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¿EN ESPERA DEL APOCALIPSIS?

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CLAUDIA GONZÁLEZ CORRALES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Nadie imaginó que con la llegada de la Revolución Industrial, a finales del siglo XVIII en Inglaterra, se inauguraría para la humanidad una batalla más decisiva que la Toma de la Bastilla: Desarrollo Tecnológico VS Medio Ambiente.

Paradójicamente, dos elementos esenciales para la vida del hombre en la sociedad moderna no coexisten en armonía, sino que se enfrentan en una contienda de la cual ambos podrían emerger como perdedores.  

A partir de este dilema, las investigaciones científicas se han encargado de alertar sobre lo que el futuro puede reservarnos. La tercera parte de Bangladesh quedará sumergida al final de este siglo. Las Maldivas y un gran número de Estados insulares del Pacífico desaparecerán… Algunas de estas predicciones, al parecer, preocupan más a la comunidad científica que a la mayoría de la población mundial y coinciden en ubicar como causa el cambio climático que origina el ejercicio industrial. 

No obstante, ¿es irreparable el divorcio existente entre la Madre Tierra y el avance tecnológico? ¿Podría la industria, además de elevar su producción, buscar la manera de no perjudicar al medio ambiente?

Cuba no escapa al problema, pero las autoridades trabajan para garantizar el respeto al entorno. Organismos nacionales como el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, el Sistema de Inspección Ambiental Estatal y el Programa de Medio Ambiente y Desarrollo, aplicando la Ley 82, supervisan el cumplimiento de las disposiciones jurídicas en materia de protección al ecosistema, e intentan encontrar el punto medio donde entorno y sociedad confluyan equilibradamente.

La Isla navega con destino a una “Producción Más Limpia”, programa que rige las líneas medioambientales de las empresas cubanas. La implementación de esta poderosa herramienta disminuye la cantidad y el grado de toxicidad de las emisiones que acompañan el proceso productivo, pero es necesario aplicarla con sentido de pertenencia y responsabilidad.

Las acciones de preservación no son exclusivas del nivel institucional. La ciudadanía debe cumplir con las normas establecidas y ocupar puestos de vanguardia en la lucha por la protección del medio. Solo la alianza entre las autoridades y la población garantizará alcanzar una convivencia pacífica entre el hombre y su hábitat natural.

“Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha”, se lamentaba el francés Víctor Hugo. Vivir con la incertidumbre de lo que puede suceder debe invitarnos a actuar mientras el pronosticado Apocalipsis sea prevenible.

16/02/2014 07:05 islalsur #. Medio Ambiente


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