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ALMA Y VOCACIÓN DE MUJER CONSAGRADA

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María Luisa Dolz y Arango se destaca en la historia nacional como pionera en la aplicación de los métodos pedagógicos más avanzados de su época.

MARIANA BRUGUERAS MÁS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 

Al hablar de pedagogía cubana, es imposible dejar de mencionar a María Luisa Dolz, educadora cuyos métodos de enseñanza, además de cambiar el sistema de aprendizaje de la Isla, otorgó a las mujeres el respeto y valor merecidos en un momento en el cual no tenían voz ni voto respecto a su propio futuro.

A disposición de aquellas que pensaban que solo habían nacido con el propósito de ser buenas hijas,  hermanas, esposas y madres, puso las herramientas para la superación y el crecimiento intelectual, emocional y profesional. Al decir del coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades, Julio César González Pagés, es “la cubana que más aportes dio al campo femenino en el siglo XIX”.

Dania de la Cruz, investigadora del Archivo Nacional de Cuba, en su libro María Luisa Dolz, documentos para el estudio de su labor pedagógica y social, relata que a partir de las exigencias de la enseñanza moderna, esta cubana se propuso eliminar las trabas del sistema de aprendizaje e introducir el razonamiento como método eficaz del pensamiento humano.

Anticipó la aplicación de lo que hoy se conoce como educación integral y, a casi 90 de su muerte, es considerada una de las grandes pedagogas de su época, a pesar de que sus aportes a la educación cubana quedan hoy solo en la memoria de investigadores y estudiosos. El puertorriqueño historiador de arte y ensayista, Doctor Alfredo M. Aguayo, en su ensayo María Luisa Dolz, educadora de la mujer cubana, señaló: "Ella comprendió que la causa de la educación y la emancipación de la mujer eran términos inseparables”.

Paradigma

Nacida en el municipio capitalino de Marianao en 1854, fue bautizada como María Luisa Francisca por sus padres, el abogado Juan Norberto Dolz y María de la Luz Arango. Su posición económica le permitió asistir a las mejores escuelas de la época: Nuestra Señora de los Ángeles y el Sagrado Corazón, ambas ubicadas en el barrio del Cerro. En su hogar completó los estudios básicos con el apoyo de profesores de literatura, ciencias, música e idiomas.

Desde pequeña reveló su vocación de profesora e impartía clases a sus hermanas menores. Ya en 1876  alcanzó el título de Maestra de Enseñanza Elemental, y al año siguiente el de Maestra de Instrucción Primaria Superior. En 1879, fundó el colegio que llevaba su propio nombre, el cual constituyó el primero de Segunda Enseñanza para mujeres instalado en el país, lo que repercutió de forma favorable para la entrada de féminas a la Universidad.

Sus aspiraciones y carácter le permitieron romper las tradiciones y prejuicios que impedían a la mujer elevar su nivel de instrucción. Estudió y se graduó de Licenciada en Ciencias Físico-Naturales en 1890. Junto a Laura Martínez de Carvajal, Mercedes Riba, Francisca Rojas, Digna América del Sol, María de la Asunción Menéndez, Adela Farafa, María de Jesús Pimentel y Mercedes Silvén, fue de las primeras cubanas en graduarse en la Universidad de La Habana.

“Es muy triste que su historia no se cuente junto a la de los más grandes: Martí, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Enrique José Varona… Ella es apenas conocida en el gremio pedagógico. Como pionera en varias aristas de la educación, debe ser recordada con el mayor respeto”, aseguró la profesora del Instituto Pedagógico Enrique José Varona, Licenciada en Historia, Lázara Guzmán.

Visionaria intransigente

Viajó tanto por América del Norte como Europa, donde visitó centros escolares de todo tipo, museos académicos, talleres de personas discapacitadas; presenció clases y observó la aplicación de diferentes métodos de aprendizaje. Además, su interés por cambiar la ideología imperante, la llevó a publicar numerosos artículos en periódicos y revistas nacionales como El Fígaro, Patria, Cuba Pedagógica, Cultura y el Diario de la Marina.

“Su vida es un ejemplo, no sólo de fidelidad a una vocación, sino también de autoformación conscientemente dirigida. Se hallaba imbuida de los principios del feminismo. Quiere esto decir que, de no haber poseído en tan alta medida ese altruismo, que no se satisface sino con la entrega de sí mismo en aras de un ideal de bondad y perfección, se habría conformado con realizar su propia personalidad, gozando libremente de su situación privilegiada de mujer culta, prestigiosa y de economía independiente”, apuntó en 1954 la intelectual cubana Vicentina Antuña, al conmemorase el centenario del nacimiento de la Dolz.

Muy pocos, como ella, poseían en la Isla información tan abundante y actualizada sobre aspectos de la cultura referidos a los problemas de la educación. Abrió pautas para la formación de las cubanas, con la introducción de prácticas pedagógicas y disciplinas que no eran habituales en las escuelas femeninas.

En la Escuela Pedagógica Presidente Salvador Allende, un muestreo reflejó que ninguno de los jóvenes sabe quién fue María Luisa Dolz. Un alumno, David Moratón, de 18 años, declaró que “la estudiamos en primer año, pero por arribita. No le concedemos mucha importancia a estas figuras”.

“La Dolz fue moderna, no transgresora. Aplicó nuevas teorías y metodologías al sistema educacional de la época en que vivió. Le sobraba valentía. Reconoció a la mujer y la motivó a superarse y ser más que simplemente una señora del hogar. A pesar de ser cristiana, separó la enseñanza de la religión, y optó por un sistema escolar neutro. Defendió los tribunales especiales para niños delincuentes y abogó por la igualdad de los derechos del hombre y la mujer. Estudiar su vida en las escuelas y considerarla, como a otros, una heroína, es necesario”, indicó la destacada intelectual cubana María del Carmen Barcia, Doctora en Ciencias Históricas y catedrática de la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz. 

Innovadora para su época

Fue la primera en introducir la educación física en un colegio cubano de niñas y en establecer los estudios de Segunda Enseñanza para las jóvenes. También desarrolló el plan de estudio de su academia en inglés y español. Las obligadas asignaturas dogmáticas, como Doctrina Cristiana e Historia Sagrada, las combinó con otras de carácter científico y contemporáneo. En la escuela estaban incluidas dos horas semanales de solfeo y cinco de trabajo manual, que comprendía bordado, costura, confección de flores y dibujo natural.

Margarita Portilla, trabajadora del centro de documentación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), relata que poco conoce de su vida. El nombre le es familiar por los archivos que organiza. “Deberían difundir su obra en los medios de información y promover libros sobre ella”, expuso.

Su institución se nutrió de los mejores catedráticos de la época. Era un profesorado muy bien seleccionado, cuyas figuras avanzadas en el pensamiento y el arte le dieron prestigio. Se destacaban, por ejemplo, Enrique José Varona, Carlos de la Torre, Rafael Montoro, la poetisa y escritora Mercedes Matamoros, y Adriana Bellini, reconocida en el mundo literario y artístico.

A nivel nacional, el colegio alcanzó enorme popularidad. Era famoso por el claustro, las innovaciones y una sólida preparación que ofrecía a las pupilas. Dolz se propuso formar mujeres de acción, sanas y preparadas. Contaba con un museo de historia natural y una biblioteca. Concedía anualmente 12 becas por ocho años a niñas de bajos recursos, siempre que su conducta y aprovechamiento fueran satisfactorios.

El libro En busca de un espacio: Historia de mujeres en Cuba, del historiador y profesor González Pagés, revela que, por la categoría que alcanzó la escuela donde desarrolló su larga y gran obra, se supone que un importante sector masculino comenzó a cambiar su criterio en cuanto al tipo de enseñanza que debían recibir las mujeres. En periódicos como El Almendares, en 1881, llegó a afirmarse que “la mujer atraviesa un período de verdadera evolución”.

Además de bachilleres, fueron preparadas muchas aspirantes al magisterio, que luego ocuparon con éxito aulas, cátedras y direcciones de escuelas. Más de 3 000 alumnas alcanzaron prestigio como doctoras en Pedagogía, Cirugía Dental y Farmacia. En su discurso Feminismo, injusticia de los códigos, señaló que “no debemos contentarnos con enseñar a la mujer sus deberes (….); es necesario también que le demos a conocer sus derechos y que la impulsemos a defenderlos con noble orgullo cuando la ocasión lo requiera”.

Retazos de María Luisa

Para la periodista y directora de la revista Mujeres, Isabel Moya, su olvido se inscribe en cierto desconocimiento de los logros de la mujer a la construcción de la nación. “La historia se cuenta desde una mirada androcéntrica de los grandes hombres que conformaron el país. Los jóvenes aprenden que la revolución solo se alcanzó gracias a las luchas sociales, pero son varios los aspectos que forman un país: costumbres, cultura... Una causa esencial por la cual son opacadas ciertas figuras, es que la historia todavía se narra desde los metarrelatos, y eso excluye lo que no sea considerado político”, dijo.

En la segunda mitad del siglo XIX se crearon en La Habana otras escuelas similares, cuya docencia la integraban egresadas del Colegio María Luisa Dolz. A los 46 años de fundado su colegio y con 69 años de edad, se retiró. Dejaba la continuación de su obra en manos de María Dolores Guerra, quien había ganado experiencia junto a ella. En 1924, en el anfiteatro de la Academia de Ciencias, la intelectualidad cubana le rindió homenaje por su valiosa labor. Cuatro años después murió, satisfecha de su obra, quien fuera una de las mayores promotoras de la igualdad y el saber en nuestro país.

Todavía ahora, más de un siglo después, la renovadora, creadora y adelantada pedagoga feminista, transformadora de mentes y sistemas, continúa invisibilizada en la sociedad cubana actual. Como fantasma, su ideario y contribuciones son rescatados desde libros y archivos empolvados, recopilaciones y escritos de investigadores. Claman por salir al siglo XX y darse a conocer por las cubanas que hoy le deben tanto a la magnífica mujer que fue María Luisa Dolz.

Pie de foto: María Luisa Dolz y Arango, promotora de la educación de la mujer cubana.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo entrada: Comentada.
Tipo de cuerpo: Cronológico.
Tipo de transiciones: Por subtítulos.
Tipo de cierre: De conclusión o resumen.

Tema: El desconocimiento que existe entre la población cubana sobre la obra de María Luisa Dolz y Arango.

Situación problémica: Demostrar que los aportes y obras de María Luisa Dolz permanecen desconocidas para la población cubana, a pesar de haber tributado importantes cambios en la situación educativa de la época.

Objetivos colaterales: Destacar la importancia de las obras y contribuciones de María Luisa Dolz a la enseñanza cubana. Dar a conocer parte de la vida de la avanzada pedagoga. Mostrar la opinión de varias personalidades intelectuales y de profesores acerca de su obra para que las personas se interesen por la mujer que fue María Luisa Dolz.

Estrategia de fuentes:

Documentales:

Alfredo M. Aguayo. Tres grandes educadores cubanos. La Habana, Cultural, 1937.
Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones. Fuera de caja 68, folio 96.

Dania de la Cruz. María Luisa Dolz, documentos para el estudio de su labor pedagógica y social. 1990.

Julio César González Pagés. En busca de un espacio: Historia de mujeres en Cuba. 2005.

María Luisa Dolz. Discurso Feminismo, injusticia de los Códigos, pronunciado el 20 de diciembre de 1894.

Periódico El Almendares. La Habana, 26 de mayo, 1881, pág. 3.

Vicentina Antuña. Conferencia pronunciada en el Lyceum, el 23 de noviembre de 1954, en la Conmemoración del centenario del nacimiento de María Luisa Dolz.

Directas. Tipo de fuente. Tipo de juicio que emite:

Julio César González Pagés, coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades, historiador y profesor de la Facultad de Historia, Filosofía y Sociología, de la Universidad de La Habana. Es una fuente: especialista. Emite un juicio de valor.

María del Carmen Barcia, historiadora y destacada intelectual cubana, distinguida con el Premio Nacional de Ciencias Sociales en 2003 y el Premio Nacional de Historia en 2005. Doctora en Ciencias Históricas y catedrática de la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz. Es una fuente: especialista. Emite un juicio de valor y analítico.

Isabel Moya, periodista, directora de la Revista Mujeres. Es una fuente: especialista. Emite un juicio de valor.

Lázara Guzmán, profesora del Instituto Pedagógico Enrique José Varona y Licenciada en Historia. Es una fuente: implicada. Emite un juicio de valor.

Margarita Portilla, trabajadora en el Centro de Estudios de la Mujer (CEM), de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Es una fuente: testigo. Emite un juicio de valor.

David Moratón Vargas, alumno de 18 años de la Escuela Pedagógica Presidente Salvador Allende. Es una fuente: secundaria. Emite un juicio de valor.

Soportes:

Hecho: María Luisa Dolz no es conocida por la población cubana.

Antecedentes: A pesar de que en su época María Luisa Dolz fue una destacada pedagoga e iniciadora del feminismo social, su obra no se rescata.

Contexto: La vida y obra de María Luisa Dolz y Arango ha quedado en el olvido. En ciertos institutos, como el instituto formador de maestros, Escuela Pedagógica Presidente Salvador Allende, se menciona su contribución a la educación cubana en primer año. En la Federación de Mujeres Cubanas, existe un pequeño archivo que contiene una bibliografía.

Situaciones colaterales que también pudieran incidir: Que las personas no se sientan motivadas a estudiar esta personalidad porque no se le da a conocer en las escuelas, en los medios de difusión y en otras instituciones. La falta de realización de actividades y programas que contribuyan con su promoción.



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