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YANDRO QUINTANA: PEQUEÑO GIGANTE

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La lesión en un hombro no impide que a los 28 años de edad, un deportista consagrado a su carrera, siga adelante.

Texto y foto:
YURAICI PÉREZ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Quienes lo conocen aseguran que por muchas veces que nazca, siempre será deportista. Sube las escaleras de la casa perteneciente a sus tíos y ubicada en la calle Neptuno. Es muy bajito y camina dando pasos gigantes. No parecen molestarle el ruido de los autos pasando ni el pregonar de los vendedores.

Ahora, como si estuviera en el colchón de pelea en lucha libre, Yandro Quintana dice: “Bueno, ¿qué hay que hacer?”. Así se presenta este hombre de pueblo que no se mide por el peso de las medallas en su pecho, sino por la grandeza del corazón.

“No soy de Camagüey, nací en Ciego de Ávila, en Chambas, allí me criaron mis abuelos hasta los cuatro años, cuando fui a vivir con mi mamá, en Florida.

“Mi vocación por la lucha comenzó a los siete años por un vecino de mi tía. En ese tiempo yo vivía con ella, pues mi mamá estaba enferma y se encontraba aquí en La Habana; todos los días él  me enseñaba las técnicas que  aprendía en el deporte y empecé a interesarme por este mundo. Mis primeros entrenamientos fueron en el barrio, hasta que decidí ir por iniciativa propia al gimnasio.

“Ese día recuerdo que me fugué, ¡muchacha, el error de mi vida fue ese! Eran las seis de la tarde, anochecía y yo no regresaba. Todos se preocuparon mucho, me buscaron por todas partes y hasta llamaron a la policía.

“Mis comienzos dentro de la lucha libre fueron oficialmente en septiembre de 1988 con el entrenador Heriberto Platt. Por mis resultados en los Juegos Escolares, en los que obtuve oro tres veces consecutivas, ingresé a la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE), en Camagüey. Allí permanecí cuatro años y mi preparación estuvo a cargo de Jorge Luis Tejera, de él aprendí mucho más que deporte.

“De la EIDE pasé a la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA) Giraldo Córdova Cardín, aquí en la capital, e integré el Equipo Nacional Juvenil. Al año siguiente,1996, fui participante de algunos torneos internacionales como la Copa de Venezuela en la que obtuve oro y en el Campeonato Mundial en mi categoría donde, junto al ruso Alexandre Careli, fui el competidor más joven en ganar este tipo de eventos.

“En 1997 pasé a formar parte del Equipo Nacional de Mayores, pero seguía participando en las competencias juveniles”.

En las Olimpiadas de Atenas en el 2004, Yandro dio a la lucha libre cubana la medalla que no obtenía desde Barcelona´92. Además, fue seleccionado el luchador más técnico del encuentro olímpico, pues de sus cinco presentaciones solo le pudieron marcar un punto en contra.

“Nunca olvidaré esos últimos segundos de la pelea por el oro. Siempre estuve muy seguro y sabía que solo era cuestión de esperar el momento oportuno para atacar”.

El 2007 fue un año difícil. Tuvo problemas con su división -60 kilogramos- en el Mundial de Lucha Libre en Bakú, Azerbaiyán. Se tomó la determinación de que debía participar por su potencial y gran experiencia, pero las dificultades con el peso corporal fueron una gran barrera. En estos momentos pensó aumentar de condición para competir en una categoría superior.

“Como decimos en buen cubano: los años no pasan por gusto. Desde 1997 estoy en los 60. El tiempo es un enemigo fatal y al pasar los años el cuerpo pesa más. Llega un momento en que se hace difícil mantener una división fija. El propio organismo te obliga a subir la parada”.

-¿Por qué no pudo retener

el título olímpico en Beijing?

A los Juegos Olímpicos en Beijing también fui con mucha seguridad, pero una lesión que tengo hace algún tiempo en mi hombro izquierdo me ocasionó serias dificultades para competir.

Yandro no solo es campeón juvenil y olímpico, su trayectoria incluye otros importantísimos resultados: fue subcampeón mundial de mayores en los años 2003 y 2005. Campeón Panamericano en Santo Domingo y Río de Janeiro. Ganó las copas mundiales del 2005 y el 2006. Se llevó el oro en los Juegos Centroamericanos de Cartagena de Indias y también ganó el Campeonato Panamericano del Deporte desde 1997 hasta el 2006.

“En cierta medida me siento satisfecho con lo que he alcanzado. Es el resultado de un gran esfuerzo, tanto mío como de las personas que contribuyeron a mi formación, pero pienso que pude haber dado más. Siempre me propongo metas difíciles para obtener grandes logros”.

Una de sus cualidades es el ser consagrado a la carrera, muy estricto con los horarios de entrenamiento y aún después de tantos años en un deporte que demanda mucho sacrificio, asiste cada día al Cerro Pelado para perfeccionar sus técnicas en el gimnasio.

“Mis entrenamientos son fuertes, llevan mucho rigor y hay que ser puntual, no es una simple actividad física. Hay que esforzarse al máximo y cada día ascender con respecto a la jornada  anterior. Esa es la máxima satisfacción que se puede tener”.

También este atleta se caracteriza por la disciplina y el respeto hacia los profesores. Siempre ha agradecido el apoyo de cada uno a lo largo de su carrera: “La comunicación con los entrenadores es muy importante. No puedes ser un gran deportista si no tienes esa relación de fraternidad, de hermandad, y de confianza con tu preparador físico. Ellos muchas veces juegan el rol de padre, de hermano y sufren lo mismo que uno ante los fracasos. Es esencial saber escuchar y aceptar sus críticas”.

-¿Tiene algún paradigma que

lo inspire deportivamente?

En la lucha libre, Filiberto Ascuy es mi ídolo, lo considero un vivo ejemplo de deportista integral, además, viene de Camagüey, igual que yo.

Su vida está marcada por una persona que no puede dejar de mencionar si de su carrera se trata. Él admira mucho a un hombre que le enseñó mucho más que deporte.

“Manuel Rubio Ramírez nunca fue mi entrenador; sin embargo, influyó más en mí que cualquier otra persona. A Manolo lo quiero como a un padre. Recuerdo que antes de los Juegos Olímpicos de Atenas hubo un período en mi vida deportiva que yo quería dejar la lucha libre, no me llevaban a competencias importantes y eso me desmotivó. Él había seguido mis resultados desde la base y fue un gran apoyo. Me dio fuerzas para continuar”.

Desde que Yandro ingresó a la ESPA nacional Giraldo Córdova Cardín en julio de 1995, ha estado lejos de su madre. De vez en cuando “Pipito”, como cariñosamente ella le llama, se llega por su casa  en Camagüey y pasan largas horas de conversación sobre los últimos acontecimientos del barrio.

“Sin mi mamá nada de lo que soy se hubiera cumplido. Ella se preocupa mucho por mis problemas y a pesar de la distancia nos mantenemos unidos con el corazón. Tenerla lejos es el mayor sacrificio que me ha tocado vivir. No hay medalla ni oro olímpico  comparado con Gisela Ribalta, ¡esa sí que sabe luchar!”.

El deporte no es la única pasión de este atleta, los buenos momentos con las personas queridas desempeñan un papel muy importante en su vida: “Disfruto mucho ir a las discotecas con mis amigos. Allí me siento uno más, no hay distinción ni rivalidad. La vida es más fácil cuando estás fuera de la presión de ganar o perder y tan solo quieres divertirte”.

Los valores humanos y el estudio son imprescindibles para él: “Considero que un atleta, más allá de estar en buenas condiciones físicas y dominar la técnica deportiva, debe poseer valores como el compañerismo, la educación, la valentía, y sobre todo, la sinceridad.

“También es muy importante llevar nuestra formación académica a la par del ejercicio. Además de ser buenos deportivamente, los estudios nos hacen atletas preparados para defendernos dentro y fuera del escenario de competencia”.

-¿Qué opina de los deportistas

que desertan de Cuba para 

desarrollarse en el extranjero?

Ese tipo de gente no posee principios. Se van también porque viven y mueren engañados; creen que todo en el exterior es perfecto y cuando entran a ese mundo muchos se arrepienten. Esta Revolución siempre nos ha dado todo y premia nuestros esfuerzos de acuerdo con sus posibilidades.

-¿Tiene algún plan?

Ahora me recupero de la lesión en el hombro. Lo otro es seguir echando pa´lante.

Este 30 de noviembre (2008) Yandro Miguel Quintana Ribalta cumplió 28 años. Quiso ir a Camagüey a celebrar su cumpleaños porque siente que le debe mucho a la tierra que lo vio crecer. La vida nunca se detiene para él y aún espera mucho más de ella. ¿Quién iba a decir que un muchacho tan pequeño iba conquistar sueños tan grandes? Pipito es un libro abierto de hazañas.

Desde una medalla olímpica colgada en el cuello hasta un dominó con sus amigos de siempre, sigue siendo el mismo que supo venir de abajo contra todo, demostrando que tenía mucho por dar. Por eso, cuando se habla de Pipito hay que decir mucho más que deporte.

Su vida parece un reto, como si respirar fuera una eterna pelea. No admite que se hable de miedo en su presencia, porque la seguridad lo ha llevado a grandes logros. Para el niño de barrio convertido en el gran atleta de hoy no hay premio que se compare con la admiración de su país, lo deja bien claro cuando dice: “Yo quiero que el pueblo de Cuba recuerde que fui un buen luchador.”

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Destacar la trayectoria deportiva de Yandro Quintana.

Objetivos colaterales: Conocer sobre sus primeros pasos en el deporte; los principales resultados en la lucha libre. Hablar sobre la relación con entrenadores y personas importantes en su vida. Gustos y preferencias. Saber su opinión sobre determinados temas polémicos.

Tipo de entrevista:
Por sus participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo, cara a cara.

Tipo de título: Con el nombre del entrevistado.
Tipo de entrada: De presentación.
Tipo de cuerpo: Mixta.
Tipos de preguntas: 1-Directa y cerrada. 2-Directa y cerrada. 3-Directa (de opinión) y cerrada. 4-Directa y cerrada.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario (del entrevistado).

Fuentes consultadas:
Gisela Ribalta, madre de Yandro Quintana. (Primaria, directa, no documental.)
Filiberto Delgado, Director del Equipo Nacional de Lucha Libre. (Primaria, directa, no documental.)
Artículo: Yandro no creyó en fantasmas, Lemay Padrón Oliveros. Suplemento especial del semanario Trabajadores (Atenas 2004), 30 de agosto del 2004, página 2. (Secundaria, complementaria, documental.)  

 



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