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ESFUERZO, HUMILDAD, AMOR = PROFESOR

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El maestro Juan Tomás Fonseca Milián practicó deportes desde su niñez, pero las medallas olímpicas nunca fueron su vocación, sino el magisterio. A él se deben los Fisminutos.

Texto y foto:
GABRIELA MENÉNDEZ FORMELL,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En la sala hay una gran mesa rodeada de sillas. Tomé asiento, y preparé los medios para mi trabajo. Pasados unos minutos, llegó mi entrevistado, un hombre de estatura baja, piel mestiza y ojos oscuros, vestido con short, pulóver y tenis. Con una amable sonrisa se sentó frente a mí y, después de presentarse formalmente, dimos inicio a la conversación.

Juan Tomás Fonseca Milián, Máster en Ciencias de la Educación, ejerce desde 1998 como Profesor Asistente del Departamento de Cultura Física y Superación de Atletas de la Facultad de Educación Física, radicada en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Su vida como estudiante empezó en 1967, en la Escuela Superior de Educación Física Comandante Manuel Fajardo. Aún joven se incorporó a la práctica docente y, en 1978, concluyó su licenciatura. A partir de ese momento, trabajó en escuelas de las distintas enseñanzas y, además, en el Instituto de Perfeccionamiento Educacional (IPE).

“En 1986, en la Isla de la Juventud, colaboré en la preparación de jóvenes de Zimbabwe y Angola como futuros profesionales del magisterio. Más tarde, me dediqué a la maestría, la cual proponía  incrementar los cursos de postgrado en mi especialidad, pero el Varona no disponía del claustro necesario para ofrecerla; por lo tanto, se creó el Diplomado en Educación Física. Esto se aplicó en el Pedagógico sólo por dos cursos, hasta el año 2000. La tesis como producto llegó hasta ahí, pero los conocimientos adquiridos me permitieron cursar diferentes diplomados en el Instituto Superior de Cultura Física (ISCF).”

A pesar de gustarle desde pequeño la actividad física, nunca consideró la posibilidad de ser atleta: “Siempre me gustó practicar deportes: en la primaria empecé con boxeo, y rápidamente desistí, pues no soportaba el entrenamiento que se hacía en aquella época. Después, en sexto grado, natación, y desde la secundaria hasta el primer año del preuniversitario, gimnástica. En esa disciplina resulté campeón en 1967 y luego entré al Fajardo pensando en ser profesor de Educación Física, no entrenador.”

Entre los años 1986-1987, Juan Tomás Fonseca concibió el Programa Manual de Fisminutos Escolares INDER: “El proyecto surgió a partir de mi inclinación por estudiar el comportamiento de los niños de primaria frente a la carga docente que recibían durante el día. En otros países, además de la Educación Física, se realiza una gimnasia matutina y algunos ejercicios intermedios, los cuales se establecieron también en los programas educacionales de las escuelas internas y el nivel preescolar en Cuba.”

-¿Qué ventajas ofrecía

el Manual de Fisminutos?

Recoge una serie de ejercicios de cuello, brazos, tronco y pies que deben hacer los estudiantes cuando reflejen síntomas de cansancio intelectual.

El profesor Fonseca también incursionó en el uso de la computación en favor de su asignatura, mediante la aplicación de softwares. En 1987 desarrolló un trabajo investigativo relacionado con un sistema automatizado para el procesamiento de los resultados de las pruebas de eficiencia física (SAEF, por sus siglas).

“El maestro aplica las pruebas a los muchachos y los resultados, rápidamente procesados por el programa, muestran el nivel de desarrollo de las capacidades físicas de cada uno. Mediante una comprobación se verificó que el profesor de forma manual demora aproximadamente media hora para completar el proceso y si, como promedio eran 30 estudiantes, la tarea requería una semana. Con la aplicación del software, todo se reduce a unos 10 ó 15 minutos.

“Existe otro programa llamado SAFO (Sistema Automatizado para la Formulación de los Objetivos), que emplea los niveles de asimilación, reproducción, sistematicidad y las habilidades para elaborar el objetivo principal de cada clase. Aunque esto lo hace en un lenguaje mecánico –por llamarlo de alguna forma-, es bastante preciso.”

-¿Qué le ha aportado su

vinculación laboral al Pedagógico?

Considero que al estudiar se alcanza un determinado grado de profesionalidad que sólo se completa con la práctica. Trabajar en el Instituto ha sido la mejor escuela porque, obligatoriamente, he tenido que investigar y proyectarme en otras ramas del conocimiento de diferentes especialidades.

Al preguntarle sobre su participación en la tercera revolución educacional cubana vinculada a la Batalla de Ideas, específicamente en la preparación de los Profesores Generales Integrales (PGI), sonríe y me cuenta: “El equipo de investigadores de 1999 estaba formado por un profesor de cada especialidad. El proyecto se denominó el Plan de Los Cien Valientes, cuya concepción inicial era formar 100 jóvenes de forma experimental. Se acordó, entonces, que debíamos ser los tutores de esos futuros maestros; por lo tanto, tuve que auto prepararme en todas las asignaturas y observar las clases que aquellos impartían.

“Se seleccionaron nueve escuelas en Ciudad Habana, y en la que me asignaron, tenía seis estudiantes PGI insertados con grupos de alumnos y dos de reserva. Todos participábamos en la conformación de la clase y en caso de que alguno se ausentara, el profesor de reserva lo sustituía. Sin embargo, hubo momentos que incluso yo tuve que asumir la tarea. Por ello, debía estar tan calificado como los profesores integrales, lo cual significó un esfuerzo y sacrificio que me sirvió de mucho.”

-¿Cree que es suficiente la preparación

que reciben los PGI antes de

vincularse a la práctica docente?

Considero que para licenciarse en la enseñanza general integral se debe estudiar cinco años. Durante un tiempo existió un sistema de prácticas de familiarización donde los estudiantes de primer y segundo año visitaban las escuelas y observaban cómo el profesor graduado impartía las clases.

Luego venían las prácticas docentes de especialización, en las que en un determinado período daban una parte de la clase en coordinación con los maestros de la escuela y, por último, la docente general. Es decir, existían diferentes niveles en la integración de esa persona a la práctica laboral.

Actualmente no es así, sino que el educando pasa un primer año intensivo y a partir del segundo ya se vincula a la escuela. A mi juicio, la falta de preparación para el desempeño como profesional es la única dificultad que afecta a los PGI, ya que todavía no tienen las herramientas necesarias para enfrentar un proceso pedagógico.

Entre otros reconocimientos, al profesor Fonseca le otorgaron la Distinción por la Educación Cubana, la Medalla Hazaña Laboral y el Premio del Rector, aunque, cuando le pregunté a qué factores se debían estos logros, me respondió con humildad: “Fundamentalmente me ayudaron personas como mi compañero Antonio López Cubilla, un hombre dedicado a la constante superación, a tal extremo, que se hizo metodólogo del municipio de Marianao, y yo me convertí en su colaborador.

“A su vez, en el Pedagógico muchos educadores de mi especialidad tenían una gran cultura, lo cual conllevó a que estudiara todavía más. Actualmente, la mayoría son doctores y no están en el Varona, sino en el ISCF.

“Quisiera señalar, además, a Ariel Ruiz Aguilera, investigador Titular del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas, con quien participé en el trabajo para el continuo perfeccionamiento del sistema educacional.

“Otra personalidad que influyó en mi formación fue Carlos Rojas, con quien realicé la investigación para el cambio educativo en la secundaria básica. En el año 2000, con la concepción del nuevo currículum, la idea del compañero Fidel hizo que surgiera el PGI. Nuestro equipo reorientó, entonces, los estudios hacia la formación de dichos profesores y éste, sin duda, fue otro momento de mucho rigor para mí.”

-¿Qué aspectos de la

docencia disfruta más?

Impartir la clase de Gimnasia Básica es lo que más me gusta. La materia se orienta esencialmente al desarrollo de las capacidades físicas de los estudiantes, ya sea la fuerza, la rapidez, resistencia, coordinación y movilidad.

Además de esta asignatura, Juan Tomás Fonseca en sus años de magisterio ha dado clases de Voleibol, Gimnástica, Atletismo, Baloncesto, Teoría y Metodología de Entrenamiento Deportivo, entre otras.

En los diferentes niveles de enseñanza, afirma que la relación maestro-alumno no siempre es igual: “En la primaria el intercambio es mayor, pues para ellos la clase es como un juego y se establece una estrecha comunicación. En la secundaria esto varía, porque los muchachos ven en la asignatura una obligación o castigo. Y en la enseñanza superior, cuando trabajo con la especialidad no hay dificultad.”

Sin embargo, admite que la mayoría de los estudiantes no participan en deportes, incluso, algunos presentan certificados médicos que les imposibilitan hacer muchas actividades.

-¿Cuán importante resulta la práctica

sistemática de ejercicios físicos en el

desarrollo fisiológico y

mental del individuo?

El deporte aumenta la capacidad de trabajo físico-mental del organismo, retarda el envejecimiento y crea un estado psíquico favorable para el desarrollo de cualquier actividad. A su vez, desde el punto de vista sociológico, permite la comunicación e interrelación de las personas. Por eso resulta de gran beneficio la práctica de los juegos en edades tempranas.

-Usted, con gran experiencia en

el magisterio, ¿cómo califica la

evolución de la educación

cubana hasta hoy día?

La educación como tal es buena y la evolución ha sido muy favorable. Sin embargo, a partir del año 1980, muchas personas dejaron de ejercer la profesión. En el 2000, con la implementación del Profesor General Integral, esto mejoró. Se comenzó en la secundaria básica, precisamente por tener el mayor conflicto y ser el período donde el alumno pasa de niño a adolescente, etapa difícil en la vida. Con la introducción del PGI, éste mantiene una atención directa y se convierte en el tutor o padrino de los jóvenes.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha técnica:

Objetivo central: Dar a conocer la labor del profesor Juan Tomás Fonseca Milián como docente del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona.

Objetivos colaterales: Reflejar sus contribuciones al desarrollo de la enseñanza cubana. Recopilar valoraciones sobre la educación en Cuba hoy día.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad-Opinática.
Por el canal que se obtuvo: Conversación cara a cara.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: De presentación con elementos de retrato.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de preguntas: 1-Informativa; 2-Directa; 3-Directa. De opinión; 4-Informativa; 5-Directa; 6-Directa.
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas: Currículo del entrevistado. Documental.

04/09/2011 07:16 islalsur #. Rostros del Varona


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