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UN BARBUDO SOÑADOR

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Paco Cabrera, hombre de humilde procedencia, demostró desde muy joven el interés de luchar por una Cuba más justa. Insertado en las filas del Ejército Rebelde adquirió la responsabilidad de la escolta de Fidel, quien lo ascendió a Comandante

WALKIRIA JUANES SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Poco se conoce de uno de los hombres que más cerca estuvo del líder histórico de la Revolución cubana. Francisco Cabrera Pupo, Paco, quien murió víctima de un accidente, hace 55 años, mientras cumplía con la función de jefe de la escolta del Comandante.

Como tal, acompañó a Fidel en su viaje a la hermana República Bolivariana de Venezuela. El regreso a la Isla estaba previsto para cuatro días después desde el aeropuerto de Maiquetía, Caracas. Pero, a las 12:55 de la madrugada, una de las hélices del helicóptero, listo para partir, arrancó la vida del único comandante rebelde nacido en Puerto Padre, Las Tunas.

En féretro de bronce regresó Paco a la Patria. Después del merecido reconocimiento que el pueblo rindió, sus restos fueron confinados a reposar en un panteón construido especialmente para él, justo detrás de los veteranos de las gestas independentistas anteriores, como símbolo de la continuidad de nuestro proceso revolucionario.

En el acto oficial de despedida del duelo, Fidel Castro expresó: “(…) La guerra ha terminado, la muerte no, Cuba y la Revolución han perdido a un hombre extraordinario, era uno de nuestros más sólidos valores (…)”.

¿Un joven común?

Paco Cabrera nació el 5 de diciembre de 1924, en la finca Aguadita, Velazco 29, barrio perdido entre los cañaverales del oriental municipio de Puerto Padre, en la provincia de Las Tunas.

Quinto hijo de Esteban Cabrera y María Pupo, con los años se convirtió en un joven fuerte, de casi seis pies de altura, piel blanca, ojos claros y pelo castaño. Siempre jaranero y amistoso pese a la miseria del entorno y la escasez de recursos de una familia numerosa.

Buen jugador de pelota y amante de las noches de fiesta campesina, cuando solo había alcanzado el cuatro grado, la necesidad de contribuir a la economía familiar lo obligó a abandonar la escuela para dedicarse a las labores del campo, y así se convirtió en un hombre sin otra esperanza que consagrarse a ese trabajo.

Pero, la sombra de una independencia frustrada por la intervención estadounidense despertó en él las ansias de luchar contra la esclavitud, la explotación o cualquier injerencia extranjera, y así lo hizo.

Se convirtió en un activista del Partido Ortodoxo creado por Eduardo Chibás. Tras la muerte del líder, estableció relaciones con otros jóvenes inconformes con la situación en la zona de Macharán, Guabineyón, El Yarey, Maniabón, Puerto Padre y, sobre todo, en Vázquez, donde los hermanos Andrés y Alberto Álvarez Reyes encabezaban la juventud ortodoxa y se gestaba un movimiento insurrecional.

Para entonces ya era conocido como un revolucionario activo contra el régimen de Fulgencio Batista y, el 28 de julio de 1953, fue apresado y torturado por los esbirros de la tiranía debido a la represión desatada por el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Granma, respectivamente, dos días antes.

De Delicias, él y otros detenidos, fueron remitidos para el Vivac de Holguín en espera del juicio por “participar en actividades revolucionarias” contra el gobierno.

Sin embargo, el 11 de septiembre del mismo año, el caso se discutió en el tribunal de urgencias de esa provincia, y resultó absuelto por falta de pruebas.

Con 32 años de edad, en 1956, expresó: “Cuando Fidel llegue a Cuba de México, me voy con él, es preferible que digan mis hijos: mi padre murió combatiendo por su patria, antes que piensen que actué como un cobarde, sin luchar con las armas en las manos contra la tiranía”.

Así se despidió de estos y de su segunda esposa, Francisca Carralero, y demostró la convicción y la confianza que tenía en el futuro triunfo rebelde.
Una vez fundado el Movimiento Revolucionario 26 de julio (MR26-7), se incorporó a él junto a su amigo Alcibíades Bermúdez, enviados por Frank País desde la clandestinidad. Paco fue destinado a la tropa de Ernesto Guevara, Che, en la que rápidamente alcanzó el grado de teniente.

Durante la campaña revolucionara participó en una treintena de combates. Se destacó en Baire, Bueycito, Ojo de Guisa, Charco Redondo y otros.

Gracias a su buena reputación como soldado se incorporó a la Columna Número 1, bajo el mando de Fidel, y alcanzó el grado de capitán por la posición que asumió en la batalla de Veguitas, donde fue el hombre clave para el éxito insurrecto.

Estas acciones le merecieron un ascenso a Comandante, pero un fuerte dolor lo obligó a operarse de apéndice, dejándolo de reposo absoluto. Una vez más Paco demostró su humildad, cuando renunció al cargo.

Luego de la recuperación se reincorporó a las tropas como jefe de la escolta de Fidel, quien personalmente lo ascendió nuevamente a Comandante por su destacada participación en el sitio y toma del poblado de Maffo.

El eterno rebelde

Lo absurdo es que el hombre que sobrevivió a la pobreza, al paludismo, a una cirugía en precarias condiciones, a las persecuciones y torturas de la tiranía, y a las dificultades de la lucha guerrillera, murió víctima de un accidente.

Para aquellos que vivieron de cerca los primeros días del triunfo revolucionario en enero de 1959, o para los que investigan en       detalle la Historia de Cuba, su desaparición física no entrañó el olvido.

Pero, las nuevas generaciones van dejando en el pasado su figura, y solo conserva su imagen el parque de Puerto Padre, donde la escultora Elvis Báez lo representó de pie, mirando hacia el Fuerte de la Loma.

Aunque su presencia esté empolvada por el tiempo, es importante encontrarnos en su reflejo, tomar de la humildad que lo caracterizaba, la grandeza que lo hizo merecer el grado de Comandante del Ejército Rebelde. Todo homenaje es poco para quien nunca dejó de ser un barbudo soñador.

Pie de foto: Francisco Cabrera Pupo, el único comandante rebelde nacido en Puerto Padre, Las Tunas, fue uno de los hombres que más cerca estuvo de Fidel después del triunfo de la Revolución.



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