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CHARLOT: UN GENIO DEL SILENCIO

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KATHERYN FELIPE GONZÁLEZ,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hay hombres especiales. Hombres que nacen para trascender la barrera de lo humano. Charles Chaplin fue uno de ellos, un cineasta que dominó como nadie el arte de la gestualidad e inmortalizó no pocas obras maestras del cine mudo.

Este comediante nació en Londres, Inglaterra, en abril de 1889. Luego de la muerte de su padre, un músico alcohólico, y el traslado de su madre a un manicomio, él y su hermano Sydney vivieron con gran pobreza en orfelinatos y otras instituciones de caridad.

Charlot, el famoso personaje ideado por este hombre que tuvo un talento sin igual, significa hoy día, un icono universal del séptimo arte.

Poco a poco, durante más de veinte años, Chaplin creó y perfeccionó un símbolo del vagabundo enamoradizo, pícaro y generoso, que lucha por sobrevivir y que en su solitaria vida, muestra la inconformidad con el mundo que lo rodea, que hace reír y llorar a los más diversos y escépticos públicos.

Con Charlot deleitó a diferentes generaciones, épocas y naciones. Con Charlot dejó en ellos la representación de lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. 

La solidaridad, la inventiva, la ingenuidad y el encanto del eterno humorista, caracterizan al hombrecito de ropas anchas, sombrero de bombín, bastón y menudo bigote.

En cierta ocasión, expresó Phillipe Soupault, en la revista Europe, que «ese hombrecillo que camina con los pies hacia fuera es, en cierto modo, el héroe de nuestro tiempo. Expresa una realidad viviente y resume el idealismo limitado de los hombres de hoy. Ante todo, Charlot debe esforzarse por vivir, y para eso es preciso que entre en lucha con todas las fuerzas sociales».

A través de las situaciones hilarantes y burlescas, Chaplin realizó una fuerte crítica social, presente en toda su filmografía, desde «El circo», filme que le valió el Oscar por su versatilidad como escritor, productor, director y actor en 1929, hasta «Tiempos Modernos» y «El gran dictador», en las que fustigó la vida de la sociedad capitalista y parodió al fascista alemán Adolfo Hitler, respectivamente.

Como todo genio tuvo sus excentricidades. Tocaba el violonchelo y escupía el buen vino para luego llamarlo: «¡Excelente!». Fue, además, un gran amigo del cantante argentino Carlos Gardel.

Se consideraba un frustrado actor dramático. Sin embargo, constituye una figura cimera del cine universal y la más representativa del séptimo arte mudo, por su genialidad como mimo y como fiel intérprete de una sociedad que no defendía.

Vivió la Guerra Fría en los EE.UU. Se opuso con sus ideas progresistas al macartismo y a la Caza de Brujas, por lo que en 1953 fue exiliado y marchó a vivir a Suiza.

Tras dos décadas fuera de la nación norteamericana y más de medio siglo de filmado su primer largometraje, la Academia de las Artes Cinematográficas otorgó a Chaplin el premio Oscar Honorífico, por su contribución al cine durante el siglo XX.

Admiremos, pues, la obra de este hombre especial que nació para permanecer en el recuerdo de todos por su originalidad y legar a la humanidad más de 90 filmes extraordinarios.


 



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