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REVELANDO EL PASADO

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Para el doctor Sergio Márquez Jaca aventurarse en montes, cuevas, cementerios y conventos ha sido oportunidad única para desentrañar la historia que la naturaleza custodia con celo.

DARIANNA REINOSO RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Foto: HEIRY CHIRINO DÍAZ.

Solo para una entrevista conseguí cita con el doctor Sergio Márquez Jaca, especialista de segundo grado en Medicina General Integral. Decidió recibirme en su casa, en el municipio artemiseño de Candelaria, e insistió en que llegara puntual al encuentro porque, aunque está de vacaciones, durante la tarde tenía previsto visitar a un paciente.

Al llegar, Sergitín, su hijo de siete años, me invitó a compartir la programación de la tele mientras la abuela explicaba que “Sergio no  tarda, fue a comprobar la recuperación de un vecino. Así es siempre, sale a atender a cualquiera que lo necesite”.

Sus alumnos de Medicina, Derecho y Estudios Socioculturales no sospechan que, muchas veces, el profe Sergio se aventuró en montes, cuevas, cementerios y conventos, desentrañando la historia que la naturaleza custodia con recelo. De ello dan fe los cuadros colgados en la sala-comedor: memorias gráficas de expediciones espeleológicas y hasta de un recorrido por los dólmenes de la Sierra de Alarar, en España; las ruinas del cafetal Santa Catalina, en Soroa, plasmadas en una plumilla del pintor Lester Campa, y un calendario maya.

“Cuando adolescente, las novelas de aventuras de Julio Verne despertaron en mí un espíritu de exploración, de búsqueda... Por otro lado, las historias de mi padre sobre sus viajes al cabo de San Antonio como buscador de tesoros y las películas de Indiana Jones me condujeron por los caminos de la espeleología. Creo que en ello hubo algo genético. Tal ímpetu de soñar con esos mundos, es como quien se descubre pintor o cantante.

“Por tal motivo, a principios de 1980 nos reunimos un grupo de interesados en el campo de la espeleología, y en viajes de fines de semana y durante los períodos de receso docente, iniciamos esa aventura con intenciones definidas.

“Dividíamos el año en dos períodos: el de gabinete y el de exploración. Durante los meses de lluvia no nos adentrábamos en cuevas por temor a las inundaciones, pero aprovechábamos para realizar las investigaciones documentales. Así aprendí técnicas de excavación arqueológica, a hacer mediciones en una caverna, a trabajar con un mapa…

“Esto devino en pasión y, de manera autodidacta, fue inevitable incursionar en la arqueología y la antropología. Mis estudios fueron sistematizándose, asistí a cursos de posgrado en la Universidad de La Habana, y desde 1985 integro la Sociedad Espeleológica de Cuba”.

-¿Fue siempre la medicina

su aspiración profesional?

Sí, desde pequeño, y en ello influyeron las visitas con mi padre al policlínico de Candelaria, del cual él era administrador. Entonces conocí a médicos que admiré  y me hicieron valorar la importancia de su profesión. Y confieso que en una etapa me entusiasmé mucho con la historia y la geografía e, incluso, aprobé el examen de pintura para ingresar en la Escuela Nacional de Arte.

-¿Conjugó la Universidad

con la espeleología?

Cuando comencé a estudiar Medicina descubrí, primero, la necesidad de vincularla con la espeleología y, después, a la antropología. Empecé a buscar libros, folletos… y un día me presenté en la Universidad de La Habana ante la persona mejor preparada en esta materia, el doctor Manuel Rivero de la Calle. Ser alumno ayudante de Medicina Legal y una especie de aprendiz adjunto al doctor Rivero me permitió asistir a conferencias, con lo que consolidé mi aprendizaje. 

-¿Cuál fue su primer estudio

antropológico? ¿Qué significó?

El primero fue en 1985  cuando hallamos los restos de la esclava del cafetal San Ramón de Aguas Claras, en Soroa. Lo considero como el trabajo consagrado porque resultó correcto y luego el doctor Rivero así lo corroboró. Entonces comprendí que podía hacer antropología.

El hallazgo de la osamenta de  un cimarrón en una gruta del cañón del Río Santa Cruz, en San Cristóbal, fue otro descubrimiento de especial significación para el doctor Sergio. En el argot antropológico, los restos óseos reciben nombres. “A estos los bauticé como Felito porque así se llamó un negro aguador,  amigo de la casa. Me involucré profundamente en su estudio por lo que hizo aquel cimarrón: escapó de maltratos, de un barracón, se hizo libre y murió libre”, evocó.

Precisamente para fotografiarse con Felito -instantánea que muestra en las paredes de su casa- lució cuello y corbata, una de las tres ocasiones en que lo hizo, además de para su casamiento y como padrino de la boda de un boliviano, estudiante de Medicina.

“Creí que el vestir de ese modo para acompañarlo era como dignificar la rebelión de los esclavos, como rendirle merecido tributo, porque Felito pudo haber sido Antonio Maceo, Quintín Banderas…”

-¿Qué momentos de las experiencias

en campaña le resultan inolvidables?

La solidaridad, las grandes amistades que fortalecí y los momentos de peligro. Participé en dos grandes rescates de espeleólogos, unos atrapados en el cañón del río Santa Cruz y otros, en una gruta conocida como Los Perdidos. Tuve que bucear para llegar donde los heridos y en ambas situaciones aplicar mis conocimientos médicos. Un susto importante fue también en una cueva inundada de Viñales. Ahí corrimos contra reloj y, con el agua casi a los hombros, conseguimos salir.

Y bueno, desde el punto de vista territorial, aunque solo por motivos más bien teóricos en algunos lugares, la posibilidad de recorrer Cuba, de conocerla mejor para quererla más.

Como miembro de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, el doctor Sergio tributa investigaciones histórico-antropológicas que han sido premiadas durante eventos provinciales de Patrimonio. Este meritorio trabajo lo hizo merecedor, en 2007, de la distinción Capitana Isabel Rubio,  por su contribución al rescate de la historia local, y en septiembre próximo (2012) recibirá el Premio Luis Montané, de la Sociedad Cubana de Ciencias Antropológicas, en reconocimiento a su labor arqueológica dedicada a la historia.

Ha efectuado prospecciones arqueológicas en alrededor de 14 sitios, reflejando sus observaciones en varias libretas de campo que desea sirvan como punto de partida a futuros investigadores. En su opinión, solo ha trazado caminos que espera sean andados por otros.

Se considera una persona realizada, especialmente por haber forjado una familia; entonces habla con orgullo de su hija, graduada  de Estomatología, y sobre Sergitín, a quien le fascinan los dinosaurios; ¿quién sabe?, quizás  cuando crezca lleve una mochila con brocha, picoleta, brújula, linterna, casco,  y -como su padre- se ausente unos días de casa para retomar sus aventuras con la historia y continuar revelando el pasado.

Pie de foto: El doctor Sergio Márquez Jaca durante el análisis de las características métricas de un cráneo para determinar sexo y raza.

Ficha técnica:

Objetivo central: Abordar la faceta del doctor Sergio Márquez Jaca relacionada con la arqueología y la antropología.

Objetivos colaterales: Conocer sobre el acercamiento del doctor Sergio a la espeleología y su forma de vincularla con la medicina. Reflejar experiencias vividas en campaña, así como la importancia de su trabajo arqueólogo-antropológico para el Patrimonio, evidenciado en los reconocimientos recibidos por esta labor.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara, directa.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: Descriptiva.
Tipo de preguntas: #1directa, #2 directa, #3 de precisión, #4 directa.
Tipo de cierre: Que evidencia el final
Tipo de fuente: No documental, directa.

 



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