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EL HOMBRE QUE MÁS ADMIRO

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KATHERINE RODRÌGUEZ GAITÁN,
estudiante de quinto semestre de Comunicación Social,
Universidad Cooperativa de Colombia, Sede Bogotá.

José Rodríguez tiene 45 años, aunque su personalidad demuestra la vitalidad y alegría de un joven de 20. Nació y creció en la vereda Pasquilla, ubicada en la localidad de Usme, en el municipio de Soacha Cundinamarca, estas tierras se identifican por la agricultura y ganadería; fue así como José inició su interés por cultivar y estar en constante contacto con la naturaleza. Además de los recuerdos de su niñez, tiene motivos y momentos que lo hacen sentirse orgulloso.

Cuando se mudó a  Bogotá, una ciudad no muy lejana de su pueblo natal, descubrió una nueva vida: metrópoli y cambios que lo asechaban a diario, pues él junto con sus padres y sus cinco hermanos iniciaron lo que sería su nuevo futuro, no fue fácil, aunque jamás se han alejado de sus tierras, siembras y animales. Afirma que, hizo su vida en Bogotá, “pero siempre visito el pueblo, tengo ganado y cultivos, a los que debo agradecerles, además, es el legado y gran regalo de mi padre”.

La vida traía nuevas oportunidades, cambios y sorpresas, pues por su juventud pasaron instantes de los que dice, “prefiero no comentar, no por vergüenza, pues gracias a mis fallas soy quien soy en este momento, pero son instantes que se quedan atrás y no merecen ser mencionados”. A los 14 años de edad, entre amistades, sus estudios y el trabajo con su padre en la finca, creció el interés por el arte marcial, el deporte al que le debe hábitos de dedicación y esfuerzo. Fue tal su pasión por este que a los 21 años logró abrir su propia academia, participar en campeonatos catalogándose como cinturón negro Primer Dan, pero la vida le dio un vuelco a su mundo y se enamoró.

Claudia Gaitán fue y es la mujer de sus suspiros, pasaron por momentos difíciles, pero siempre juntos logrando la confianza, el respeto y una relación que como describe ella, “mi matrimonio con Nicky no se quebranta con las dificultades, se solidifica con cada una de ellas, los buenos momentos y cada uno de nuestros logros juntos son el resultado de ese amor”. Ella, con tan sólo 19 años de edad, y él con 24, decidieron formalizar y bendecir por medio de su boda el 21 de noviembre de 1992, con el apoyo de cada una de sus familias y la bendición de Dios iniciaron lo que hoy son: tres hijos, 20 años de matrimonio, un hogar armonioso y lleno de valores.

Sobre encontrar al amor de su vida, él dice: “Nunca pensé que esta mujer pudiera alegrar tanto mi vida, hacerme pensar en formar un hogar, entregarle mis días y darle todo para hacerla feliz”, pero el matrimonio es sinónimo de buenos y malos momentos, acarrea una gran responsabilidad y José decidió cerrar la academia y dedicarse a algo que le ofrecería más entradas económicas y tuvo que trabajar en varios lugares y ejercer varios oficios.

Al preguntarle por fechas especiales en su vida no dudó un segundo en responder: “1994, 1997 y 2000, pues en estos años nacieron mis dos princesas y mi “Cuatano”, mi hijo menor. Ellos, junto con mi esposa, son mi vida, ellos son la fuerza que no falla”.  Juntos lograron terminar sus estudios de bachillerato, pero como dice Claudia, “quisimos darle todo a nuestros hijos, no dejarlos solos nunca, dedicarles todo el tiempo y principalmente nunca dejar que les faltara nada”.

José empezó a manejar taxi en el año 2001, desde entonces este ha sido su empleo: “He pasado por sustos verracos, porque empecé trabajando de noche y las condiciones de seguridad para taxistas eran escasas, varias veces me atracaron, pero nunca dejé de trabajar, a pesar de esto, siempre me ha gustado y nunca me ha fallado económicamente y no habiendo más, era cuestión de necesidad”.

Después de tanto esfuerzo y tanta dedicación que le llevó años, logró comprar su propio taxi en el año 2011. Con el orgullo de ver su esfuerzo reflejado en algo propio y su familia agradecida por seguir brindando ese ejemplo de superación, José nunca imagino que ocho días después de estar manejando su nuevo carro fuera a ser víctima de la inseguridad de esta ciudad, de la injusticia de aquellos que no valoran la honestidad y el trabajo que con tanto amor ejerce un taxista.

En enero de 2011 fue atracado por tres hombres, quienes se llevaron su auto y por más de cuatro horas lo mantuvieron encerrado: “Con la incertidumbre de qué pasará después, en ese momento no pensaba en la pérdida económica, pensaba en mis hijos en qué harán ellos sin mí y en lo que me perdería de no estar a su lado, la verdad pensé que me iban a matar…”, varios conductores del gremio lo buscaron durante esas cuatro horas en la noche del domingo, pues esta es como una segunda familia, hasta que él llego a su casa; encontró una familia feliz por poder tenerlo con vida y salud y la enseñanza de que lo material se recupera, pero la unión y la vida son regalos a valorar.   

Así se formó el hombre que hoy tanto admiro, esta es su historia, aquella que no deja de sorprenderme y enorgullecerme, es Mi Padre, el motor de mi vida, el motivo más valioso, el todo…, podría tardar miles de palabras, relatar los tantos momentos de tristeza y alegrías juntos, pues su historia me ha dejado grandes consejos, los que a diario me recuerdan lo importante que es luchar, aprender y sonreír; crecer como persona y vencer todos los miedos.

Uno de los consejos que más ha marcado mi vida es: “En la continuidad de tu esfuerzo, está el resultado de tus logros”; cumple el rol de padre, amigo, “payaso”, cascarrabias y ejemplo a seguir, agradezco a la vida por darme el privilegio de tener como padre a un hombre como él, el hombre que más admiro.  
 



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