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¿QUIÉN ABONA LA AGRICULTURA HABANERA?

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YUNET LÓPEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La Habana.- El desarrollo de la agricultura se encuentra amenazado en la provincia de La Habana por el elevado déficit de trabajadores en el sector, situación que arrastra desde hace varios años.

“A pesar de encontrarme sin un puesto laboral en estos momentos, el trabajo en el campo no me motiva, es muy fuerte, y requiere de mucho sacrificio. Yo espero por algo mejor”, afirma el joven de 22 años, Guillermo Hernández.

En la actualidad, una serie de factores como la oportunidad de elegir otra carrera con mayores expectativas, el deseo de vivir en zonas urbanas, y el facilismo, quizá, de encontrar un trabajo que requiera de menos esfuerzo, influyen para que el cubano desprecie el trabajo en el campo.

Pero no siempre fue así. Durante el período especial y todas las dificultades para la agricultura que este originó, los campesinos cubanos no abandonaron su labor, y enfrentaron el desafío de producir una gran parte de los alimentos, con al menos la mitad de los insumos agroquímicos y un limitado acceso a combustibles.

“Hace treinta años, la disposición del pueblo para las labores agrícolas era mucho mayor, quizá porque en aquel entonces no era tan avanzado el desarrollo educacional; hoy, el hijo del campesino ya no tiene que seguir la tradición de la familia de trabajar la tierra, existen para él otras oportunidades”, asevera Idia Ruiz Rodríguez, funcionaria de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).

Todas las actividades económicas que abarca la agricultura tienen su fundamento en la explotación de los recursos que la tierra origina y la acción del hombre: vegetales, cereales, frutas, hortalizas, pastos cultivados y forrajes, fibras utilizadas por la industria textil, cultivos energéticos, entre otros. Es una labor de gran importancia para el desarrollo económico de las naciones.

“Soy feliz de ser campesino, sé que estoy contribuyendo a la alimentación de mi pueblo, a sustituir importaciones a mi país, y al avance de la Revolución”, defiende orgulloso Antonio Jiménez, quien lleva 75 años trabajando en el sector agrícola.

“El hombre que ama la tierra, como yo, siente orgullo cuando ve la planta crecer, la cría nueva que nace, cuando llena el cubo de leche y sabe que va a ir a parar a la boca de un niño que la necesita”, aclara Jiménez.

Una de las causas que provoca un éxodo incontrolable que deja sin recursos humanos los campos del país, es la estructura poblacional y sus zonas de residencia, y el incremento del nivel educacional. Hoy los habitantes rurales tienen la tendencia siempre creciente de ir hacia las ciudades

“La sociedad por una cuestión de orden educacional empieza a ver y sentir el campo como símbolo de atraso, de marginación profesional y de subdesarrollo, enfatiza Ruiz Rodríguez.

Por otra parte, la universalización de la enseñanza desde los mismos inicios de la revolución, contribuyó, sin ser el propósito, al rechazo de los jóvenes estudiantes a las carreras agrícolas.

“Cuando terminé los estudios en el pre-universitario, tenía claro que la carrera de Agronomía era la menos idónea, ya que existen otras opciones que ofrecen mayores expectativas para el futuro. Ser ingeniero automático, químico, doctor, o periodista, son profesiones que atraen más la atención de los jóvenes”, afirma Leonardo Ramírez, estudiante de Contabilidad.

“El trabajo agrícola es fuerte, pero el Estado debe encontrar la forma de incentivar a la juventud para que opte por carreras agrícolas, se podría lograr buscando una forma de trabajo donde el obrero se sienta remunerado, que su producción esté de acuerdo con su salario,” asevera Humberto Pérez, campesino de una CCS (Cooperativa de Crédito y Servicio), del municipio Madruga.

También influye en la problemática de la agricultura, la actual y futura situación demográfica del país, con una población que no se reproduce y envejece vertiginosamente, según cifras de la oficina Nacional de Estadísticas.

La posición de los jóvenes, al no sentir motivación por las labores agrícolas, junto a un deterioro de la base económica, agudizada en las zonas rurales, ha provocado un giro de 180 grados en la cultura agraria de otrora.

“Estas problemáticas repercuten y repercutirán en la mente de las actuales y futuras generaciones si no se frenan las causas que crean la tendencia de alejarse del campo como vía de buscar en otras partes mayor desarrollo y realización personal,” aseguró la funcionaria de la ANAP.
 
Toda proyección en el camino de impulsar la producción agropecuaria, eje central de los propósitos alimentarios de la provincia y el país, necesita que del apoyo de la juventud, y el pueblo en general.

Aunque hay jóvenes que rechazan la agricultura, existen otros, como Ramiro González, que le brindan todo su apoyo.

“Soy estudiante de Agronomía. Como mis compañeros del Politécnico, tuve la oportunidad de elegir otra profesión, pero estoy convencido del momento histórico que me ha tocado vivir y, por ello, doy el paso al frente para que nuestra Revolución, no se detenga jamás”.

 

 



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