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LA GUAGUA VA EN REVERSA

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LAURA MERCEDES GIRALDEZ COLLERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Ya pasan las 10:30 de la noche y en la guagua el calor es insoportable.  La situación sería más tolerable si pudiera recostarme a dormir en el espaldar del asiento roto, pero la “tortura china” de la gotera que cae sobre la cabeza no me deja descansar. Afuera llueve y adentro también, aunque a las cucarachas que me corren por el brazo no parece importarles.  

Los ómnibus Yutong, de fabricación asiática, son los encargados desde el 2005 de llevar a cabo los viajes en el territorio nacional. Hoy día, la Terminal de La Habana cuenta con aproximadamente 50 vehículos para el traslado interprovincial, los cuales por la falta de presupuesto y las irregularidades en el mantenimiento no están condicionados para brindar un servicio de calidad a la población.

Entre las principales inconformidades de los viajeros se encuentran las numerosas paradas durante el trayecto con el fin de recoger personal sin pasaje que abarrota los pasillos, razón que habitualmente impide la llegada en hora a la estación final.

A ello se suman las cotidianas roturas en la carretera que retrasan la travesía debido a 10 años de explotación, y las extensas colas en la terminal nacional para la compra de los boletines, en las afueras de la instalación, bajo las inclemencias del tiempo. Sin embargo, la suciedad dentro de la guagua se debe al alejamiento del sentido de pertenencia de los conductores y pasajeros.

Respecto a estas deficiencias, Roberto Ricardo Marrero, director General de la Empresa de Ómnibus Nacionales (EON), explicó que algunos de los retos que presenta la entidad se refieren a la necesidad de reducir el costo del kilómetro recorrido por cada ómnibus e incrementar las transportaciones de pasajeros en el actual parque de vehículos y las mismas rutas, aumentado el índice de asientos ocupados de cada guagua. 

Ricardo Moreno explicó al periódico Granma que la institución  está obligada a eliminar gradualmente los factores que afectan en estos momentos la calidad de los servicios, “asociados mayormente a indisciplinas de los trabajadores y que se materializan en cargas ilícitas, cobro del pasaje a sobreprecio, paradas indebidas y maltrato al cliente”.

“Para cumplir estos retos, la empresa trabajará para que todo su parque automotor circule con el sistema GPS. Este mecanismo, implementado ya en el 50% de los ómnibus, contribuye a controlar los excesos de velocidad de los choferes, las paradas innecesarias y los desvíos de ruta”, apuntó el directivo.

Entonces, al cubano cansado de pasear  por la capital, visitar a la familia, ir al médico, estudiar, y que no pudo alcanzar pasaje para su provincia no le queda más remedio que obtenerlo “por la izquierda” mediante revendedores o acudir a los camiones y máquinas particulares, ambos a precios elevados.

Si la “visión de esta organización transportista es proporcionar puntualidad, seguridad, confort y servicios que satisfagan a la población”, ¿por qué los precios de los pasajes no coinciden con las condiciones reales de estos viajes que se convierten en toda una odisea interprovincial?   



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