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EL REPORTAJE MÁS ALLÁ DE LAS NORMAS

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Tema: La profesora española María Jesús Casals Carro afirma que la escritura de un reportaje periodístico es mucho más compleja que un conjunto de recetas y de normas deontológicas acerca de cómo construirlo. En su opinión, cuáles son los aspectos básicos a los que se refiere la catedrática.

MARIANA BAFFIL LEÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando hablamos de reportaje, enseguida viene a la mente un calificativo muy común para definirlo: “El padre de todos los géneros periodísticos”. Esta afirmación no por repetida deja de tener validez, pues ese es precisamente el más abarcador de todos los géneros, el que más posibilidades brinda para crear y dar rienda suelta a la imaginación y, por ende, el más complejo.

Para el peruano Genaro Carnero Checa, premio de la Organización Internacional de Periodismo, “un buen reportaje es color, movimiento, agilidad, encuadre, detalle, secuencia; así es la vida también” (2006:155).

En opinión del también periodista y teórico peruano Juan Gargurevich, profesor de la Escuela de Comunicación de la Universidad de San Marcos y de la Pontificia Universidad Católica del Perú, los orígenes de este género parecen estar simplemente en las informaciones ampliadas sobre un suceso determinado. La palabra, que proviene del latín reportare, es decir, trasmitir, descubrir, ha sido utilizada con distintas acepciones en el devenir del tiempo (2006:154).

Lo que está claro es que en la actualidad desafía a quienes hacen taxonomía en la profesión: su capacidad de cambio, regeneración, metamorfosis y evolución, convierte en relativo y riesgoso todo intento por clasificarlo o definirlo con linderos precisos (Ulibarri, 1994:11).

El reportaje, al igual que los demás géneros, parte de una noticia, principalmente relacionada con un tema de interés social, por lo que su objetivo principal también es informar al lector. Pero, la forma en que se muestra y se escribe la problemática lo hace diferente.

Una fórmula muy completa sobre los aspectos básicos que no deben faltar en el contenido a publicar, es la planteada por el periodista cubano-costarricense Eduardo Ulibarri. Él considera que para convertir un escrito en reportaje es necesario a vinculación con el pasado, donde se aborden las causas, los antecedentes y la comparación de hechos similares en otras épocas; con el presente, en el que se explique el significado actual, los aspectos polémicos, la relación con otros acontecimientos y cómo influye en ellos, y con el futuro, donde se plantee sus proyecciones y repercusiones.

Esta estructura permite dar al receptor una panorámica más amplia acerca de la problemática que se aborda, pues el hecho actual aparece vinculado con toda la información que se conoce de él y de esa manera el lector puede emitir juicios valorativos de lo leído.

El orden concebido para la elaboración de este tipo de texto periodístico es la entrada, el cuerpo y el cierre, sin olvidar la titulación que es fundamental. El comienzo es muy importante, pues va a dar la tónica del trabajo, va a entusiasmar o a defraudar al lector (Cabrera, 2009: 21). Este puede tener múltiples clasificaciones, algunas como: anecdótico, contrastado y narrativo.

El cuerpo, que es el espacio sustancioso del texto, puede dividirse en bloques temáticos, escenas o seguir un orden cronológico. Mientras que los cierres permiten brindar una conclusión, incógnita, moraleja o proyección.

Si bien desde el inicio el periodista busca atrapar al lector, en estos dos últimos momentos debe hacer que este se sienta identificado con lo escrito, logre reconocer el estilo del autor y termine la lectura impactado por un cierre contundente que no de lugar a dudas e inste a la búsqueda profunda del tema tratado.

El reportaje debe reunir, como  género periodístico, los valores de actualidad, claridad y trascendencia social, pero, unido a su función de informar, tiene que interpretar los hechos, lo cual es factible hacer en cuatro fases claves: la preparación, la realización, el examen de datos y la redacción, siempre manteniendo la ética periodística (Web,2014).

Este conjunto de reglas sirve para, de alguna manera, organizar el trabajo, pero su aplicación es completamente relativa, debido a la oportunidad que ofrece de incorporar elementos creativos propios del periodista.

Con respecto a esa flexibilidad en los moldes de confección, la profesora española de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, María Jesús Casals Carro, en el artículo “La narrativa periodística o la retórica de la realidad construida”, afirma que la escritura de un reportaje periodístico es mucho más compleja que un conjunto de recetas y de normas deontológicas acerca de cómo construirlo.

En esa línea discursiva de Casals Carro, puede considerarse que en el periodismo, ningún género puede encasillarse en determinados métodos, porque así se perdería la esencia y la espontaneidad con que tratamos de escribir la historia para que el público disfrute cada día al leer un periódico. Nos convertiríamos en repetidores de consignas, que, dichas de manera fría, no mueven la conciencia de las personas, sino que llegan a cansar y ser rechazadas.

Luis Sexto, periodista del diario Juventud Rebelde, Premio Nacional de Periodismo José Martí y profesor de Periodismo de la Universidad de La Habana (UH), considera que “para proyectarse más allá de las normas, el reportaje tiene que pedir prestado a la literatura. Esta alianza sirve para que elimine sus límites y sea capaz de superar su alcance” (EP,2014).

“El periodista tiene que ser un personaje de la historia y utilizar sus vivencias como hilo conductor. Debe convertir al paisaje en un protagonista y armar un relato lleno de interés humano, donde quepan los diálogos y las descripciones, que enriquezcan el lenguaje. Eso es el reportaje: una historia en profundidad de un acontecimiento o de un personaje”, agrega.

La vida es lo que debe reflejar, con su colorido, dinamismo y múltiples detalles. Y hay que acercarse a esa fuente bullente y cambiante, beber en sus aguas, arrancarle los secretos (Cabrera, 2009:14).
Más allá de cómo estructuremos el reportaje, es necesario encontrar esos misterios escondidos de los que habla Luis Orlando Cabrera, para lograr darle vida a lo que antes parecían palabras inertes sobre una hoja blanca de papel.

Según el criterio de Sonia Pérez Sosa, periodista de la revista Verde Olivo y profesora de la Facultad de Comunicación de la UH, en el reportaje “se debe conjugar la creatividad del que escribe y la unión de los diversos géneros, de manera que la lectura sea más amena y deje entrever el factor humano que hay detrás de cada trabajo. Hay que hablar de las cosas más sencillas y comunes que a veces se nos van de la vista” (EP, 2014).

“En ocasiones, los textos impactan por el tema que tocan, pero en otras por la manera en que se cuentan, por eso el sentido humano del periodista tiene que prevalecer, pues los lectores son personas, y a la hora de sensibilizarlas hay que sentir realmente lo que quieres decir”, añade.

Existen muchos temas que, a primera vista, no son atrayentes para el redactor, sin embargo, cuando este investiga y conoce el contexto en que se enmarca, casi siempre descubre algo que lo motiva. Respecto a esto, Boris Ernesto González Abreu, también periodista de Verde Olivo, opina que lo primero y fundamental es sentirse interesado por la temática, lo segundo es encontrar ese detonante, ese punto de partida que quizás no sea la noticia en sí, pero que va a enganchar al lector, va a instarlo a que siga leyendo (EP,2014).

“Cualquier reportaje da la posibilidad de una historia de vida y el periodismo urge de esto, de ser menos técnicos. No basta solo  con anunciar el problema, es necesario buscar las aristas que afectan a la persona involucrada”, alega Enrique Valdés Machín, subdirector y periodista del semanario Tribuna de La Habana.

La libertad brindada por este género no puede desperdiciarse con textos de gran extensión que, luego de leerlos, no dejen en el receptor una huella. Si logramos conformar una historia que muestre la problemática desde la perspectiva humana, el lector se siente protagonista y se identifica con el hecho.

Se trata de impedir que el reportaje sea un informe plagado de cifras y estadísticas, sino que, más allá de las normas, plasme el retrato de una sociedad entera.

Bibliografía:

Angulo Corral, Jesús Manuel. Las fases de elaboración de un reportaje. En: Periodismo Bien Hecho. URL: http://periodismobienhecho.blogspot.com/2011/01.las-fases-de-elaboración-de-un.html. Consultado: 21-4-14.

Cabrera, Luis Orlando. Anatomía del reportaje. Pablo de la Torriente.  La Habana, Cuba. 2009.

Casals Carro, María Jesús.La narrativa periodística o la retórica de la realidad construida. En: La narrativa periodística o la retórica de la realidad construida. URL: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/emp.Numer-07/7-5-02-Inv/7-5-02.htm. Consultado: 10-4-14.

Gargurevich, Juan. Géneros periodísticos. Félix Varela. La Habana, Cuba.2006.

Ulibarri, Eduardo. Idea y vida del reportaje. Tomado de Editorial Trillas, México, 1994.

Periodistas consultados:

Boris Ernesto González  Abreu, periodista de la revista Verde Olivo.

Enrique Valdés Machín, subdirector y periodista del semanario Tribuna de La Habana.

Profesores consultados:

Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo José Martí y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Sonia Pérez Sosa, periodista de la  revista Verde Olivo y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

 



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