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“¡CHEÍTO OTRA VEZ!”

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Rafael González Figueroa narra sus experiencias al cumplirse 55 años de sus inicios en la televisión cubana.
 
ELIZABETH ALMEIDA LÓPEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¡La Lisa en pleno apagón! Es sábado por la noche y se oye la maldición de alguien que otra vez se pierde la novela. Un silencio breve y luego la cuadra regresa a la vida con el ruido de las sillas, sillones y butacones arrastrados a la acera y a los portales. Las voces se levantan para compartir los acontecimientos de la semana y se crean verdaderas reuniones en el vecindario.

Así, en la oscuridad y sumida en una nube de mosquitos, conversé con Rafael González Figueroa. Con la misma gracia con que prepara una escena y pule el trabajo del actor que la realiza, atrapó mi atención. Desde su sillón, Cheíto contó.

“Empecé a trabajar en 1959, con 17 años. Comencé en escenografía y de ahí pasé a desempeñarme, rápidamente, como camarógrafo. La dirección llegó después, y con ella la oportunidad de hacer algo maravilloso: reflejar el mundo a través de mis ojos.”

-¿Por qué director de

televisión y no de cine?

 

La vida me llevó hasta allí. Yo era un niño cuando mi padre trabajaba en la televisión, y quedé fascinado por ese medio. En los años sesenta y pico tuve una oferta para trasladarme al Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), pero, ¡qué va!, la rechacé. En el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) nací, y allí voy a morir.


 
-¿Cuál de sus trabajos le ha

aportado mayor satisfacción?

Estoy muy contento por todo lo que he hecho. Cada una de las obras que realicé le ha aportado muchísimo a mi carrera como director. Pero bueno, hubo dos telenovelas que tengo en un lugar muy especial. En primer lugar está La cara oculta de la luna, que exigió bastante en el plano profesional, y a la vez, me tocó profundo por la temática tan delicada que trata: la epidemia del VIH/SIDA y el impacto en la juventud.

La otra fue un verdadero placer realizarla. Las huérfanas de la Obra Pía está ambientada en 1841, cuando nació Ignacio Agramonte, y soy amante, amante con mayúsculas, de la vida y obra de ese grandioso hombre. Las huérfanas me permitió recrear esa sociedad donde vivió el joven enamorado y el disciplinado combatiente que fue Agramonte. Incluso, pude filmar allá en Camaguey, en la casa de su esposa Amalia Simoni.

-Rafael, en publicaciones como

La calle del medio, la telenovela

Aquí estamos generó variedad de

opiniones en la población, ¿acaso

Cheíto disfruta la polémica?

La adoro. A todo director debería gustarle. He tenido un poco de suerte porque, para ser sincero, no persigo trabajos polémicos. Aparece un guión y, si me gusta, lo acepto rápido. Así pasó con Aquí estamos. No dudaré jamás en abordar una historia que guarde algún mensaje cotidiano, y a la vez controvertido, pues esas son las más seguidas y disfrutadas por el público.

-Hay temáticas que asombran a los

televidentes cuando son tratadas en la

pequeña pantalla. ¿A qué se debe?

Es bastante complicado. Los jóvenes no miran temas como la homosexualidad, la denuncia a la violencia doméstica o, incluso, el propio VIH, de la misma manera que lo ven otras generaciones. He acabado con mis prejuicios al trabajar situaciones de ese tipo, lo cual posibilita que abra mi mente a la realidad cotidiana. Pero no todo el mundo piensa así, estoy muy conciente de eso. He recibido llamadas de abuelitas horrorizadas por lo abordado en las novelas. El cubano vive con sus tabúes, pero no se puede hacer televisión para los gustos particulares de cada quien, y mucho menos si eso implica negar lo que tenemos ante los ojos.

-¿Qué es lo que apasiona a

Rafael González de sus 72 años?

La posibilidad de hacer una televisión mucho más crítica. Hoy se aceptan trabajos que hace 20 ó 30 años ni se soñaban realizar. El mundo ha evolucionado y, con él, las formas de hacer radio, cine y televisión. ¿Quién me iba a decir hace una década que iba a tocar temas tan delicados como el SIDA? Eso era candente, prácticamente nadie lo mencionaba. ¿Y el uso de drogas por los adolescentes? ¿Y los homosexuales y bisexuales como las personas normales que son? ¿Y la denuncia pública de lacras sociales como el desvío de recursos? La lista sería larga. Ahora, reflejar en los medios esas situaciones es una necesidad.

De pronto, ¡se hizo la luz! Cada quien regresó al interior de sus casas y la algarabía de un juego de dominó nos llegó desde alguna azotea. La pregunta detuvo en seco su lento balanceo.

-Si no fuera Cheíto, ¿quién sería?

¡Cheíto otra vez! Amo mi profesión, y aunque tengo edad sobrada para pedir la jubilación, jamás pienso en ella. Si tengo que retirarme voy a enfermar de tristeza. He estado más tiempo en el ICRT que en la casa. El día que muera lo voy a hacer allí, si eso pasa en algún momento, porque no quiero morirme nunca. 

Pie de foto: Rafael González Figueroa (Cheito) durante el rodaje de la telenovela “Aquí estamos”.

FICHA TECNICA:

Objetivo central: Indagar acerca del desarrollo  de la carrera de Rafael González Figueroa

Objetivos colaterales: Conocer de sus inicios en la televisión y de sus experiencias personales

Tipo de entrevista: De preguntas y respuestas.

Por sus participantes: Individual.
Por el canal que se obtuvo: Diálogo directo.

Tipo de Título: De Cita directa.
Tipo de Entrada: Anecdótica.
Tipo de Cuerpo: Clásico. De preguntas y respuestas.
Tipo de Preguntas: 1-Abierta, 2-Abierta, 3-Comentada, 4-Comentada, 5-Abierta, 6-Abierta.
Tipo de Cierre: De comentario del entrevistado.
Tipo de Fuentes: No documentales (Rafael González Figueroa).



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