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EL TIQUETE DE LOS SUEÑOS

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Una joven busca mejorar su calidad de vida en la capital de las oportunidades, Bogotá.

LADY KATHERINE SASTOQUE BETANCUR,
estudiante de V semestre de Comunicación Social,
Universidad Cooperativa de Colombia, sede Bogotá.

A las 6 de la mañana el sol empezaba a dar luz a las calles de Buga, en el Valle del Cauca. Para Leticia Corredor aquel amanecer tenia un significado diferente; era la despedida de la tierra que la vio nacer.

Ella, mientras observaba a las personas a su alrededor, esperaba impaciente el autobús que la llevaría a un lugar desconocido. El momento llegó. Leticia abordó la ruta 395 del servicio Velotax con destino a la cuidad de Bogotá; buscó su asiento, el número 16, justo cerca a la ventana, el lugar favorito para deleitarse con la vista que tienen los paisajes colombianos. Acomodó el equipaje en la parte superior del bus y se sentó. Por pequeños instantes la melancolía la invadió, pero concientizó que su decisión implicaría un gran sacrificio.

El bus arrancó. Leticia miraba a través del cristal las calles de su pueblo y los árboles que al vaivén del viento se despedían de ella. En el trayecto hacia la capital, la joven disfrutó del aire que corría por las montañas y envolvía las carreteras con aromas tropicales característicos de la región. Además, escuchaba canciones de su Valle del alma, música que penetraba hasta lo más profundo de su ser.

Vistiendo sandalias de color salmón, un pantalón pesquero azul y la camisa blanca que le había regalado su mamá para el viaje, bajó con los demás pasajeros a tomar un descanso en Alto de la Línea, pero el frío estremeció su piel haciéndola volver a refugiarse en el calor del autobús hasta que, agotada del trajín, decidió cerrar los ojos y sumergirse en un descanso.

Se quedó dormida, cuando volvió a abrir los ojos ya estaba en Bogotá, el viaje de aproximadamente nueve horas terminaba. La felicidad salió a flor de piel, ahora sólo le esperaba una ciudad con los brazos abiertos, llena de oportunidades que le ofrecería a esta joven con sueños, metas y ganas de vivir, la calidad de vida que buscó desde que dejó el pueblo y su familia.

La capital representa un imaginario de ciudad civilizada donde abunda el éxito y todos sus habitantes tienen lo que desean; sin embargo, la realidad al experimentarla es otra. La Bogotá que le acogía era fría, no sólo por el clima que le caracteriza, sino también por el recorrido de sus calles que dan la sensación de una cuidad abandonada, donde sus habitantes, a razón del ajetreado diario vivir, no la sienten como suya. La urbe causa desolación.

No obstante, Bogotá siempre con sus puertas abiertas, permite a quién llega quedarse a luchar y ser competente, porque las mejores oportunidades son escasas, esta es una cuidad de gente pujante que lucha todos los días por sobrevivir y buscar una mejor calidad de vida. Ahora Leticia se alista para emprender el camino que trajo consigo el tiquete de los sueños.



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