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JAPÓN EN CUBA

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LAYDIS SOLER MILANÉS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Los animados e historietas japoneses han llegado para quedarse. La preferencia por estas expresiones de arte es un fenómeno indetenible que traspasó las fronteras de su país de origen para convertirse en parte de la cultura global. Cuba no es diferente, desde los años 70 y 80 el objeto de fanatismo tiene cada vez más seguidores.

La juventud de la Isla utiliza el término manga para referirse indistintamente a los comics y audiovisuales nipones. En realidad, el manga es el equivalente a la revista, mientras el anime es el dibujo animado.

El género, como se conoce actualmente, surgió en 1950 con la obra del historietista japonés, Osamu Tezuca. Hasta entonces los relatos eran simples y cortos. El autor logró aumentar el número de adeptos tratando disímiles temas como la guerra, la vida estudiantil y la ciencia-ficción.

Desde niños hasta adultos pueden disfrutar del anime, pues desarrolla varias tipologías según el público al que está dedicado. Por ejemplo, la palabra shonen designa a los productos audiovisuales realizados para los adolescentes masculinos de 15 a 19 años de edad, cuyos objetos temáticos son de aventura y acción.

Impacto de la cultura japonesa en Cuba

En la década de los 70 comienzan a exhibirse en la Isla los primero largometrajes animados provenientes de Japón. Las historias que narran estos filmes son dinámicas, con personajes interesantes y bien diseñados.

El periodista Leonardo Gala Echemería en el artículo “Una breve historia sobre el maga y el anime en Cuba” para el número 73 de la revista Jiribilla del 2008, afirma que los nombrados por los niños como “muñequitos japoneses” fueron un soplo de aire fresco en medio de un panorama cultural que evitaba los productos audiovisuales del capitalismo, y se ganaron un lugar especial en la preferencia del público infantil.

Ya a principio de los 80 se exhibe Voltus V, una de las películas animadas más recordadas por varias generaciones. El relato del robot defensor de la Tierra ante la amenaza de un imperio alienígena, conquistó la imaginación de los infantes, adolescentes y jóvenes. Según Gala Echemería fue el primer anime convertido en objeto de culto en el país. Sus admiradores de la época atesoraban imágenes del robótico héroe de ficción e, incluso, dibujaban pequeñas historietas sobre él.

La televisión cubana tomó un papel fundamental en la difusión de nipoanimaciones con la misión de series como Pokémon, Ángel la niña de las flores y Yu-Gi-Oh!, además de los filmes La princesa Mononoke y El castillo errante de Howl, del reconocido director Hayao Miyasaki.

¿Otakus cubanos?

Un gran grupo de jóvenes cubanos, a pesar de que la mayoría no quieren referirse a sí mismos como otakus, subcultura fanática a todo lo relacionado con el anime y manga, siguen con frecuencia sus series japonesas preferidas y son conocedores del tema.

En las conversaciones, ya sea entre adolescentes o treintañeros, abundan los temas sobre nipoanimaciones, en especial las más seguidas a nivel internacional como One Piece, Naruto, Bleach y la reciente Fairy Tail. La primera cobró vida durante 1999 y todavía se transmite, es una de las más extensas de la historia. Generaciones de cubanos han visto y siguen estos episodios, por lo que ya forman parte de la cultura popular.

Con el surgimiento de las nuevas tecnologías, fundamentalmente Internet, los aficionados pueden ver sus animes predilectos casi después de que se transmitan en Japón. Mediante grupos de la red social Facebook también intercambian informaciones y discuten sus criterios.

Mario Masvidal Saavedra en De otakus y mangakas en el Caribe, artículo de la revista Jiribilla de noviembre del 2008, expresó: “Lo curioso de la presencia y el impacto del anime reside en el hecho de que la mayor circulación de esos animados hoy en día ocurre fuera del circuito oficial de los medios cubanos”. Un ejemplo de ello es la sección de manga del conocido “paquete” que se distribuye entre la población.

El periodista cita como evidencia de la promoción de la cultura japonesa, las declaraciones de Tsugata Nobuyuki, estudioso del anime, quien expresó en su visita del 2008 a La Habana y Pinar del Río, su perplejidad al encontrar, sobre todo jóvenes, conocedores cubanos del desarrollo de la industria audiovisual nipona.

En la actualidad, la población que admira el fenómeno japonés cuenta con variadas opciones para reunirse y divulgar sus ideas. Según el sitio web Proyecto Cultural para la Divulgación del Arte y la Literatura Fantástica (DiALFa), durante el mes de septiembre del presente año (2014) se iniciará el Primer Festival Nacional Otaku, donde los fanáticos podrán asistir a conferencias, participar en concursos de mangakas, realizadores de comic de tipo nipón, y desfiles de cosplays, personas que se disfrazan de sus personajes favoritos.

Esta expresión de arte de Japón está tan presente en nuestro país que ya existen trabajos de diploma de estudiantes universitarios que abordan con una perspectiva académica el estudio de los animes, como la tesis de Diana Saínz Camayd, de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, “Cine japonés de animación. Hayao Miyasaki: cuatro largometrajes”.

Jóvenes creadores de animación como Daniel Rivas y Antonio Nodarse utilizan la estética del manga para sus producciones. Mario Masvidal explica que muchos de ellos confiesan su adhesión por ese diseño y los que no, reconocen su importancia e incluso, lo estiman por encima del de Walt Disney Company, compañía estadounidense de medios de comunicación y entretenimiento.

El fenómeno cultural ha permitido el acercamiento del pueblo hacia la cultura de Japón, un país distante geográficamente de la Isla. Las generaciones de cubanos siempre rememoran los “muñes” que marcaron su infancia. Ahora el anime y manga cada día se consolidan más como parte artística del siglo XXI, aunque desaparezcan, situación que parece casi imposible, quedarán como recuerdo de esta época.



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