mientras tanto, su continuo estudio permite crear juicios propios ante la disyuntiva de encasillarla en algún aspecto.

El joven periodista del semanario Trabajadores, Rudens Tembras Arcia, considera que "el diálogo entre las partes debe ser una interacción verdadera, ajena a complicidades y acuerdos previos, con toda la tensión y expectativas que desata la búsqueda y exposición de la verdad, que siempre es relativa y cuestionable.

"Cada uno de los actores –continúa Tembras-  debe defender sus puntos de vista, sus opciones y objetivos, un reto que para el entrevistador se antoja mucho más difícil, pues le corresponde hacerlo casi siempre desde la interrogante clara, profunda y contundente.

"Las buenas preguntas son una prueba fehaciente del saber y la preparación. Cuando se indaga inteligentemente se ejerce de manera impecable el periodismo, y no existe la menor posibilidad de "perder" una entrevista”.

Por su parte, el comentarista de temas internacionales en el periódico Juventud Rebelde, Luis Luque Álvarez, plantea que “el entrevistador debe olvidarse un poco de poses impresionantes, y pensar más en la pregunta que haría el público, en lo que realmente les interesa a los lectores. Él es un vehículo, y no debe olvidarlo”.

Ante la frase del director de televisión Vicente González Castro sobre la entrevista, Luque cree oportuno subrayar que “básicamente debe prevalecer el respeto entre el toro y el torero. El periodista no debe andarse por los cielos, buscando el non plus ultra de una pregunta, a menos que tenga una inobjetable relevancia, ni el entrevistado debe acudir a improvisar, porque existen deberes en ambas partes”.

Resulta primordial citar una frase del argentino Pedro Lipcovich en la que asegura que “en la entrevista periodística, la verdad es el discurso del entrevistado”. Como complemento añadiríamos que el periodista desempeña un papel fundamental como intermediario entre su interlocutor y el público a quien va dirigido el trabajo. Por eso es indispensable evitar el criterio personal del redactor.

Por el contrario, la profesora de la Universidad de La Habana, Iraida Calzadilla, sostiene en sus clases que el periodista no es un simple intermediario, sino un conductor inteligente del diálogo, un interlocutor con intenciones y que si es necesario para el entendimiento del tema, o la toma de posición respecto a un asunto determinado, no hay que temer a emitir una opinión siempre equilibrada, siempre precisa y oportuna.
 
Al realizar la entrevista debe existir un ambiente cordial entre ambos “contendientes”. El diálogo resultará más una conversación formal si alcanzan la confianza necesaria. Lograr que el interlocutor ceda en el momento preciso siempre es una meta a conseguir. Para ello, el periodista intenta darle las riendas al entrevistado, pero siempre con la pregunta y el criterio certero donde hace saber quien tiene el mando. Aunque, en ocasiones, este también deberá dar su “brazo a torcer” como única vía de lograr su objetivo, un buena respuesta.

Llegar a ese punto demuestra que ambos poseen el control, y que ya no resulta una corrida de toros, porque torero y toro juegan un papel fundamental en el ruedo en que se convierte la entrevista. 
  

¿Género, parte de alguno o método indagatorio?

El Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, propone en su texto Sofismas de distracción que la entrevista periodística es como “esos floreros de las abuelas que cuestan una fortuna y son el lujo de la casa, pero nunca se sabe dónde ponerlos” (García Márquez, 2001).

“Sin embargo, prosigue el autor colombiano, es imposible no reconocer que la entrevista -no como género sino como método- es el hada madrina de la cual que se nutren todos. Pero no me parece un género en sí misma” (Ibídem).

El propio Sexto difiere en este aspecto cuando dice que “sí es un género. Un esquema, un molde, mediante el cual el periodista consigue el propósito de ofrecer la información en voz de la misma fuente, o pedir directamente la opinión sobre determinados hechos a los sujetos más autorizados, o el de revelar pensamiento, conducta, obra, intenciones de una persona significativa”.

Importante resulta para ese redactor del diario Juventud Rebelde “no olvidar que la interrogación es un método del periodismo. Por eso debe quedar claro la diferencia entre la pregunta como método principal de indagación del periodismo y la pregunta como propia del género llamado entrevista”.

Según el profesor Pizarro, “no se trata de un género en sí, porque la entrevista periodística lo engloba a todos ellos, ya que existen diversas tipologías. Toda entrevista tiene un fin en sí mismo, pero la periodística trasciende a las demás por el solo hecho de que su contenido será de dominio público” (Ibídem).

En su libro Acerca de la entrevista periodística, Miriam Rodríguez Betancourt plantea que esta, “como género específico, posee un atributo especial de autenticidad porque transmite opiniones o informaciones de quien conoce, o está más cercano, o es protagonista de un hecho” (Rodríguez, 2000:16).

“Aunque la entrevista como género ha logrado un margen de independencia muy amplio, debe recordarse que ella es también un componente orgánico de otros géneros” (Ibídem).

RECUADRO

PARA NO CAER AL AGUA

El Premio Nacional de Periodismo José Martí de 2009 y profesor adjunto de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Luis Sexto, ofrece sus criterios acerca de la entrevista periodística.

Una entrevista periodística es un género, esto es, un esquema, un molde, mediante el cual el periodista consigue el propósito de ofrecer la información en voz de la misma fuente y entonces sería una entrevista informativa, o pedir directamente la opinión sobre determinados hechos a los sujetos más autorizados, y tendríamos así una entrevista de opinión, o el de revelar pensamiento, conducta, obra, intenciones de una persona significativa de modo que hiciéramos una entrevista de personalidad.

Es tan difícil como el cruce de un río sobre una cuerda: puedes caer al agua al más leve resbalón.

La entrevista cuenta con dos etapas: la primera es el trabajo de campo: la elección del personaje apto, luego la entrevista, la conversación, el careo básico: el periodista pregunta, sugiere, para obtener respuestas. Una entrevista no empieza a ser buena con las respuestas, sino con las preguntas, porque estas, si son originales e incisivas, reclamarán respuestas condignas.

Lo primero que un periodista ha de hacer es no preguntar nada obvio, nada baladí. No puede ser una pregunta, y mucho menos una pregunta explícita, el "dónde usted nació". Ese dato, el periodista tiene que averiguarlo antes, porque no puede acercarse al entrevistado sin saber previamente detalles básicos del personaje. Y si no lo sabes y debes preguntárselo, la pregunta no puede aparecer en la conversación, aunque el dato sí.

Una entrevista, sobre todo las de personalidad, exige que el entrevistador se fije en los gestos y en el tono de la voz. Hay que mirar al entrevistado: un gesto al responder puede adquirir una importancia fundamental en la respuesta: la puede matizar. También el tono o el volumen de la voz, puede también trasladar un matiz intencional o un valor psicológico.

Si se trabaja con grabadora, es preciso hacer síntesis, despejar lo repetitivo y sin interés o importancia, para dejar la esencia.

La segunda parte de la entrevista es la redacción: el periodista va a construir verdaderamente la entrevista. Adecuará las preguntas y las respuestas a la estructura. Lo que se preguntó primero puede ser la última pregunta. Es preciso ambientarla. Describir el ambiente donde se efectuó la entrevista, o donde pudo haberse hecho, es también un modo de definir al personaje. Es insoslayable que el entrevistado se reconozca en lo que dice, no solo siendo fiel al contenido, sino guardando fidelidad al tono, a la sintaxis con que organiza sus palabras.

La grabadora puede facilitarlo, pero de no usarse, el periodista resume lo dicho, pero manteniendo las palabras claves que distinguen al entrevistado y su forma de acometer la sintaxis. En fin, podrá redactarla desarrollando el diálogo explícitamente, con sus preguntas o respuestas, o podrá mezclar lo directo con lo indirecto, o usará la técnica de las preguntas implícitas, esto es, las respuestas contienen la pregunta. El periodista usará lo que más convenga teniendo en cuenta el propósito de la entrevista.

Por ejemplo, en una entrevista informativa o de opinión no hará falta exponer las preguntas. Puede redactarla mediante resumen indirecto o mediante citas con preguntas implícitas. Quizás la pregunta de personalidad permita la reproducción del diálogo, si es vivo e interesante. Las preguntas, en la entrevista redactada no pueden ser muy largas: al lector le basta con una pregunta breve, insinuante. Las respuestas, han de ser también sintéticas, salvo que una frase sin aparente significación tenga una importancia reveladora en el diálogo.

No olvidemos que la interrogación es un método del periodismo: el periodista pregunta para saber, para averiguar. Así, el reportero pregunta a una fuente por los pormenores de una noticia, o recaba una declaración haciendo una pregunta. Hay, pues, que diferenciar la pregunta como método principal de indagación del periodismo y la pregunta como propia del género llamado entrevista. Esto debe quedar claro.

BIBLIOGRAFÍA:

Barceló Sosa, Sayli. A propósito de la entrevista periodística.  Consultado el 9 de julio de 2009. Disponible en la URL:  http://www.latecla.cu/bd/entrevista/aproposito_sayli.htm  

García Márquez, Gabriel. Sofismas de distracción.  Consultado el 9 de julio de 2009. Disponible en la URL:    http://www.saladeprensa.org/art201.htm

Gargurevich, Juan: Nuevo Manual de Periodismo. Kausachum. Lima. 1987.

Martín Vivaldi, Gonzalo. Curso de Redacción. Pueblo y Educación. La Habana 1970.

Pizarro Rivera, Raúl. La entrevista periodística. Universidad Andrés Bello. Chile, 2009. p.2.
Rodríguez Betancourt, Miriam: Acerca de la entrevista periodística. Editorial Pablo de la Torriente, La Habana 2000.



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