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LA PEQUEÑA INFORMACIÓN EN JOSÉ MARTÍ

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A propósito del maravilloso taller que Pedro Pablo Rodríguez ofreció en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, y en el que pidió a sus “oyentes” algunas consideraciones sobre un tema que les hubiera definitivamente atrapado. 

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

¿Existe excusa para la no entrega de un trabajo de apenas cien líneas en el final de este curso? Después de reencontrarnos con tanta voluntad de sacrificio y trabajo en la breve vida de José Martí, una no puede menos que sonrojarse de vergüenza.

Pero bien, el hecho es que apenas tengo apuntes sobre lo que hubiera sido mi trabajo y al que no renuncio: rescatar al Martí del escrito breve, casi intrascendental para algunos que ven ante la monumentalidad de su obra otros asideros recurrentes para mencionarlo aquí o allá, indiscriminadamente, con despiadada saña oportunista en la descontextualización del Maestro.

Para quienes trabajamos en la docencia y, en particular, en la docencia del hacer periodístico, Martí ha de andar todo el tiempo en nuestro verbo con visión orientadora. Y no para que se escriba como él, que ni debemos educar en el espíritu de la repetición ni estos son tiempos de lecturas más reposadas como pudo ser el siglo decimonónico. A este lector de hoy hay que darle rápido y claro el mensaje, pero éste -a diferencia de lo que viejas escuelas de Periodismo enseñan-, hoy –y siempre-, debe venir con el alado pensar de la palabra cultivada, de la palabra vestida bien y no atropellada en resúmenes taquigráficos o, en su antítesis, en verborrea adjetivada anodina. 

En suma: el trabajo intentará rescatar al Martí gacetillero. Así, sencillamente. Y retomar la noble función de la gacetilla cuando se escribe con intencionalidad fina, con un propósito que desborda la enunciación de un acto, la presencia de personas públicas que solo por sus cargos ya deben ser reflejadas aún cuando las veamos bostezar de tedio y no aporten enriquecedoramente a la información.

La gacetilla como hermana de la información actual. Quintaesenciada, sí. Pero posible si bien se hace. La gacetilla, en nuestros predios, suele tomar visos indignos sin que se le analice en esta otra faceta del buen intencionar. Martí, desde ella, nos lega un retrato social, una época, un momento histórico que también forma parte de lo cubano y acaso, ¿por qué no?, de la cubanidad entendida en amplitud.

Es, lo percibo, una aproximación a un tema que quedará por largo tiempo en el espacio creador y renovador de las aulas. Hay demasiada compostura oficial en los modos de hacer de nuestra prensa hoy, cuando más graduados magníficos posee el gremio. Graduados a los que se les enseña a que desde la asimilación correcta de los clásicos busquen también su personal trasgresión, el Grial que los ilumine para encontrar el estilo individual.

Visiono a esos graduados glosando en una gacetilla. Lo menos que recibirán será una sonrisa ante el “inexperto” muchacho y la vuelta a la oficialidad de la escritura. Pero visiono, también, que un día ellos tomarán las riendas del hacer y recordarán las charlas de las aulas, las entregas de trabajos, los viejos apuntes sobre los modos de construir mensajes que dejen en los públicos no solo satisfacción por la información recibida, sino también el gusto por continuar leyendo la propuesta a la que se ha dado ya el punto extremo. 

Esa es la intención. Un Martí de la nube al microbio.

13/03/2013 06:13 islalsur #. Pensar el Periodismo


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