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“SOBREVIVIMOS TODOS”

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ARIEL PAZOS ORTIZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Salimos “en caravana” –como alguien dijo entonces-, y a los pocos minutos empezó a pasar lo clásico en esos casos: la competencia entre una y otra.

“Uhh… Uhh. ¡Dale, métele! ¡Acelera!” Cuando la motoneta en que íbamos nosotros quedó atrás, dije que debíamos cambiar para la senda contraria, acelerar y colocarnos delante de ellos. (Habíamos visto la última parte de Rápido y furioso cuando íbamos en la guagua hacia Santa Clara.

-¡Oye! ¿Tú eres loco? A ver si chocamos y nos matamos, reaccionó Daulys Acosta.
Por la carretera de Camajuaní, cuando entramos a la ciudad, Ania Terrero escribía desde la otra motoneta un sms a su madre. “Todo está bien…”, y enseguida recibió de ella: “Te adoro”.

¡Buf! ¡Paff! Cuando buscamos la causa de los estruendos y vimos que unos metros más adelante se arrastraba una motoneta. Esteban, profesor de Ciencias de la Información, se tiró de la nuestra cuando empezaba a frenar y cayó revolcado en la calle. Rápidamente fui tras él y tampoco logré caer de pie.

Corrimos hasta ellos. Tras nosotros se lanzó Daulys, que también rodó por el piso, luego Gabriel García, y ya con el vehículo detenido descendieron Talía Ramos, Liz Armas, Masiel Hernández y Rocío Baró. Cuando alcanzamos la motoneta accidentada, Armando Franco, presidente de la FEU de nuestra Facultad, sin rasguño alguno, ya había salido, pero Duany Hernández, profesor de la carrera de Periodismo en Santa Clara, estaba enredado dentro, con parte de la espalda quemada por fricción, al igual que Eduardo Herrera, a quien le brotaba sangre de alguna parte de la cabeza.

Darío Alemán, con parte de un brazo en carne viva, buscó, en primera reacción, a Zulema Samuel, su novia, quien, con golpes en la cadera, no lograba enderezarse y salir del sitio.  

Mientras, el motor se había incendiado y del tanque escapaba combustible, por lo que advertimos la posibilidad de explosión. Ania estaba levantada, pero con golpes en la cabeza y extremadamente nerviosa. Eduardo, ante la inminencia del accidente, con una de sus manos la sujetó y con la otra intentó agarrar alguna baranda, pero no lo logró y recibió el impacto en su ceja izquierda.

Armando organizó rápidamente el auxilio a los heridos por orden de gravedad. En un carro que se detuvo montó a Eduardo y a Darío y los mandó para el hospital provincial con Daulys, Esteban y Rocío. Después paró un carro y en él se montó con Zulema, Ania y Talía. Duany propuso al resto dirigirnos al Partido provincial, en la otra cuadra, y allí conseguimos ayuda de un funcionario que nos trasladó hasta el hospital.

El chofer de la motoneta que se accidentó, había cambiado de senda cuando intentó pasar entre dos coches de caballo: rozó con uno de ellos, se explotó una goma, perdió el equilibrio y cayó sobre su lado izquierdo: una terrible experiencia, pero sobrevivimos todos.



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