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MI BARRIO

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AILÉN RIVERO HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Mi barrio es mi casa. Siempre que no tengo donde ir, él me está esperando, inmóvil, complaciente, como mi madre.

Cuando no tengo nada que hacer, me siento a observar la vida que se desenvuelve en su escenario, un escenario en el que yo también he sido un personaje toda mi vida.

Ahí están mis amigos de siempre, mi familia, la vecina que es como la abuela que no tengo siempre, mi primer amor, y gran parte de mi vida y de mi misma.

Parece que el tiempo no hubiera pasado cuando me veo en sus calles en fotos de hace cinco o diez anos atrás. El color de las casitas se ha tornado de rosados a amarillos como un camaleón que se pinta del color necesario para cada situación.

Adornadas de helechos las fachadas se han transformado como he crecido yo, tratando de seguir siendo siempre los mismos.

De niña, los chicos jugaban pelota en las calles mientras las chicas observaban cómo los jonrones destrozaban las ventanas de todos. El juego siempre terminaba en castigo para los “bandoleros” y alguna enemistad entre las madres defensoras ante los fatales vecinos afectados.

De adolescente, los chicos observaban entonces desde el punto de reunión de las tardes, la esquina. Como ahora, las chicas jugaban a conquistarlos en un juego más complicado que la pelota, que rompería corazones en vez de ventanas.

Yo también tuve una ventana rota, un corazón roto en la corta vida que he experimentado desde mi barrio. Mi calle es el teatro de gran parte de mis experiencias.

Me da miedo pensar en un día no volver a mi calle otra vez. O en no poder regresar cuando quiera a esconderme en su energía protectora. Quisiera, aunque me pierda, poder regresar siempre, para sentirme a salvo.

El barrio es un pedazo tan íntimo de tu vida, tan personal, que no eres el mismo si hubieras crecido en otro lugar. Mi calle, con sus baches, sus chismes, su música a veces impertinente, es mi lugar seguro, mi  refugio.



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