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LA RED INVISIBLE

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ANIA TERRERO TRINQUETE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación, 
Universidad de La Habana.

Con ciento setenta y dos minutos de duración y la clasificación de ciencia-ficción, “El atlas de las nubes”, filme dirigido por Tom Tykwer y los hermanos Washowski parecía, simplemente, otra propuesta de muchos efectos especiales sin sentido y pocos fundamentos. Sin embargo, tras observarlo con detenimiento, el espectador lo descubre, como mínimo, arriesgado, complejo e inspirador.

La película está basada en la novela homónima de David Mitchell. En ambas, seis conflictos aparentemente desconectados se entretejen en una compleja narración que recurre a saltos de tiempo, tal vez demasiado frecuentes, para construir una única línea central.

La historia de Adam Edwin, joven estadounidense que redescubre la esclavitud en 1849, se mezcla con los prejuicios que sufre Robert Frobisher, músico bisexual, mientras compone la obra de su vida en la Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial.  En 1973, la periodista Luisa Rey investiga supuestos fallos en un reactor nuclear de San Francisco y en el 2012, Timothy Cavendish, editor inglés, pasa por más de un avatar tras intentar estafar a un escritor mafioso.

Mientras tanto, Hae-Shoon, luchador rebelde, se enamora de la clon Sonmi en una Corea futurista y capitalista donde estas relaciones están prohibidas. Y en una Tierra pos-apocalíptica, dos pueblos –uno prácticamente en Comunidad Primitiva y otro que resguarda todos los avances tecnológicos del mundo- intentan sobrevivir.

A pesar de las enormes brechas temporales y espaciales entre una historia y otra, los personajes no son independientes. Las decisiones tomadas por cada uno afectan a los demás e, increíblemente, todo está conectado.

La cinta defiende la idea de que la vida en el planeta es el resultado de lo que otros han hecho antes y, por tanto, las acciones de cada persona influyen en aquellas que vendrán después. Para ello recurre a una serie de detalles perceptibles que relacionan las historias entre sí y utiliza a los mismos actores, con un maquillaje que casi no permite reconocerlos, para los seis conflictos.

Así, Tom Hanks, Halle Berry, Hugo Weaving, Jim Sturgess, Donna Bae y Susan Sarandon, entre otros, alternan papeles protagónicos y secundarios sugiriendo reencarnaciones constante en cada una de las épocas, como si cada personaje fuera una nueva versión del anterior.

Uno de los grandes logros de este filme es la forma en que se capturan los ambientes de cada momento. Los decorados, atrezzos, escenografías y vestuarios, junto a una muy buena caracterización de los intérpretes, permiten al público pasar de un tiempo a otro con relativa facilidad, aunque, la forma en que se estructuraron las historias dentro de la línea central fue varias veces criticada por ser excesivamente cargada y acelerada.

De los mismos directores de La Matrix y El Perfume, esta propuesta tiene varios puntos a su favor: una coherente actuación, efectos especiales que utilizan juegos de luces para identificar los distintos espacios temporales, dirección de renombre mundial y un argumento que rompe los esquemas de  narración lineal.

Sin embargo, la acogida entre el público internacional no fue la esperada. De cien millones de dólares invertidos en producción, solo recuperó veintisiete tras el estreno en los Estados Unidos y, paradójicamente, estuvo en las listas de las mejores y las peores películas del 2012. Aunque la crítica nunca se puso de acuerdo, estamos frente a una película compleja y atrevida, que apuesta por nuevos métodos de desarrollo de la trama y requiere de una observación consciente e inteligente, tal vez demasiado. Por ello, le fue difícil competir con el estilo consumista de algunas comedias románticas clásicas de Hollywood.

La cinta pone a pensar, y ese es probablemente su mayo mérito. ¿Cuál es el  papel del hombre en la Tierra? ¿Son el pasado y el futuro parte necesaria del presente? ¿A dónde lleva el actual estilo de vida? Tales preguntas se presentan indirectamente más de una vez y compiten con las grandes cuestiones filosóficas de la historia. En definitiva, el filme propone que todos somos parte de una gran red invisible y casi consigue convencernos.



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